LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

jueves, 13 de febrero de 2014

REVISITANDO A LOS COVERLAND EN EL MOOM57 07-02-2014

foto propiedad de FATA MORGANA
 
 Ya. Ustedes dirán que me he vuelto medio tolai para ir a ver a los mismos tíos por segunda vez en una semana. Yo lo considero una oportunidad única, teniendo en cuenta que el escenario era completamente distinto. Como señalé en la reseña anterior, el Tribeca, si bien se presta al rollito familiar, no es el lugar más indicado para una banda de rock dado lo exiguo de su escenario que, entre otras cosas, obligaba al batería Bruno Couceiro a situarse en segunda línea de playa y no poder mostrar su talento en todo su esplendor. Y, además, los músicos no son máquinas, son personas, y no hay dos conciertos iguales aunque sí lo sea el repertorio. El Moom57 ofrece un escenario mucho más agradecido a priori: tarima, juego de luces, expansión del sonido, monitores para la banda, etc. A cambio, es un macro bar pijo de múltiples ambientes donde te soplan por un gin tonic con tantas caralladas dentro como el  sombrero de Carmen Miranda la friolera de 7 leuros, tiene gorilón con pinganillo en la puerta y camareras de piernas interminables cubiertas con exiguas minifaldas o shorts que te miran así como en plan perdonavidas. El local es una pesadilla llena de recovecos laberínticos. Me perdí tres veces esa noche, y no, no fue por la bebida. Entre la oscuridad del local, que se presta más a darse el lote en el sofá que a otra cosa, las nosecuántas puertas que tiene, los cortinones, las cintas prohibiendo el paso y yo que no llevaba gafas, llegó un momento que me pareció que estaba en el Ikea con las luces apagadas. Pero bueno, yo había ido allí a ver a los Coverland y no a hacer senderismo. Y como había poco público, pues pude expandirme como el universo y fijarme en un montón de detalles que la vez anterior se me habían pasado por alto. Lo del poco público no me extraña, la noche era todavía más perruna que la anterior (enésima ciclogénesis, esta vez de nombre Ruth). En el local, todo acristalado para convertirlo en terraza en verano, hacía frío y llovía tanto que el agua empezó a filtrarse por las juntas de las cristaleras de la pared y el techo, formando un río en el suelo y haciendo llover sobre mi cabeza y sobre la del batería Bruno, que no cesaba de mirar hacia arriba con gesto de lógica preocupación.
Empezó el concierto y ya pude observar que Celso había cambiado la Fender del anterior por una Gibson que me hizo castañetear la piñata tanto como el frío reinante y despertó en mí unos deseos cleptómanos que no sabía que tenía. Tengo la peregrina idea de que con una guitarra así es imposible tocar mal, en fin... y llegó la primera agradable sorpresa para mis oídos: la linea de bajo en "Eleanor Rigby" que no había tenido oportunidad de escuchar la vez anterior porque estaba situada al otro lado. No fue la única oportunidad de lucirse que tuvo el bajista Ale Cambón esa noche: me entusiasmó en el "I feel good" de James Brown. El repertorio fue avanzando, Celso cogió la Telecaster para empezar el popurri de los Rolling y hubo un pequeño totum revolutum al comenzar "Satisfaction". Cosas del directo.
La revelación de la noche para mí fue el batería Bruno Couceiro. No es bueno, es cojonudo. Quizá pelín preciosista en algunos momentos, demasiado redoble, pero excelente y entregado a pesar de que tenía la tortura china de la gotera sobre su cabeza. También me gustó más esta vez el cantante Roy Phillips, que se cortó en algún tema en el que creo que podría haber subido más el tono. Ambas cosas me hicieron pensar en lo genial que les quedaría a los dos, batería y cantante, un tema o dos de Led Zeppelin en el repertorio. Esos parches están pidiendo un contrarritmo contundente a gritos, chicos. Vamos, que yo en mi cabeza ya estaba escuchando su versión de "Who lotta love", palabritadelniñojesús, con Bruno remedando a mi amado Bonzo y Roy botando peito en plan mi todavía más adorado Plant. Pobre Roy, empeñado él en que el tímido púbico se acercase más al escenario. En cualquier caso, se metieron al respetable en el bolsillo aunque no diésemos señales de histerismo groupie: todos coreamos las canciones y estuvimos atentos a la actuación. Y la media de edad no bajaba de los cuarenta, y ya nos empiezan a dar vergüencilla las muestras públicas de entusiasmo, lo cual no quiere decir que no lo sintamos. Creo que el momento delirante se produjo con el "Baba O'Riley" de los Who, la cual, como solemos decir por estos lares, tienen "mallada".
Por poder escuchar, también tuve oportunidad de fijarme en temas donde Celso doblaba la voz de Roy y en los cambios introducidos de su cosecha en algunos solos de guitarra (eso me gusta, todo lo que se salga de la regla me encanta), como sucedió en "Come together". Por cierto, Celso toca con Marlango el día 22 en Santiago, si desean verlo en otro contexto. La verdad es que se gasta el hombre una tecnología puntera de lo más molona, no hay más que ver el juego de pedales que tiene a sus pies.
En fin, que a pesar del frío, las goteras, el laberinto, las multifrutas del gin tonic, los baños camuflados y un sinfín de naderías que no citaré, me mereció la pena ir aunque sólo fuera para hacer el análisis comparativo que les acabo de exponer. Y que siempre es agradable escuchar buena música en directo, qué carallo. Ahora a los Coverland sólo les falta hacer como los Rolling y tener un repertorio distinto para cada tipo de escenario. Mejor que no haga más sugerencias y me calle la boca...

