LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

lunes, 5 de septiembre de 2011

NUEVAS ADICCIONES, BUENOS PROPÓSITOS

Hola a todos. Espero que hayan pasado un buen verano. Pueden suponer que el mío, dado lo poco que he asomado por aquí, ha estado a tope. Tengo tantas reseñas de restaurantes que hacer que, para cuando me ponga, ya me habré olvidado de lo que he comido en cada uno. Pero las vacaciones se han terminado y hay que volver a la triste realidad.
Una de las señales de que estamos en período de "Renacimiento" y buenos propósitos es la cantidad de colecciones que anuncian por la tele: desde abanicos hasta kazas de la II Guerra Mundial, cursos de inglés, de ganchillo, de macramé, de yoga. Porque en la vida del ser humano del primer mundo hay dos puntos de inflexión anuales que le hacen replantearse todo y autoprometerse que va a estudiar chino, hacer spinning, tocar el clarinete o cualquier otra cosa que exija esfuerzo y dedicación: el mes de septiembre y el mes de enero. Por supuesto, los buenos deseos quedan aparcados tan rápido como llegaron, en cuanto la rutina invernal se vuelve a instalar en nuestras vidas. Y yo, como soy animalito de llevar la contraria, pues intento cumplir mis buenos deseos en vacaciones, y así al llegar septiembre ya tengo mi propósito en cuestión instalado en mi rutina y, con suerte, ya estoy enganchada.
Pues eso me ha pasado este año: me he enganchado al running, es decir, a poner un pie delante de otro a cierta velocidad. Si me lo llegan a decir hace dos meses no me lo creo ni jarta vino. ¿Yo correr? Anda ya. Y eso que tengo un buen ejemplo en casa, puesto que el señor que vive conmigo es corredor desde hace un montón de años, y estaba acostumbrada a verlo salir con las calzas y las zapatillas casi todos los días del año, con una mezcla de envidia y pereza. Nunca pensé que algún día sería yo la que saliera de tal guisa, pero así es. Una tarde de mediados de julio estaba tirada al sol (al poco que ha habido) y se me encendió una bombilla. No podía estar todo el verano como una foca sin mover un músculo con la cantidad de energía negativa que había acumulado durante el año. El estrés me estaba matando, la ansiedad me consumía, arrastraba un año muy malo. Y con todo en contra: 45 años, fumadora, sin equipo, sin zapatillas siquiera porque me las había dejado en Pontevedra, me di un par de vueltas por el jardín de casa hasta que empecé a ver enanos verdes.
Al ver que no me moría en el intento (2 minutos corriendo, quizá) pensé que había que hacer un plan de acción y me dirigí a San Google en busca del gurú, me daba igual cuál, sólo necesitaba algo motivador. Y lo encontré. Desde entonces, http://www.elsentidodelavida.net/como-empezar-a-correr ha sido mi guía, sobre todo porque cada vez que leo el post me parto de  risa, eso si las agujetas me lo permiten. Por supuesto, no es la única página que consulto. Tengo varios programas de iniciación que combinan correr y andar y que hacen que esto, lejos de ser un sufrimiento, sea una de las actividades más divertidas a las que me he dedicado en la vida.
Un par de semanas después, y ya con las zapatillas rescatadas, decidí que a lo mejor la cosa iba en serio y que había que dedicar una mañana al equipamiento. Me dirigí a San Decathlon. Si ya me gustaba el sitio antes de hacer deporte, imagínense ahora. Compré cuatro cosillas: un par de camisetas, un par de mallas, calcetines y dos sujes que son un antídoto contra la lujuria pero que cumplen perfectamente su cometido. Completé con un chubasquero de travesía y un brazalete para el ipod, que correr con música es más divertido. Sin embargo, no me hice con lo principal: el pulsómetro. Y créanme que, superada la cuarentena, puede uno correr en pelota picada si quiere, pero no sin pulsómetro. Mi chico me prestó el suyo galantemente y me salvó la vida, porque una vez hecha la famosa ecuación de los 226 no puedo pasar de las 150 ppm sin riesgo de palmarla. Es lo único que me importa: la patata. El resto lo tengo nuevecito, nunca había hecho deporte de impacto así que no arrastro lesiones, salvo mi maldita artrosis de cervicales, pero la patata es primordial, y así, manteniéndome entre las 120 y las 150 pulsaciones, saliendo a correr/andar a días alternos y sumando minutos, han transcurrido las últimas siete semanas de mi vida. Empecé haciendo series de 30 segundos y corriendo dos minutos y medio en total, según rezaba el plan que me había descargado de internet. Hoy he corrido 23 minutos en series de 5 y 6 minutos. A alguien que corra habitualmente le parecerá una mierda, pero para mí es una verdadera proeza.
Lo bueno de alternar carrera con andar e ir subiendo los tiempos que corres es que nunca llegas destrozado a casa. Es más, nunca he tenido agujetas en las extremidades inferiores, como esperaba. El horror ha sido en la parte superior, sobre todo toda la musculatura implicada en la respiración, supongo que por falta de uso. Y en las cervicales, por el movimiento de los hombros al correr. Como contrapartida, diré que, aparte de no haber engordado en todo el verano a pesar de haberme pasado siete pueblos comiendo y bebiendo, ya empiezo a ver definición muscular en la zona abdominal. Y eso que yo no me enganché a esta historia por el tema físico, sino por los beneficios psicológicos. Y sé que, en cuanto lleguen los rigores otoñales, no habrá lluvia o viento que me detengan. Ya verán. Les seguiré contando.

5 comentarios:

  1. Y verás como de runnear a biciclitear, quizás, quien sabe, hacia santiago, desde algún remoto lugar, hay un tiro de piedra.Si yo ya lo dije un no muy lejano día y creias que poner en marcha el motor cardipulmonar en cualquiera de sus vertientes era ciencia ficción....Y cuando pasados 3 meses te mires al espejo y te asustes con un "ostias, que susto: Si soy yo", ya me contarás si mola o no mola.
    Lo que yo me pregunto es por que a mi me da tanta pereza el hacerme una rutina así...

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  2. La bicicleta me gusta y la he usado mucho, pero por mis cervicales no puedo hacer largos recorridos, así que me temo que no puedo hacer el camino. Y, por ahora, me mola todo, hasta las agujetas, así que dentro de tres meses espero estar pegando saltos de alegría. Ya te contaré. A lo mejor hasta te recluto y todo, jaja.

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  3. Que bien Morgana !!!! bueno espero que con las inclemencias del tiempo no desistas de tu propósito.
    Yo soy muy mala para el ejercicio, empiezo pero al poco lo dejo :(
    Besos

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  4. ¡Uf! Solo de pensarlo me entran unas ganas terribles de dejar lo de correr para mañana y lanzarme a la cerveza acompañada de un generoso pincho de queso de cabra. ¡Vivan los michelines!
    Besicos de Hortensia Lago ( no sé por qué, no me deja publicar el comentario desde la cuenta de google)

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  5. Hortensia, que yo también tomo vinitos (cerveza no, me sienta mal) con queso de cabra, mujer. Y gin-tonics. Y chocolate. Que no es por los michelines, es por la euforia que produce el ejercicio (beneficios físicos aparte).

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