LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

sábado, 2 de abril de 2016

LOS SAPOS Y EL PRÍNCIPE

2 de Abril, día de la concienciación mundial del Autismo

LOS SAPOS Y EL PRÍNCIPE

Érase una vez una feliz pareja que decidió completar su dicha teniendo un hijo. No importa si era el primero, el mediano o el último: para esta historia es irrelevante, al igual que el sexo de la criatura. A su debido tiempo nació el bebé con toda salud y del mismo modo se fue criando, para alegría de sus padres.

Un par de años después, los padres empezaron a observar en su niño cosas que no acababan de gustarles: el crío tardaba en arrancar a hablar y parecía aferrarse a ciertas rutinas. Además, hacía movimientos repetitivos y no socializaba como debería con los otros niños en la guardería. El pediatra no le dio mucha importancia, pero les aconsejó consultar con un psicólogo infantil si así se quedaban más tranquilos. Así lo hicieron. El psicólogo vio medianamente claro lo que sucedía, pero presentó un informe farragoso y aconsejó llevarlo a un terapeuta. Y así se encontraron con el sapo del miedo.

El terapeuta vio al niño, que ahora además empezaba a mostrar conductas desafiantes ante un mundo que no comprendía, y vio bastante claro lo que sucedía, pero no dijo nada. Aconsejó  a los padres llevar al niño a un psiquiatra. Y así se encontraron con el sapo de la indiferencia.

El psiquiatra vio al niño y prescribió medicación, mucha medicación. Al niño no le sentaba bien y así se lo dijeron los padres al médico, que no hizo el menor caso y acusó a los padres de inconscientes e irresponsables cuando decidieron suspender el tratamiento. Y así se encontraron con el sapo de la soberbia.

Entretanto, el niño iba creciendo y fue escolarizado en un centro ordinario, donde desde el primer día removieron Roma con Santiago para intentar convencer a los padres para que lo cambiaran a un centro de educación especial, aunque para eso tuvieran que renunciar a integrar al chico con los otros niños "normales". Alegaron, y en el fondo no les faltaba razón, que el sistema educativo no estaba preparado para alumnos con aquella problemática. Y así se encontraron con el sapo de la mezquindad.

Los padres cada vez estaban más tristes y preocupados e intentaban ayudar al niño como podían dentro de su ignorancia. Y cuando ya estaban al borde de la desesperación, se enteraron de que había un príncipe muy bueno que podía ayudar a su niño. Acudieron a él con muy poca fe, pensando que probablemente les tocaría besar a otro sapo.

El príncipe, que era muy guapo y muy amable, increíblemente amable, pasó varias tardes con el niño, todas las que necesitó hasta estar seguro de lo que sucedía. Al niño se le veía a gusto con él. Y al final, el príncipe habló:
-Vuestro hijo tiene un Trastorno de Espectro Autista y necesita trabajar de una forma diferente para mejorar. Esto es un trabajo en equipo y cada uno de nosotros tendrá su función. En mi colegio estará en un aula sólo con tres niños más y atendido por dos profesionales que adaptarán el aprendizaje a sus capacidades y objetivos. Le enseñaremos a vivir en comunidad, a adquirir autonomía personal, a comunicarse dentro de sus posibilidades y, en resumen, a llevar una vida feliz y plena: la que se merece. La que todos y cada uno de nosotros merecemos.

A partir de entonces, la alegría volvió a la vida de aquella familia y el niño creció feliz, aprendiendo poco a poco a adaptarse a aquel mundo tan hostil. Los padres estaban muy contentos porque por fin habían conseguido besar al príncipe, después de tanto sapo. Pero un día, pensando en cuántos padres no tendrían la misma oportunidad, ya fuese por desconocimiento o por no tener uno lo suficientemente cerca, no pudieron evitar volver a ponerse tristes.

Moraleja: cuidado con las compañías, hay mucho sapo disfrazado de príncipe suelto por el mundo.

Ana Vázquez Villarreal, madre de un chico de 16 años con TEA.

miércoles, 9 de marzo de 2016

LA SAGA DE PAPÁ NOEL: QUINTA Y ÚLTIMA ENTREGA.