CONCIERTO DE COVERLAND EN EL TRIBECA 2.0. 31-01-2014

foto cortesía de RUBÉN NOVO
 
COVERLAND:
Celso Madriñán: guitarra. Roy Phillips: voz. Bruno Couceiro: Batería. Ale Cambón: bajo.
PLAYLIST:
Eleanor Rigby
Cocaine
Ziggy Stardust
Born to be wild
Popurri de Hendrix
Popurri de los Rolling
You really got me
Keep on rocking in the free world
Come together
Drive my car
Two princes
Hard to handle
Always on the run
Superstition
You got me
Baba O'Riley
Popurri de Queen
Viernes y fin de mes. Una noche de perros, con toda La Coruña azotada por la enésima ciclogénesis explosiva, que es como se le llama ahora en lenguaje molón a los temporales de toda la vida, mira tú. Pasar el Rubicón del Orzán (por los soportales, of course) una pesadilla digna de figurar en el programa aquél de "Al filo de lo imposible", en fin, un horror. Y yo que decido abandonar la calidez del hogar para ir a ver al grupo de rock coruñés Coverland, del que no tenía noticia, o más bien, creia que no la tenía, porque realmente ya los había entrevisto hace cuatro meses atrás en el Moom. Digo entrevisto porque estaba con una peña en plan tertulia y no me pude acercar a verlos y me quedé con las ganas.
Actuaban los Coverland en el Tribeca 2.0, en el Orzán, que si bien no es el mejor local del mundo mundial para una concierto de rock, dado que es largo y angosto, sí se presta para un ambiente así como de rollito familiar y cercano, en plan paz y amor y el plus pal salón y fijarse en un montón de detalles que en otro lugar pasarían inadvertidos. Así que me aposenté a un metro de su guitarrista, Celso Madriñán, que también lo es del grupo Marlango, por cierto, dispuesta a no perderme una nota.
En cuanto arrancaron los primeros compases de Eleanor Rigby me di cuenta que eran los mismos a los que me había quedado sin ver en el Moom. Los Coverland hacen versiones de clásicos del rock, bien elegidas, de forma impecable y estupendamente adaptadas. Funcionan como una máquina bien engrasada. Los temas están adecuadamente seleccionados para la voz de Roy Phillips, que aguantó casi dos horas de concierto sin despeinarse dando el callo. Un poco de todo en la antología: Beatles, Rolling, The Who, Bowie, los Kinks... gente más reciente como Lenny Kravitz o Spin Doctors y otros ya no tan rockeros como Stevie Wonder u Otis Redding. Un repertorio muy ecléctico, en resumen. Olé por atreverse (y resolver felizmente) con un tema tan poco rockero como Eleanor Rigby, por cierto.
Me andaba a mí en la cabeza cómo iba a resolver la banda el asunto de reducir a una sola guitarra una porción de temas que originalmente se hace con dos, así que no le quité el ojo de encima a la Fender de Madriñán, más que nada por envidia insana, todo hay que decirlo. No se echó de menos en absoluto un segundo guitarrista: Ale Cambón cubría perfectemente con su bajo de cinco cuerdas mientras Celso hacía ambas partes, la rítmica y los solos, sin mayores complicaciones, usando un sencillo pero efectivo transporte de acordes en la primera y volando por el mástil en las segundas. Aparte de la guitarra, también le envidié las manos, qué solos más buenos. Me gustó especialmente la versión de Cocaine. A medio concierto cambió a la Telecaster, enseguida supe por qué, necesitaba la afinación en sol abierto para los temas de los Rolling. Excelente idea la de los popurris para calentar al público sin llegar a cansarlo. Y, desgraciadamente, casi acabando el concierto se le rompió una cuerda, lo que lo obligó a cambiar nuevamente de guitarra sin mayores problemas. Hicieron un bis con un público ya totalmente entregado (le costó un poco arrancar, supongo que por la cercanía del grupo, estaban a un metro de la gente y a la misma altura) y terminaron, dejándonos con ganas de más. No se preocupen, se comenta que volverán a actuar en el Tribeca en Carnavales y yo desde luego no me lo pienso perder.
En fin, que mereció la pena mandar mis barcos a luchar contra los elementos, como decía el otro. Mientras espero su próxima actuación, iré echándole un vistazo a lo que se cuece en el panorama coruñés. Cada vez me gusta más ir a ver a las bandas locales, ya que los elefantes sagrados del rock no se dejan caer demasiado por estos lares. Y con el nivel que empieza a haber y la oferta de locales, me temo que sus satánicas majestades van a tener que esperar por mí...

