LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

viernes, 28 de julio de 2017

U2 EN DUBLÍN, 22/07/2017 ** Decepcionante.





CLASIFICACIÓN
****Vete a primera fila y al acabar secuestra a la banda y llévatela a tu casa.
*** Vete a primera fila y al día siguiente compra todos los conciertos en DVD.
** Quédate por el medio y al acabar descarga algún vídeo de los conciertos.
* Clávate en la barra del bar del concierto y mázate a copas
La banda al completo. Todas las imágenes y los vídeos son propiedad de Fata Morgana.
SET LIST:



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Ustedes se preguntarán, y con razón, por qué voy a ver a una banda que no me gusta. Porque la verdad verdadera es que Bono y sus chicos no están entre mis favoritos. Y ya es la segunda vez que peco: la primera, Lisboa 2005, en la gira de Vértigo.
Varias son las razones: la primera pasar un fin de semana en Dublín, ciudad que no conocía y a la que llevaba tiempo queriendo ir. Segunda, no es lo mismo ver a U2 en cualquier sitio que hacerlo en su casa y con la gira que conmemora los treinta años del Joshua Tree. Tercera (y poderosa): me invitaron. Y, por último, ver a una banda considerada "grande" en directo, aunque no sea muy de mi agrado, siempre es un lujo.
Así que me personé con mi pareja en Crocke Park el sábado 22 a las 18:30 dispuesta a disfrutar del espectáculo. El Crocke Park es un estadio de capacidad suficiente, aunque no macro. Aproximadamente como el Vicente Calderón. He de decir que fue la mejor organización de un concierto que he visto en mi vida. Bastante antes de la entrada ya nos separaron por zonas, lo cual hizo que la entrada fuese rápida y fluida. Pasamos hasta cuatro controles. Las entradas eran de un pijerío absoluto, como podéis comprobar en la foto:

Entrada superpija: muchos son los llamados y pocos los elegidos.


Así que conseguimos acceder con facilidad a la pista, donde ya estaba todo preparado para que Noel Gallagher empezase la fiesta a las 19:00 con su banda los High Flying birds, actuación más que correcta en la que desgranó los temas de sus dos discos en solitario y algunos de los temas míticos de Oasis, como "Wonderwall" o "Don't look back in Anger".

Noel Gallagher, muy tranquilo sin su otra mitad
Puntualidad británica para el comienzo de la actuación del "bueno" de los Gallagher, no así para los chicos de U2, que tenían los suyo programado para las ocho y media y no asomaron la jeta, es un decir, hasta las 21:10 zulú. Ahora paso a explicar lo de la jeta.

Bono y su jeta: la que se pisa.


No quise saber nada de los detalles del concierto de U2 en otras localidades, ni siquiera el setlist. Algún bocazas ya me había cascado que la pantalla de video era espectacular, pero no sabía mucho más. Efectivamente, una especie de pantalla marrón claro ocupaba todo el fondo del escenario, y Noel ocupó el cuarto de la izquierda. Mientras esperábamos, iban saliendo impresos mensajitos muy rollo Bono en plan paz, amor y el plus para el salón escritos o dichos por gente conocida en el mismo espacio ocupado por Noel. Cuando yo ya elucubraba con la posibilidad de que Bono estuviese tardando más de la cuenta en plancharse las arrugas mientras un enlatado The Whole of the Moon de los Waterboys calentaba al público, sonaron los primeros compases de Sunday, bloody sunday, y el respetable entró en delirio colectivo.


Creerán algunos de ustedes, manga de ingenuos, que en ese momento la pantalla entró en acción para ver en todo su esplendor a los dublineses más famosos. Pues no. Tanto podían ser ellos como cualquiera de sus clones, los italianos Atchung baby, por ejemplo. Bueno, es normal que los tres o cuatro primeros temas sean tocados sin pantalla en deferencia al público de las gradas, que ha pagado más. De hecho tocaron sin pantalla, además del Bloody sunday, New year's day, Bad y Pride (in the name of love). Esto último no se lo perdono, pues me encanta ese tema. Llegó un momento en el que me puse a dar saltitos, todos los irlandeses que tenía delante habían tomado más colacao que yo en su infancia, y me quedé tranquila cuando conseguí verle el gorrito a The Edge. "Son ellos", dije toda seria a mi marido.