Ya lo sé. Llevo un año y tres meses sin aparecer por aquí. Os recuerdo que tengo dos hijos blogueros más que requieren mi atención, más mis colaboraciones musicales, más el vertiginoso aumento de horas de clase por los recortes del gobierno (ahora gobierno en funciones). De hecho, también llevaba tiempo sin escribir. Literatura, me refiero.

Ahora entiendo al guapérrimo Sean Connery cuando dijo aquello de "Nunca digas nunca jamás" cuando se estrenó la enésima película de James Bond. Yo también lo dije: con "La sala de aclimatación" cerraba para siempre la saga navideña de Papá Noel, peeeeero...

¿Saben ustedes lo que es tener una idea martilleando en la cabeza días y días como una mosca cojonera? Pues eso fue lo que me sucedió al año siguiente. Empezó de manera insidiosa, lo primero que me vino a la mente fue el título (que no desvelo, porque ya indica por dónde irán los tiros). Tenía un fleco: me había portado mal con uno de los personajes de la saga, le debía una satisfacción, y no tenía pensado batirme en duelo con él al amanecer para dársela. Dejé reposar la idea otro año, porque si bien tenía claro quién tenía que ser el protagonista de la historia, lo que no me gustaba era el bosquejo de trama en la que lo iba a situar.

El segundo fogonazo llegó al año siguiente: había un segundo personaje de la saga al que le debía algo. Pero no tenía clara la forma de hacer aparecer a los dos en la misma historia. Por lo menos eso me despejó la duda de dónde iba a transcurrir la acción: en un lugar de Galicia de cuyo nombre no quiero acordarme, si se me permite parafrasear al genial Cervantes. Dejé reposar, como si fuera una infusión o una paella.

A los nueve meses vi que no podría hacer nada medianamente decente, a no ser que introdujera una acción más y un tercer personaje. También me di cuenta de que iba a ser la entrega más larga, casi más una novela corta que un cuento. El trabajo de parto comenzó en noviembre y el alumbramiento se produjo, felizmente, en estas últimas navidades. Como siempre por entregas y procurando chinchar a los lectores lo más posible. Un leopardo no puede cambiar sus manchas, me temo.

En fin, esta sí será la última, espero. Siguen fluyendo ideas, pero me parece una forma bonita de acabar una saga que es como un hijo para mí. Ni que decir tiene que he llorado muchísimo y que me ha costado lo indecible despedirme de ella. Aquí os queda el enlace de descarga. Feliz lectura:

PAPÁ NOEL V

Os dejo además los enlaces a las entregas anteriores:

LA SAGA DE PAPÁ NOEL (I, II, III, IV)

 

martes, 23 de diciembre de 2014

JOE COCKER: IN MEMORIAM

JOE COCKER. IN MEMORIAM (1944-2014)




No, no tenía la gran facha. Tampoco la gran voz. Se movía de forma espasmódica como si le estuviera dando un ataque epiléptico. Y, sin embargo, Joe Cocker supo hacerse un hueco en la historia del rock lo suficientemente grande como para que la crítica musical en pleno le dedique unas líneas de homenaje con motivo de su muerte. La gran revelación de Woodstock nos dejaba ayer a consecuencia de un cáncer de pulmón, tras una vida llena de excesos y adicciones varias. El cantante de Sheffield comenzó su carrera en 1964 formando parte de bandas como "The Avengers", "Big blues" o "The Grease Band" y actualmente continuaba en activo. De hecho, tenía pensado sacar disco en 2015. Ya no podrá ser.

El hombre de la voz rota no deja un gran legado de producción propia, a pesar de sus cuarenta y seis álbumes, que se dice pronto. De hecho, creo que pasará a la historia por haber sido uno de los mejores versionadores de temas de otros. Inolvidable aquel "With a little help from my friends" en versión soul repleto de cadencias rítmicas y coros femeninos. Genial su adaptación de "Summer in the city", para mi gusto muy superior a la ratonera original. En los ochenta renació de sus cenizas, tras superar sus problemas con las drogas y el alcohol, con "Up where be belong", el meloso tema central de la banda sonora de "Oficial y caballero", que le reportó un Oscar, y, a partir de ahí, no hubo quien lo parase: la preciosa y conmovedora "You are so beautiful", la dramática "Unchain my heart" (nuevamente superior a la original) y, sobre todo, el tema que hizo a muchas mujeres aspirantes a streapers aficionadas: "You can leave your hat on", que acompañaba al magnífico desnudo de Kim Basinger en "Nueve semanas y media". En 1991 un disco sobreproducido por Jeff Lynne, "Night calls", volvió a colocarlo en lo más alto de las listas.