miércoles, 11 de diciembre de 2013

PROHIBIDO PROHIBIR: FRANQUISMO 2.0


www.eljuglardelalibertad.blogspot.com
Créanme que me están entrando ganas de escribir el título de esta entrada como los niños pequeños de mi época, es decir, con uve y sin hache, o como lo harán los adultos que estudien bajo la ley Wert (pronunciar como un balido de oveja, please). Lo digo porque los niños, esas inocentes criaturas, creen, desde sus bondadosos e ingenuos corazones, que diciendo tal cosa la prohibición nunca se llevará a la práctica. ¡Animaliños míos, qué equivocados están!
Me refiero por supuesto al nuevo regalo que nos tiene preparado el gobierno, una ley de  ciudadanía o de nosequé cojones de pato mediante la cual el guardia de la porra (que ahora dan solfa que te cagas a la mínima) puede multarte por flagrante delito sin leerte tus derechos (lógico, no los tienes) ni juicio previo ni hostias en vinagre y cuyo borrador se va filtrando insidiosamente día a día, como la tortura china de la gota, en las redes sociales por aquello de que nos tenemos que ir acostumbrando. Por ejemplo: el madero te puede empapelar por practicar deporte (no te dicen cuál) en una zona habilitada para ello (tampoco te lo dicen). Y la última perla del Caribe de la que me he enterado y que me ha helado en las venas mi sangre del grupo AB negativo (lo digo a ver si me espían, se creen que soy vasca y me destierran de una puta vez de esta mierda de país de pandereta) es que va a salir una ley que prohíbe ir chuzas por la calle. Como lo leen, oigan. ¿Decían que el franquismo ha vuelto? Nooooo, al lado de esto la dictadura de Franco era una democracia, por lo menos un honrado ciudadano podía tajarse a gusto e ir haciendo eses como si no le llegara la calle tranquilamente.
¿Pero a qué extremos vamos a llegar? ¿Cuánto va a aguantar la sufrida población (la que no los votó, los otros que se jodan) hasta explotar como un petardo de feria? Porque, señores míos, esto me temo que sólo es la punta del iceberg. Cuando salió elegido el de las barbas del profeta les juro por las suelas de mis Loboutin que jamás pensé que la cosa se desmadrara de semejante manera. Supuse que nos iban a apretar un poco las clavijas, sí. ¿Pero esto? Y como yo tengo mucha imaginación, se me ha dado por pensar en todo lo que pueden prohibir y multar a partir de ahora, verbigracia: tirar pedos, usar tanga, que las mujeres usen pantalones, que los hombres usen pantalones cortos (eso lo aplaudo), llevar barba, usar anticonceptivos, follar en otra posición que no sea el misionero, sacar a los discapacitados a la calle, que hace feo, no saberse el "cara al sol" ni la lista de los reyes godos, en fin... ¿quieren que siga?
Éramos la democracia más envidiada del planeta, ÉRAMOS, digo. Con lo que costó ganarse los derechos y libertades. Los que vivimos la época de la transición sufrimos el pasarse al otro lado y el desfase de "hago lo que me da la gana porque puedo", años en que las calles eran ciudad sin ley llena de gentuza que te daba el palo, el tirón desde una moto y/o te tocaba las tetas sin venir a cuento y sin que nadie moviera un dedo. Lo sufríamos porque, en el fondo, sabíamos que con el tiempo las cosas se calmarían y esto dejaría de ser una inmensa pastelería rodeada de hambrientos y todo se relajaría cuando la gente se acostumbrase a la recién estrenada libertad. Y mientras esto empieza a tener espeluznantes concomitancias con el III Reich, un montón de tiñalpas, porque no tienen otro nombre, asesinos, violadores, terroristas y gente de la peor calaña condenada a chorrecientos mil años de cárcel sale por nosequé de la puta doctrina Parot, que no sé de qué va ni maldita si me importa, que para eso sí que hay que ser muy europeo, muy democrático y muy comprensivo. Insisto: Mi no comprender, y además no quiero comprender, que ya soy mayor y me he ganado el derecho a disfrutar de mis libertades. Y con la poca que me queda digo que al señor Rajoy y a toda su pandilla basura les pueden ir dando pomada por lo que a mí respecta.
Ah, por cierto. No tengo unos Loboutin, por supuesto. Con lo que me paga el gobierno de la piel de toro no me da ni para los de imitación de los chinos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