Y empezó la segunda parte del concierto, es decir, la dedicada a los temas de Joshua Tree. Encendieron la pantalla y ellos siguieron sin salir: en su lugar, vídeos con las fotos del mítico disco, el desierto de nosedónde. Y con ellas, el momento más espectacular de la noche: cuatro avionetas sobrevolaron el estadio formando la bandera irlandesa con sus estelas mientras sonaba un impecable Where the streets have no name. Y la peña pasó directamente del delirio al orgasmo. Servidora furiosa porque se estaba perdiendo todas las digitaciones de la mano izquierda de The Edge y porque estaba harta de ver las pantallitas de los miles de móviles que me rodeaban, grabando nada.
Continuaron con I still haven't found what I'm looking for, y si se están preguntando si canté "Si la cosa está mal voy a Sacedón", sí, lo hice, y a voz en grito. De nada, Florentino. Después tocaron With or without you, Bullet blue sky y Running to stand still. Tardaron cuarenta minutos en dejarse ver. A las diez menos veinte por fin la pantalla enfocó a la banda, en blanco y negro y desdibujada. La producción siempre fue enfocada a no mostrárnoslos en todo su esplendor. Y ése es uno de los motivos por los que he sido tan tacaña a la hora de darles estrellas. El otro, el repertorio. No su elección, sino su orden. Con la aparición de la jeta de Bono en pantalla comenzaron sus interminables discursos y su querencia a desgranar un indeterminado número de muermos todos seguidos. Y claro, la gente se empezó a aburrir. Yo la primera. Tras Red hill mining town, In god's country y Trip through your wires el medio litro de cerveza Calsberg que había bebido (no había otra, no me juzguen con severidad) dijo que quería salir y allá que me fui a buscar los baños sin poder dejar un rastro de miguitas, como Pulgarcito.
Hasta eso estaba bien organizado, coño. Un dragón con forma de fornida matrona irlandesa te ponía en la cola y te decía cuándo y a cuál servicio tenías que ir. Y que se te ocurriera saltártela. Regresé mucho antes de lo previsto y Bono seguía con su rollo, y sus paisanos cada vez más borrachos. Con One three hill y Exit se dio por terminado el bloque dedicado al Joshua tree y empezó el tercero, inaugurado con un Miss Sarajevo para lo cual se echó mano de la voz enlatada de Pavarotti, cosa horripilante para mi gusto. Las imágenes que la acompañaban, sobre campos de refugiados, ponían los pelos como escarpias. Continuó el tercer bloque con Beautiful Day, Elevetion, y un Vertigo donde nuevamente dejaron de salir ellos en la pantalla para proyectar las estroboscópicas y, para mi gusto, excesivamente ofensivas para los sentidos, imágenes rojas y negras del álbum al que pertenece el tema: How to dismantle an atomic bomb. Ya no volvimos a verlos en pantalla grande: tras tocar Ultraviolet, One y The Little Things that Give you Away, Bono decidió terminar con la actuación echando un speech de cinco minutos muy poco acorde con el final apoteósico que un músico de rock and Roll que se precie se merece. Allá él. Con uno de sus discursitos dio por terminadas dos horas de un concierto de lo más prescindible.

Nada que objetar a la parte técnica. Impecables de sonido y ejecución. Bono muy bien de voz, aunque en algún momento acometió agudos por su zona más baja, que vamos teniendo una edad. Mucho postureo escénico por parte del líder de la banda y los otros tres, en su línea, con ese careto impávido que parece decir que les dan igual ocho que ochenta, sobre todo Adam Clayton (¿qué viste en él, Naomi Campbell?). Pero como lo que se les pide es tocar bien y no simpatía, no me meteré más con ellos. Evidentemente eché muchísimo de menos no poder ver las manos de The Edge volando por el mástil en todo su esplendor, pero qué le vamos a hacer. La vida es así de injusta.

Resumiendo: decepcionada porque no pude ver lo que es de mi mayor interés en la música en directo: tocar a los músicos, y sobre todo en los temas más conocidos, pues en ninguno de ellos se vio a la banda en la superpantalla; decepcionada porque los conciertos son cada vez más tecnológicos y menos humanos, estoy harta de estar rodeada de gente que ve el show a través de la pantalla de su móvil, y decepcionada porque lo que pudo ser un gran espectáculo se quedó en mediocre por una pésima gestión del repertorio, en mi opinión. Si hubieran cerrado con un tema potente y conocido en vez de con un discurso de cinco minutos, habrían salido por la puerta grande, al menos en el corazón de esta humilde cronista. Hasta la próxima.