En fin, otra leyenda que se nos va. Ya empiezan a ser demasiadas.

jueves, 13 de febrero de 2014

REVISITANDO A LOS COVERLAND EN EL MOOM57 07-02-2014

foto propiedad de FATA MORGANA
 
 Ya. Ustedes dirán que me he vuelto medio tolai para ir a ver a los mismos tíos por segunda vez en una semana. Yo lo considero una oportunidad única, teniendo en cuenta que el escenario era completamente distinto. Como señalé en la reseña anterior, el Tribeca, si bien se presta al rollito familiar, no es el lugar más indicado para una banda de rock dado lo exiguo de su escenario que, entre otras cosas, obligaba al batería Bruno Couceiro a situarse en segunda línea de playa y no poder mostrar su talento en todo su esplendor. Y, además, los músicos no son máquinas, son personas, y no hay dos conciertos iguales aunque sí lo sea el repertorio. El Moom57 ofrece un escenario mucho más agradecido a priori: tarima, juego de luces, expansión del sonido, monitores para la banda, etc. A cambio, es un macro bar pijo de múltiples ambientes donde te soplan por un gin tonic con tantas caralladas dentro como el  sombrero de Carmen Miranda la friolera de 7 leuros, tiene gorilón con pinganillo en la puerta y camareras de piernas interminables cubiertas con exiguas minifaldas o shorts que te miran así como en plan perdonavidas. El local es una pesadilla llena de recovecos laberínticos. Me perdí tres veces esa noche, y no, no fue por la bebida. Entre la oscuridad del local, que se presta más a darse el lote en el sofá que a otra cosa, las nosecuántas puertas que tiene, los cortinones, las cintas prohibiendo el paso y yo que no llevaba gafas, llegó un momento que me pareció que estaba en el Ikea con las luces apagadas. Pero bueno, yo había ido allí a ver a los Coverland y no a hacer senderismo. Y como había poco público, pues pude expandirme como el universo y fijarme en un montón de detalles que la vez anterior se me habían pasado por alto. Lo del poco público no me extraña, la noche era todavía más perruna que la anterior (enésima ciclogénesis, esta vez de nombre Ruth). En el local, todo acristalado para convertirlo en terraza en verano, hacía frío y llovía tanto que el agua empezó a filtrarse por las juntas de las cristaleras de la pared y el techo, formando un río en el suelo y haciendo llover sobre mi cabeza y sobre la del batería Bruno, que no cesaba de mirar hacia arriba con gesto de lógica preocupación.
Empezó el concierto y ya pude observar que Celso había cambiado la Fender del anterior por una Gibson que me hizo castañetear la piñata tanto como el frío reinante y despertó en mí unos deseos cleptómanos que no sabía que tenía. Tengo la peregrina idea de que con una guitarra así es imposible tocar mal, en fin... y llegó la primera agradable sorpresa para mis oídos: la linea de bajo en "Eleanor Rigby" que no había tenido oportunidad de escuchar la vez anterior porque estaba situada al otro lado. No fue la única oportunidad de lucirse que tuvo el bajista Ale Cambón esa noche: me entusiasmó en el "I feel good" de James Brown. El repertorio fue avanzando, Celso cogió la Telecaster para empezar el popurri de los Rolling y hubo un pequeño totum revolutum al comenzar "Satisfaction". Cosas del directo.
La revelación de la noche para mí fue el batería Bruno Couceiro. No es bueno, es cojonudo. Quizá pelín preciosista en algunos momentos, demasiado redoble, pero excelente y entregado a pesar de que tenía la tortura china de la gotera sobre su cabeza. También me gustó más esta vez el cantante Roy Phillips, que se cortó en algún tema en el que creo que podría haber subido más el tono. Ambas cosas me hicieron pensar en lo genial que les quedaría a los dos, batería y cantante, un tema o dos de Led Zeppelin en el repertorio. Esos parches están pidiendo un contrarritmo contundente a gritos, chicos. Vamos, que yo en mi cabeza ya estaba escuchando su versión de "Who lotta love", palabritadelniñojesús, con Bruno remedando a mi amado Bonzo y Roy botando peito en plan mi todavía más adorado Plant. Pobre Roy, empeñado él en que el tímido púbico se acercase más al escenario. En cualquier caso, se metieron al respetable en el bolsillo aunque no diésemos señales de histerismo groupie: todos coreamos las canciones y estuvimos atentos a la actuación. Y la media de edad no bajaba de los cuarenta, y ya nos empiezan a dar vergüencilla las muestras públicas de entusiasmo, lo cual no quiere decir que no lo sintamos. Creo que el momento delirante se produjo con el "Baba O'Riley" de los Who, la cual, como solemos decir por estos lares, tienen "mallada".
Por poder escuchar, también tuve oportunidad de fijarme en temas donde Celso doblaba la voz de Roy y en los cambios introducidos de su cosecha en algunos solos de guitarra (eso me gusta, todo lo que se salga de la regla me encanta), como sucedió en "Come together". Por cierto, Celso toca con Marlango el día 22 en Santiago, si desean verlo en otro contexto. La verdad es que se gasta el hombre una tecnología puntera de lo más molona, no hay más que ver el juego de pedales que tiene a sus pies.
En fin, que a pesar del frío, las goteras, el laberinto, las multifrutas del gin tonic, los baños camuflados y un sinfín de naderías que no citaré, me mereció la pena ir aunque sólo fuera para hacer el análisis comparativo que les acabo de exponer. Y que siempre es agradable escuchar buena música en directo, qué carallo. Ahora a los Coverland sólo les falta hacer como los Rolling y tener un repertorio distinto para cada tipo de escenario. Mejor que no haga más sugerencias y me calle la boca...