LONDON CALLING III: HAY UN GALLEGO EN LA LUNA

Bici amarilla en Portobello para alegrar un día gris.
Casi todas las fotos son propiedad de Fata Morgana
Poco dura la alegría en la casa del pobre, y menos del pobre inglés: el jueves amaneció lloviendo, ya tocaba, los dos días anteriores habían sido radiantes. Afortunadamente, en Londres hay dos cosas interesantes que hacer cuando el tiempo no acompaña: ir de museos y/o ir de compras. Como a lo primero ya habíamos dicho que nopi, pues nos decidimos por lo segundo con mucha moderación por aquello de la minimaleta con la que Mierdaryanair te obliga a viajar. Aprovechando que habíamos quedado con nuestro amigo Gelucho para tomar unas paints en Portobello, decidimos ir andando hasta allí desde el hotel, pues queda casi a tiro de piedra. Resultó bastante agradable no dirigirnos como autómatas a la boca de metro de Queensway al acabar de desayunar, como hacíamos todos los días. Mi marido aprovechó para ir a correr por Hyde Park y yo tendría que haber hecho lo mismo, pero me dolían las patas de las caminatas de los días anteriores. Nota mental: no seguir engañándome a mí misma y no volver a llevar ropa de running en la maleta ¿o sí? Salimos del hotel y nos encontramos con tremendo follón montado en la calle, con cámaras, extras y de todo. Después nos enteramos de que estaban rodando un episodio de la nueva temporada de la serie "Sherlock". Una pena, nos habría gustado salir.

Para mí la quería, la casiña


Total, que tras un agradable paseo de media hora llegamos a Notting Hill dispuestos a hacerle un peinado exhaustivo. Es un barrio encantador y pintoresco. El domingo empezaba su carnaval, pero a nosotros ya no nos iba a pillar allí, lástima. Si se están preguntando si fuimos a la librería de la peli de Hugh Grant a hacernos la foto, la respuesta es ene o, no. A cambio me hice una en una tienda de máquinas de coser de segunda mano, que tiene mucha más gracia.

¿Pero qué ha sido de la cup of tea de toda la vida?





Así cosía, así, así



vivamos como galegos, que malo será...
Aparecieron los gallegos y con ellos el primer rayo de sol. Hicimos día español: nos sentamos a la una de la tarde y nos levantamos de la mesa a las seis, hablando de lo divino y lo humano. No todo fueron paints, claro, también fuimos a comer a un restaurante italiano de Portobello regentado por un gallego. Nos pusimos las botas. El que hubiera escampado y la tarde, que se presta más para pasear, abarrotó la calle, así que nos fuimos al hotel a descansar un poco y a prepararnos para la noche canallesca, ya que yo me había hecho con unas cuantas direcciones de antros de rock and roll en el Soho. Para ello nos bajamos en la parada de metro de Tottenham Court Road y de ahí nos dirigimos al primer antrazo, que no estaba en la lista, pero imposible obviar la música de Metallica a toda caña. Eso fue lo más suave que escuchamos allí. El local (enorme, por cierto, con dos pisos), se llamaba The intrepid fox, ya sabéis lo mucho que les mola a los ingleses poner nombre de animales a sus baretos, y al parecer tenía dress-code, puesto que éramos los únicos que no íbamos vestidos de heavys y por ese motivo llamábamos algo la atención. Por cierto, aquí y en toda la zona que peinamos esa noche, las copas fueron las más baratas y mejores de todos los días que salimos. Y, por supuesto, la mejor música. Camino del Borderline nos paramos en el Rock and roll (original nombre, oye), bareto de los que nos gusta, con mucho rock y mucha decoración cutre a base de cien mil gadgets y papel de periódico.


The intrepid fox
The borderline
Un minigintonic en el Borderline


El gran hallazgo de la noche fue The alleycat, antro de música en directo en Denkmark Street, una calle toda llena de tiendas de instrumentos musicales, yo iba tropezando con mis propias babas al ver los escaparates. Este local, como muchos otros de la zona, hace jams sessions, es decir, se juntan unos cuantos que no se conocen de nada, o a lo mejor sí, tocan tres o cuatro temas y dejan sitio a otros, y así sucesivamente. Allí estuvimos un buen rato. Además, tenía una tele fuera para que los fumadores pudieran seguir el concierto, y me imagino que para captar parroquianos también.