miércoles, 14 de septiembre de 2016

INSIDE THE WALL: PATEANDO BERLÍN: FRIEDRICHSHAIN-KREUZBERG

El morreo más famoso de la historia.
 Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana
Kreuzberg, o el barrio turco, le tocó en suerte a los americanos en el reparto de la tarta berlinesa. Colindante con Mitte, se fusionó con Friedrichshain en 2001. Es en éste último donde está situada la parte grafiteada del Muro o, lo que es lo mismo, la East Side Gallery.
Para llegar a la East Side Gallery podemos coger el metro o bien ir andando. Desde la Alexanderplatz hay unos dos kilómetros. Lo ideal es adentrarse en el barrio de Kreuzberg y matar dos pájaros de un tiro. Por supuesto, la visita a la East Side Gallery es absolutamente gratuita.
Como supongo que ya sabréis la historia del Muro de Berlín, que dividió durante veintiocho años la ciudad haciéndola pertenecer a países distintos, la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana, no me extenderé mucho más. El muro se construyó en una sola noche. Sí, han leído bien. Concretamente, la del 12 al 13 de Agosto de 1961, para preservar a la Alemania comunista del peligroso ataque del fascismo y de la economía capitalista. Cayó en noviembre de 1989. De sus ciento y pico kilómetros, poco más de dos quedan en pie, repartidos en tres tramos.

Lo primero que llama la atención es el sitio tan inhóspito donde está situada la East Side: en una especie de polígono industrial presidido por un edificio coronado por la estrella de la Mercedes. Hay un auditorio enorme, el Berlin Arena, y al otro lado el río, con una explanada verde para el esparcimiento y algunos chiringuitos.

El cacho muro tiene una longitud de casi dos kilómetros y está cambiando consantemente. De hecho, encontré notables diferencias en año y medio. La primera, que la mayoría de los grafitis "históricos", entre ellos éste que preside mi entrada, están separados del público por una valla metálica. Imagino que para impedir toqueteos. Juzguen:
Marzo de 2015
Septiembre de 2016

Al comienzo de la East Side hay una garita donde comprar souvenires varios, guías, etc. Y ahí empieza el fascinante recorrido. Ésta última vez incluso tuvimos la suerte de ver a artistas trabajando "in situ". Porque, segunda diferencia, hay grafitis nuevos.
Llegada a la East Side Gallery
Empezamos bien: puño en alto






















Grafiti nuevo en la East Side Gallery





Al otro lado del muro, el que da al río, no hay grafitis. Ahora en agosto había una exposición fotográfica sobre la guerra de Siria titulada "War on wall" que ponía los pelos de punta, he aqui la tercera diferencia. Una idea excelente, puesto que estaba totalmente desaprovechado. Os dejo algunas imágenes:














Por cierto, los refugiados sirios están alojados en los hangares del antiguo aeropuerto de Hitler, una explanada gigantesca semirreconvertida en espacio de ocio.

Aunque el entorno de la East Side Gallery por un lado no es agradable, la cosa cambia al otro lado del muro;















Del Muro a Kreuzberg hay un par de kilómetros escasos. Nosotros decidimos volver a Mitte andando y patearnos todo el barrio. La caminata total son unos cinco kilómetros. Kreuzberg es un barrio joven, lleno de casas de poca altura y de bares, sobre todo muchos bares. Muchos de los clubes míticos de música en directo de Berlín están aquí. Ojo al dato: los conciertos son a las siete de la tarde, imposible para mí, que la considero la hora del chocolate con churros. La hora de cierre, sabe Dios... aquí hay marcha toda la noche para aburrir. Sólo un defectillo: tienen una querencia por la música electrónica que yo no comparto. Si tenéis oportunidad, tomaos una cerveza en Der Visiönare, antigua caseta de botes rehabilitada como antro de copas. Y no os preocupéis por la fumeta: está permitido en todos los bares nocturnos.

Fans de Michael Jackson los hay en todas partes, vaya...
¿Qué ver en Kreuzberg? Pues aparte del pintoresquismo del barrio, el Museo Judío. ¿Merece la pena? Para mí no. Fue una tarde perdida. No se esperen horrores, el museo recopila las principales características de la cultura judía. Yo me quedo con esto:
Textos en ladino en el Museo Judío

Grabados medievales que reproducen las burradas que se adjudicaban a los semitas



Si os quedan tiempo y fuerzas, siempre podéis hacer una visita a la avenida de Karl Marx y haceros una idea de cómo se vivía en la Alemania comunista. Está al lado de la Alexanderplatz.


No se pierdan la próxima entrada, porque nos vamos a Pijolandia, es decir, a Charlottenbourg. Y aún nos sobro tiempo para volver a Mitte. Auf wiedersen.