CONCIERTO DE COVERLAND EN EL TRIBECA 2.0. 31-01-2014

foto cortesía de RUBÉN NOVO
 
COVERLAND:
Celso Madriñán: guitarra. Roy Phillips: voz. Bruno Couceiro: Batería. Ale Cambón: bajo.
PLAYLIST:
Eleanor Rigby
Cocaine
Ziggy Stardust
Born to be wild
Popurri de Hendrix
Popurri de los Rolling
You really got me
Keep on rocking in the free world
Come together
Drive my car
Two princes
Hard to handle
Always on the run
Superstition
You got me
Baba O'Riley
Popurri de Queen
Viernes y fin de mes. Una noche de perros, con toda La Coruña azotada por la enésima ciclogénesis explosiva, que es como se le llama ahora en lenguaje molón a los temporales de toda la vida, mira tú. Pasar el Rubicón del Orzán (por los soportales, of course) una pesadilla digna de figurar en el programa aquél de "Al filo de lo imposible", en fin, un horror. Y yo que decido abandonar la calidez del hogar para ir a ver al grupo de rock coruñés Coverland, del que no tenía noticia, o más bien, creia que no la tenía, porque realmente ya los había entrevisto hace cuatro meses atrás en el Moom. Digo entrevisto porque estaba con una peña en plan tertulia y no me pude acercar a verlos y me quedé con las ganas.
Actuaban los Coverland en el Tribeca 2.0, en el Orzán, que si bien no es el mejor local del mundo mundial para una concierto de rock, dado que es largo y angosto, sí se presta para un ambiente así como de rollito familiar y cercano, en plan paz y amor y el plus pal salón y fijarse en un montón de detalles que en otro lugar pasarían inadvertidos. Así que me aposenté a un metro de su guitarrista, Celso Madriñán, que también lo es del grupo Marlango, por cierto, dispuesta a no perderme una nota.
En cuanto arrancaron los primeros compases de Eleanor Rigby me di cuenta que eran los mismos a los que me había quedado sin ver en el Moom. Los Coverland hacen versiones de clásicos del rock, bien elegidas, de forma impecable y estupendamente adaptadas. Funcionan como una máquina bien engrasada. Los temas están adecuadamente seleccionados para la voz de Roy Phillips, que aguantó casi dos horas de concierto sin despeinarse dando el callo. Un poco de todo en la antología: Beatles, Rolling, The Who, Bowie, los Kinks... gente más reciente como Lenny Kravitz o Spin Doctors y otros ya no tan rockeros como Stevie Wonder u Otis Redding. Un repertorio muy ecléctico, en resumen. Olé por atreverse (y resolver felizmente) con un tema tan poco rockero como Eleanor Rigby, por cierto.
Me andaba a mí en la cabeza cómo iba a resolver la banda el asunto de reducir a una sola guitarra una porción de temas que originalmente se hace con dos, así que no le quité el ojo de encima a la Fender de Madriñán, más que nada por envidia insana, todo hay que decirlo. No se echó de menos en absoluto un segundo guitarrista: Ale Cambón cubría perfectemente con su bajo de cinco cuerdas mientras Celso hacía ambas partes, la rítmica y los solos, sin mayores complicaciones, usando un sencillo pero efectivo transporte de acordes en la primera y volando por el mástil en las segundas. Aparte de la guitarra, también le envidié las manos, qué solos más buenos. Me gustó especialmente la versión de Cocaine. A medio concierto cambió a la Telecaster, enseguida supe por qué, necesitaba la afinación en sol abierto para los temas de los Rolling. Excelente idea la de los popurris para calentar al público sin llegar a cansarlo. Y, desgraciadamente, casi acabando el concierto se le rompió una cuerda, lo que lo obligó a cambiar nuevamente de guitarra sin mayores problemas. Hicieron un bis con un público ya totalmente entregado (le costó un poco arrancar, supongo que por la cercanía del grupo, estaban a un metro de la gente y a la misma altura) y terminaron, dejándonos con ganas de más. No se preocupen, se comenta que volverán a actuar en el Tribeca en Carnavales y yo desde luego no me lo pienso perder.
En fin, que mereció la pena mandar mis barcos a luchar contra los elementos, como decía el otro. Mientras espero su próxima actuación, iré echándole un vistazo a lo que se cuece en el panorama coruñés. Cada vez me gusta más ir a ver a las bandas locales, ya que los elefantes sagrados del rock no se dejan caer demasiado por estos lares. Y con el nivel que empieza a haber y la oferta de locales, me temo que sus satánicas majestades van a tener que esperar por mí...