Fumando a la puerta del rock and roll

Jam session en el Alleycat

Al día siguiente teníamos un plan bastante tranqui, ya que habíamos quedado en Surrey para cenar con mis amigas María y Lorena. Tiramos para el norte al mercadillo de Camden. ¡El paraíso de las compras! Y nosotros sin maleta. Aún así, hicimos sitio para alguna cosilla. Yo me compré una bandolera de los Beatles y unos pantalones de cuero por un precio irrisorio. Supongo que me darán un resultado fatal, pero a caballo casi regalao... de todos modos, no lo encontré tan ganga como la vez anterior, o será que no quise encontrarlo para no llevarme medio Camden.




Comimos por allí tempranito y a las cinco y media o'clock estábamos en Waterloo cogiendo el tren a Wisley entre un montón de yuppies de la city (era viernes) para cenar en The Anchor, un precioso pub a orillas de uno de los muchos canales que hay por la zona. El lugar, idílico; la compañía, inmejorable. A María la veo con cierta frecuencia porque suele venir una vez al año, pero a Lorena no la veía desde febrero de 2009, cuando nos conocimos en persona en una quedada del foro. Me hizo mucha ilusión verlas a las dos y a sus familias.




Reencuentro con Lorena después de cuatro años

El idílico canal
Por la noche repetimos el plan del día anterior, solo que, al ser viernes, los locales estaban bastante más concurridos. Por cierto, los ingleses tienen tan mal beber en su tierra como en la nuestra, me temo.

En la próxima entrega les relataré nuestra última mañana en Londres y mi emocionante e inesperado encuentro con Velázquez. Hasta la próxima, buddys.


miércoles, 28 de agosto de 2013

LONDON CALLING II: UN DÍA EN LA CITY


La sombra del London Eye es alargada.
Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana.
Uno de los grandes atractivos de Londres es el Támesis, a pesar de que está lleno de mierda. Al igual que en París, las opciones para recorrerlo son numerosas: barco tipo batobús con paradas, crucero con comida/cena, etc. Hace veinte años el costillo y yo decidimos hacernos un ida y vuelta hasta la vecina Greenwich, donde está el meridiano cero. Esta vez la elección fue hasta la Torre de Londres y sólo ida.
Los embarcaderos reciben el nombre de Piers, y fue en el Pier of Westminster donde cogimos el City Cruises. Los tickets pueden comprarse por anticipado y así no hay que  guardar cola. No recuerdo bien cúanto nos costó el barco, creo que unas nueve pounds por barba.
Bien, el recorrido de media hora hasta la Torre deja en evidencia lo disarmónico que es el riverline de la capital inglesa, suponemos que fruto de la destrucción que sufrió durante los bombardeos de la II Guerra Mundial. Edificios que se matan unos al lado de los otros, sin el menor patrón común. El contraste es todavía más evidente al llegar a la City y ver la catedral de San Pablo intentando emerger a duras penas entre los modernos rascacielos de las oficinas.


Un cigar mientras espero el barco
 Bueno ¿por qué la City? La City of London (en oposición a la City of Westminster, que es el resto de la ciudad) tiene independencia administrativa desde el año 866 o por ahí. Un pavoroso incendio la destruyó en 1666 (¿sería cosa del demonio? demasiados seises ahí) y hay un monumento que lo recuerda y que no he visitado nunca en las tres veces que he estado aquí. Originales ellos, se llama The Monument.
Pero para monumento, la Torre de Londres, que data del siglo XI y es tristemente célebre por ser el lugar donde los mandamases hacían gala de esa mala costumbre de separar la cabeza del cuerpo de sus semejantes. Entre los ilustres ejecutados en la Torre figuran Ana Bolena, Tomás Moro y Cromwell, y así hasta 112. Además, alberga las joyas de la corona, ese colchoncito que tiene la prima Lilibeth para cuando vengan mal dadas. Entre ellas, el célebre diamante Ko-hi-noor o como carallo se escriba, que no tengo ganas de ir a la wiki a mirarlo, pedrusco que en poco difiere de los cantos rodaos de la playa de mi pueblo.
Todo esto lo sé no por haber entrado esta vez. Visité la torre con mis viejos en 1977 un día de diciembre frío y gris y créanme que la estampa daba así como miedito. La llaman torre, pero realmente es un pedazo de castillo con un montón de edificios que forman un complejo enorme.
Las doce ya y la chalupa no da señales de vida...

Ya llegó el barquichuelo








Bastante más amable es la estampa que ofrece el Tower Bridge (erróneamente llamado el "Puente de Londres"). Es el que cruza una exultante Bridget Jones para ir a currar tras haber pasado la noche con su jefe. Fue construido en 1894 y era levadizo. Digo era porque pasamos allí un buen rato y no levantó las barreras en ningún momento, así que supongo que ya no se usa.