miércoles, 11 de diciembre de 2013

PROHIBIDO PROHIBIR: FRANQUISMO 2.0


www.eljuglardelalibertad.blogspot.com
Créanme que me están entrando ganas de escribir el título de esta entrada como los niños pequeños de mi época, es decir, con uve y sin hache, o como lo harán los adultos que estudien bajo la ley Wert (pronunciar como un balido de oveja, please). Lo digo porque los niños, esas inocentes criaturas, creen, desde sus bondadosos e ingenuos corazones, que diciendo tal cosa la prohibición nunca se llevará a la práctica. ¡Animaliños míos, qué equivocados están!
Me refiero por supuesto al nuevo regalo que nos tiene preparado el gobierno, una ley de  ciudadanía o de nosequé cojones de pato mediante la cual el guardia de la porra (que ahora dan solfa que te cagas a la mínima) puede multarte por flagrante delito sin leerte tus derechos (lógico, no los tienes) ni juicio previo ni hostias en vinagre y cuyo borrador se va filtrando insidiosamente día a día, como la tortura china de la gota, en las redes sociales por aquello de que nos tenemos que ir acostumbrando. Por ejemplo: el madero te puede empapelar por practicar deporte (no te dicen cuál) en una zona habilitada para ello (tampoco te lo dicen). Y la última perla del Caribe de la que me he enterado y que me ha helado en las venas mi sangre del grupo AB negativo (lo digo a ver si me espían, se creen que soy vasca y me destierran de una puta vez de esta mierda de país de pandereta) es que va a salir una ley que prohíbe ir chuzas por la calle. Como lo leen, oigan. ¿Decían que el franquismo ha vuelto? Nooooo, al lado de esto la dictadura de Franco era una democracia, por lo menos un honrado ciudadano podía tajarse a gusto e ir haciendo eses como si no le llegara la calle tranquilamente.
¿Pero a qué extremos vamos a llegar? ¿Cuánto va a aguantar la sufrida población (la que no los votó, los otros que se jodan) hasta explotar como un petardo de feria? Porque, señores míos, esto me temo que sólo es la punta del iceberg. Cuando salió elegido el de las barbas del profeta les juro por las suelas de mis Loboutin que jamás pensé que la cosa se desmadrara de semejante manera. Supuse que nos iban a apretar un poco las clavijas, sí. ¿Pero esto? Y como yo tengo mucha imaginación, se me ha dado por pensar en todo lo que pueden prohibir y multar a partir de ahora, verbigracia: tirar pedos, usar tanga, que las mujeres usen pantalones, que los hombres usen pantalones cortos (eso lo aplaudo), llevar barba, usar anticonceptivos, follar en otra posición que no sea el misionero, sacar a los discapacitados a la calle, que hace feo, no saberse el "cara al sol" ni la lista de los reyes godos, en fin... ¿quieren que siga?
Éramos la democracia más envidiada del planeta, ÉRAMOS, digo. Con lo que costó ganarse los derechos y libertades. Los que vivimos la época de la transición sufrimos el pasarse al otro lado y el desfase de "hago lo que me da la gana porque puedo", años en que las calles eran ciudad sin ley llena de gentuza que te daba el palo, el tirón desde una moto y/o te tocaba las tetas sin venir a cuento y sin que nadie moviera un dedo. Lo sufríamos porque, en el fondo, sabíamos que con el tiempo las cosas se calmarían y esto dejaría de ser una inmensa pastelería rodeada de hambrientos y todo se relajaría cuando la gente se acostumbrase a la recién estrenada libertad. Y mientras esto empieza a tener espeluznantes concomitancias con el III Reich, un montón de tiñalpas, porque no tienen otro nombre, asesinos, violadores, terroristas y gente de la peor calaña condenada a chorrecientos mil años de cárcel sale por nosequé de la puta doctrina Parot, que no sé de qué va ni maldita si me importa, que para eso sí que hay que ser muy europeo, muy democrático y muy comprensivo. Insisto: Mi no comprender, y además no quiero comprender, que ya soy mayor y me he ganado el derecho a disfrutar de mis libertades. Y con la poca que me queda digo que al señor Rajoy y a toda su pandilla basura les pueden ir dando pomada por lo que a mí respecta.
Ah, por cierto. No tengo unos Loboutin, por supuesto. Con lo que me paga el gobierno de la piel de toro no me da ni para los de imitación de los chinos.

miércoles, 9 de octubre de 2013

LONDON CALLING III: HAY UN GALLEGO EN LA LUNA

Bici amarilla en Portobello para alegrar un día gris.
Casi todas las fotos son propiedad de Fata Morgana
Poco dura la alegría en la casa del pobre, y menos del pobre inglés: el jueves amaneció lloviendo, ya tocaba, los dos días anteriores habían sido radiantes. Afortunadamente, en Londres hay dos cosas interesantes que hacer cuando el tiempo no acompaña: ir de museos y/o ir de compras. Como a lo primero ya habíamos dicho que nopi, pues nos decidimos por lo segundo con mucha moderación por aquello de la minimaleta con la que Mierdaryanair te obliga a viajar. Aprovechando que habíamos quedado con nuestro amigo Gelucho para tomar unas paints en Portobello, decidimos ir andando hasta allí desde el hotel, pues queda casi a tiro de piedra. Resultó bastante agradable no dirigirnos como autómatas a la boca de metro de Queensway al acabar de desayunar, como hacíamos todos los días. Mi marido aprovechó para ir a correr por Hyde Park y yo tendría que haber hecho lo mismo, pero me dolían las patas de las caminatas de los días anteriores. Nota mental: no seguir engañándome a mí misma y no volver a llevar ropa de running en la maleta ¿o sí? Salimos del hotel y nos encontramos con tremendo follón montado en la calle, con cámaras, extras y de todo. Después nos enteramos de que estaban rodando un episodio de la nueva temporada de la serie "Sherlock". Una pena, nos habría gustado salir.