Era un reloj de sol bien encarado
Aparte de ver estas dos cosillas, nuestra visita a la zona tenía como objetivo echar un vistazo al agradabilísimo entorno donde está situada la Dickens Inn, en el muelle de Santa Katherine. Es un muelle de barcos de recreo y una especie de área de descanso entre todo el ajetreo de la zona. Se imponía una pinta allí, evidentemente.





 Tras el refrigerio, decidimos ir paseando hasta el puente de Norman Foster, cruzar a la otra orilla y comer por allí, y visitar la catedral de San Pablo por la tarde. Encontramos un italiano bastante apañao que se ajustaba perfectamente a nuestra urgente necesidad de glucógeno, agravada por la caminata de veinte minutos.
Cruzando el puente

San Pablo, al fondo

Rodando un spot, creo que era de Samsung

Un músico callejero con demasiadas guitarras para él solo, en mi opinión. ¡Compartir es amar, querido!
 La catedral de San Pablo es la iglesia más antigua de Inglaterra. Dirán ustedes que tararí que te vi tras ver la foto, pero es que claro, ésta no es la original. Ya en época de la dominación romana fue un templo dedicado a nosequé dios de los suyos. La iglesia original data del año 604 y fue sometida a diversas remodelaciones, la última en 1676 tras el pavoroso incendio al que aludí antes.
 El principal problema, en mi opinión, es su emplazamiento o, más bien, el emplazamiento de lo que está a su alrededor. Una catedral tan grande merecía una buena plaza, con perspectiva. Rodeada de edificios parece un monstruo, casi no cabe en la cámara. Y me pareció mucho menos fea que la última vez que la visité. Por cierto, se puede subir a la cúpula, que es la segunda más grande del mundo, después de la de San Pedro del Vaticano. Si se animan a subir los quinientos y pico escalones... a nosotros no nos apetecía, la verdad. Y, al igual que en la Abadía, hay unos cuantos famosetes enterrados.





Y con esto y un bizcocho nos dieron casi las five o´clock y salimos pitando a coger el metro antes de que nos pillara el off-peak en dirección al hotel, para descansar un rato en nuestra habitación de la planta de Ana Bolena sin perder la cabeza. Y es que de noche nos esperaba la visita a Covent Garden.

Como supongo que ya sabrán, Covent Garden es un antiguo mercado de la parte este de la ciudad. Hoy en día la estructura alberga tiendas de lujo, pubs y cervecerías varias y tiene muchísimo ambiente. Nos acercamos a ver cómo estaba la cosa para tomar una pinta en un sitio que nos había aconsejado nuestro amigo Tony: el Punch & Judy, una agradable cervecería en el primer piso con una terraza muy grande donde se podía fumar y lleno de gente guapa (léase pijos). Tomamos la pinta y después nos dirigimos a la zona de Charing Cross para cenar en el Sherlock Holmes pub. Me pedí un fish&chips que me supo a gloria.


Elemental, querido Watson
Y con esto y un par de gin-tonics bastante mal preparados, terminó nuestro segundo día en la capital del Támesis. No se pierdan la siguiente entrega: les contaré cosillas sobre gin-tonics y sobre cómo acabamos hablando gallego en Portobello road.