Para mí la quería, la casiña


Total, que tras un agradable paseo de media hora llegamos a Notting Hill dispuestos a hacerle un peinado exhaustivo. Es un barrio encantador y pintoresco. El domingo empezaba su carnaval, pero a nosotros ya no nos iba a pillar allí, lástima. Si se están preguntando si fuimos a la librería de la peli de Hugh Grant a hacernos la foto, la respuesta es ene o, no. A cambio me hice una en una tienda de máquinas de coser de segunda mano, que tiene mucha más gracia.

¿Pero qué ha sido de la cup of tea de toda la vida?





Así cosía, así, así



vivamos como galegos, que malo será...
Aparecieron los gallegos y con ellos el primer rayo de sol. Hicimos día español: nos sentamos a la una de la tarde y nos levantamos de la mesa a las seis, hablando de lo divino y lo humano. No todo fueron paints, claro, también fuimos a comer a un restaurante italiano de Portobello regentado por un gallego. Nos pusimos las botas. El que hubiera escampado y la tarde, que se presta más para pasear, abarrotó la calle, así que nos fuimos al hotel a descansar un poco y a prepararnos para la noche canallesca, ya que yo me había hecho con unas cuantas direcciones de antros de rock and roll en el Soho. Para ello nos bajamos en la parada de metro de Tottenham Court Road y de ahí nos dirigimos al primer antrazo, que no estaba en la lista, pero imposible obviar la música de Metallica a toda caña. Eso fue lo más suave que escuchamos allí. El local (enorme, por cierto, con dos pisos), se llamaba The intrepid fox, ya sabéis lo mucho que les mola a los ingleses poner nombre de animales a sus baretos, y al parecer tenía dress-code, puesto que éramos los únicos que no íbamos vestidos de heavys y por ese motivo llamábamos algo la atención. Por cierto, aquí y en toda la zona que peinamos esa noche, las copas fueron las más baratas y mejores de todos los días que salimos. Y, por supuesto, la mejor música. Camino del Borderline nos paramos en el Rock and roll (original nombre, oye), bareto de los que nos gusta, con mucho rock y mucha decoración cutre a base de cien mil gadgets y papel de periódico.


The intrepid fox
The borderline
Un minigintonic en el Borderline


El gran hallazgo de la noche fue The alleycat, antro de música en directo en Denkmark Street, una calle toda llena de tiendas de instrumentos musicales, yo iba tropezando con mis propias babas al ver los escaparates. Este local, como muchos otros de la zona, hace jams sessions, es decir, se juntan unos cuantos que no se conocen de nada, o a lo mejor sí, tocan tres o cuatro temas y dejan sitio a otros, y así sucesivamente. Allí estuvimos un buen rato. Además, tenía una tele fuera para que los fumadores pudieran seguir el concierto, y me imagino que para captar parroquianos también.



Fumando a la puerta del rock and roll

Jam session en el Alleycat

Al día siguiente teníamos un plan bastante tranqui, ya que habíamos quedado en Surrey para cenar con mis amigas María y Lorena. Tiramos para el norte al mercadillo de Camden. ¡El paraíso de las compras! Y nosotros sin maleta. Aún así, hicimos sitio para alguna cosilla. Yo me compré una bandolera de los Beatles y unos pantalones de cuero por un precio irrisorio. Supongo que me darán un resultado fatal, pero a caballo casi regalao... de todos modos, no lo encontré tan ganga como la vez anterior, o será que no quise encontrarlo para no llevarme medio Camden.




Comimos por allí tempranito y a las cinco y media o'clock estábamos en Waterloo cogiendo el tren a Wisley entre un montón de yuppies de la city (era viernes) para cenar en The Anchor, un precioso pub a orillas de uno de los muchos canales que hay por la zona. El lugar, idílico; la compañía, inmejorable. A María la veo con cierta frecuencia porque suele venir una vez al año, pero a Lorena no la veía desde febrero de 2009, cuando nos conocimos en persona en una quedada del foro. Me hizo mucha ilusión verlas a las dos y a sus familias.




Reencuentro con Lorena después de cuatro años

El idílico canal
Por la noche repetimos el plan del día anterior, solo que, al ser viernes, los locales estaban bastante más concurridos. Por cierto, los ingleses tienen tan mal beber en su tierra como en la nuestra, me temo.

En la próxima entrega les relataré nuestra última mañana en Londres y mi emocionante e inesperado encuentro con Velázquez. Hasta la próxima, buddys.