lunes, 26 de agosto de 2013

LONDON CALLING I: CINCO DÍAS PATEANDO LONDRES

Small Morgana in the Big Ben
Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana
Pues sí, ustedes dirán que voy al revés, que el año de ir a Londres era el pasado, con las olimpiadas y toda la pesca, pero como yo soy anti "a dónde vas Vicente" y el año anterior queríamos ir a París, decidimos liarnos la manta a la cabeza e ir a pasar unos días a la capital del Támesis con la sana intención de callejear, ir de pubs, ver mucha música en directo y no pisar un solo museo. No por ignorancia, sino porque ya era nuestra tercera visita a la ciudad y los museos estaban todos vistos. Y ya puestos a cansarnos, mejor hacerlo por la calle, sobre todo teniendo en cuenta que nos tocó un tiempo buenísimo.
Aterrizamos en el aeropuerto de Stansted (del fantástico vuelo con Ryanair prefiero no hablar) el lunes 19 de agosto a las 23.30 hora local, tras un vuelo de dos horas vía Oporto. Una maldita hora perdida de nuestra vida para pasar el puñetero control de pasaportes, ni que esto fueran los Iuesei, oiga. Nos instalamos en el autobús y hora y media después estábamos en el hotel, el Enrique VIII, en la zona de Bayswater. Como todos los alojamientos londinenses, limpio y correcto, pero la habitación era francamente enana. Eso sí, tenía una pequeña piscina climatizada en el sótano que no llegué a pisar, wifi gratis y todo el personal era español. Nos tocó en suerte estar en la planta Ana Bolena. Mal rollito, como para perder la cabeza, vaya... Nos fuimos a dormir, en preparación para el tute que comenzaba al día siguiente.
Como el plan era empezar viendo lo que no habíamos visitado la vez anterior antes de quemarnos a dolor, al día siguiente nada más desayunar nos dirigimos al London eye para regalarnos unas vistas panorámicas, así que tocaba moverse por el distrito Westminster-Whitehall. Horrorizados íbamos desde España pensando en los precios del metro, que cuesta la friolera de 4,5 libras por viaje (una libra es más o menos 1,20 euros y les recuerdo que el metro de París cuesta 1,60). Nos cogimos un one day ticket por 7,30 y vía. Si vais una semana os compensa coger la tarjeta Oyster o el seven days ticket. Ojo, el one day ticket es off-peak, es decir, no se puede usar en hora punta, antes de las 9.30 de la mañana y entre las 17.00 y las 19.00. El metro de Londres cierra pronto, sobre las doce y media de la noche están casi todas las estaciones chapadas, por lo que se impone ir en autobús (funcionan toda la noche), que cuesta 2,40 pounds. La Oyster sirve también para el invento rojo, la one day ticket no.
El London eye es una noria gigantesca situada junto al Parlamento y el Big-Ben. Consta de 32 cabinas de 25 personas, va lentísimo y no da el menor vértigo, palabritadelniñojesús. El viaje dura media hora y la cola, unos 45 minutos. Junto a ella hay un complejo quita-pelas que te permite coger entradas para el museo de cera, tickets de barco y no sé cuántas cosas más, no me fijé demasiado porque no me interesaba.
Aaay, mama, qué alto está eso, ¿145 metros, dijiste?

momento bisectriz

Watching the wheel

Toma huevo Kinder
¿Merece la pena ir? En mi opinión, que me gusta ver las cosas desde las alturas, sí. No es barato: 20 pounds el viaje, pero esa va a ser la tónica general en Londres, está todo carísimo. Éste sólo fue el primer clavazo del día. Juzguen ustedes mismos las vistas:






Una vez abandonado el ingenio, y puesto que sólo era la una y poco (hora de comer para ellos, caña y tapa para nosotros) decidimos acercarnos hasta la Abadía de Westminster, segunda visita obligada, ya que en el viaje anterior no habíamos entrado. Yo la había visitado con mis padres hacía muchisísimos años y ya no me acordaba de nada. Mi costillo ansiaba ver la tumba de Newton y yo no tenía problema en echar una visual. Las entradas costaban la friolera de dieciocho libras. Que te quedabas muerto, vamos, nunca mejor dicho. Y aún encima, nada de fotos en el interior.
 Tenía yo el errado recuerdo de que las tumbas de los famosillos de entonces (reyes y personalidades varias) estaban en una cripta abajo, pero no, realmente ocupan toda la planta de la edificación. Si lo que realmente les interesa ver es la tumba de Newton, no tendrán que pagar por hacerlo, puesto que en la entrada principal, junto a la lápida de los caídos (la reconocerán por el cerco de amapolas que la rodea) el acceso es gratuito y la tumba del eminente físico está a unos veinte metros. Eso sí, no podrán verla con detalle ni, mucho menos, leer el epitafio, cosa que tampoco importa si no saben latín. Además, circula traducido por la red.
 Como yo sí soy algo ducha en dicha lengua muerta (mejor me iría si lo fuera en vivas, créanme) me entretuve durante diez minutos largos en hacer una paráfrasis del texto para deleite de mi marido. Continuamos avanzando entre las ilustres tumbas hasta llegar a las de las reinas. Estos ingleses son realmente paveros: las reinas Isabel I y María Tudor, hermanastras por parte de padre y enemigas irreconciliables, protestante una y católica la otra, están enterradas juntas bajo la inscripción aquella de "Compañeras en el trono y en la tumba..." dudo que descansen en paz, aunque teniendo en cuenta que no sé cuál de las dos fue más hija de puta, tampoco se lo deseo. Para más recochineo, la tumba de María Estuardo, recluida durante veinte años por Isabel I y mandada ejecutar, está a sólo nueve metros de la de su enemiga. Me impresionó el túmulo de la reina de Escocia, la verdad, y la serena expresión de su rostro. Su ejecución fue una verdadera chapuza.  Pero para impresiones, las sufridas al llegar a la zona de las artes, no pude evitar emocionarme ante la del gran William Shakespeare.

Decidimos que ya estaba bien de ver muertos y que era hora de celebrar la vida como sólo los ingleses saben hacerlo, así que nos fuimos al pub a tomar unas pintas y a comer. Como teníamos el Red Lion a tiro de piedra, allá nos dirigimos a ver si veíamos algún Tory, pues está cerca del Parlamento. No hubo suerte.



two paints


Buenaaaas, ¿qué hay para comerrr?
Bueno, creo que ha llegado el momento de hablar del papeo. Ya sabemos que Inglaterra tiene fama de dar de comer fatal, pero yo creo que todo depende del color del cristal con que se mira o, lo que es lo mismo, de la gusa que se tenga. Hambre no vas a pasar, siempre hay italianos y McDonald´s. A mí no me disgusta especialmente la comida inglesa, malo será que no haya algo en el menú que te guste. Nosotros nos decantamos en esta ocasión por unas jacked potato, que no son más que patatas asadas con la piel con una cuña en medio donde va el relleno, en mi caso, de bacon y queso.
Recuerden: en los pubs se pide todo en la barra y la comida te la llevan a la mesa, pero la bebida la tienes que llevar tú mismo. Como ven, los precios no son para echar cohetes precisamente. Beber también es caro. Medio litro de cerveza, unas cinco pounds.
Nos pareció una buena idea dar un paseo para hacer la digestión y nada mejor que cruzar St. James Park para hacerle una visitilla a la prima Lilibeth en su palacio.



La chocilla de la prima Lilibeth o, lo que es lo mismo, el Palacio de Buckingham

La reina de St. James park



No, la doña no se encuentra en este momento


Por supuesto, ya sabíamos que la prima Lilibeth no iba a invitarnos a tomar el té porque está en Balmoral. El Palacio de Buckingham debe su nombre al duque que ordenó su construcción, allá por 1703, es residencia oficial de la familia real desde 1837 y no hay que fijarse mucho para adivinar por su maciza estructura que es de estilo neoclásico. Bajo mi punto de vista no es gran cosa, la verdad. Realmente la arquitectura palaciega de Londres no se puede decir que sea espectacular ni muchísimo menos, sobre todo si la comparamos con la de otras ciudades. Otra cosa son sus parques y jardines, de los que soy gran admiradora. ¿Quieren creer que en los días que estuvimos allí no vimos ni una sola caca de perro? Pontevedreses, a ver si aprendéis.



Entrando en Hyde Park


Y así, como los parques son tan amplios, tan limpios, tan verdes, taaaaaannnnn... decidimos pasar de metro y volver al hotel atravesando Green Park, Hyde Park y Kensington Gardens, un paseíllo de unos cinco kilómetros ná más.


 En algunos de estos parques se pueden alquilar bicicletas para dar un relajante paseo, pero si lo que quieren es ver las cosas con detenimiento, mejor tirar de suela de zapato.

En el Serpentine
Por fin llegamos al hotel para descansar un poco y darnos una ducha. Porque hizo calor, aunque parezca mentira. Resulta que Londres SÍ tiene verano, de hecho la temperatura es muy parecida a la de Galicia.
El plan para la noche era claro y rotundo: cenar en el Hard Rock Cafe sí o sí. Ya saben ustedes que menda lerenda colecciona camisetas de tan exclusivo lugar y tenía que ir a hacerme con uno o dos ejemplares londinenses. En París la experiencia había sido penosa, porque la hamburguesa no me había gustado nada, y eso que siempre las he devorado con placer en todos los locales donde he estado.
Londres no defraudó. Tras tres cuartos de hora de espera nos dieron mesa y creo que tomé la mejor hamburguesa de mi vida. Han cambiado un poco el menú y ya no las hacen con pepinillos y ensalada. La mía traía champiñones, calabacines y pimientos. Y la carne estaba deliciosa, tal y como la recordaba. Está claro que lo de París fue un desagradable paréntesis. En cuanto a la música, éste de Londres es con mucho el mejor local en el que he estado: todo rock clásico anglosajón, ni Beyoncés ni mierdas. Como contrapartida, barato pues ya saben que no es, pero una vez al año no hace daño. Para estimular un poco su competitividad, fui vestida adecuadamente.
HRC París en HRC Londres: historia de dos ciudades
Y llegó el momento de abordar la vida nocturna londinense. Llevábamos varias direcciones sugeridas por nuestro buen amigo Jose, un enamorado de los bares de rock, como nosotros. Hay varias zonas de movida: El Soho, Covent Garden, Camdem Town... Nosotros nos movimos prácticamente por el Soho, que a su vez se puede subdividir en varias zonas. La más rockanrolera está hacia Charing Cross y se encuentra muy bien bajándose en la parada de metro de Tottenham Court Road. Nosotros esa noche hicimos una mala elección y acabamos en una zona bastante hortera llena de locales de strip-tease y karaokes, así que tomamos un par de cacharros y nos volvimos al hotel, que estábamos cansados de tanto pateo.

En la próxima entrega les contaré lo bien que lo pasamos en La City. Coming soon...