LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

jueves, 8 de septiembre de 2016

INSIDE THE WALL: PATEANDO BERLÍN. MITTE (I)


FOTO PROPIEDAD DE http://mediateca.cl
Llevaba un montón de tiempo queriendo ir a Berlín, pero por haches o por bes nunca podía. Sobre todo por el tema de la inexistencia de vuelos directos desde donde vivo. Y mira tú por dónde, en los últimos tiempos he tenido oportunidad de ir dos veces en año y medio. Antes de empezar la crónica expondré unas consideraciones previas, como tengo por costumbre.
Lo primero que tengo que decir, y no es una futesa, desde luego, es que Berlín es barato en  comparación con otras capitales europeas, incluidas Madrid y Barcelona. Un buen hotel en el centro en pleno mes de agosto puede salir sobre 75 euros la noche. Hablo de hoteles de cuatro estrellas. Buscad lo mismo en Londres, que no lo encontraréis ni hartos de vino. El metro cuesta 2,70, pero hay bonos y Welcome Card, que además hace descuentos en museos y atracciones varias. Una cerveza de medio litro (deliciosa, por cierto) son unos dos euros. El cubalibre, entre 4,50 y 7 euros. Para comer la oferta es como la de cualquier otra gran ciudad europea, pero he de decir que he estado en italianos donde absolutamente todos los platos de la carta costaban 4 euros. Y eso ya es un gran atractivo para visitar la ciudad.

Lo segundo que hay que saber es que casi todo el mundo habla inglés, por lo menos en los museos, restaurantes, etc. Y muchísimo italiano. No vais a tener problemas para comunicaros.

Para los desplazamientos a cualquiera de los dos aeropuertos hay autobús y tren ligero cada media hora. Schönefeld está más lejos y el viaje son unos 35 minutos. Ojo con el control de equipajes: son unos repugnantes de cuidado.

Quien espere ver en Berlín una ciudad armónicamente monumental ya puede ir cambiando el chip, porque lo que más va a ver son grúas. La ciudad está en perpetuo estado de reconstrucción y al principio parece pelín caótica. Lo mejor para situarse es tomar como referencia la avenida Under der Linden (bajo los tilos) y de ahí de norte a sur y de este a oeste. Se puede ir andando a casi todas partes si no os espantan las caminatas de cinco kilómetros, tomando como punto de origen la Puerta de Brandemburgo. Además, es plana como un plato. Hay alquiler de bicicletas para quien quiera ver la ciudad pedaleando, además de un city cruises que hace cruceros por el río Spree y el indispensable City Tour en autobús.

Otra cosa a tener en cuenta: al haber pertenecido a dos países diferentes, encontraremos muchas cosas por duplicado: dos zoológicos, dos universidades, dos palacios de la ópera, etc.

¿Qué interés ofrece Berlín entonces? No es especialmente bonita ni tiene grandes museos. Su importancia es, básicamente, histórica. Berlín ha sido protagonista de tres de los hechos históricos más importantes de la historia del siglo XX: las dos guerras mundiales y la caída del Muro. Y sólo por eso merece la pena ser vista con detalle. Sus gentes, por lo menos por la experiencia que he tenido yo las dos veces que he estado, es amable y encantadora. Tiene muchísima marcha nocturna para quien le guste, sin necesidad de arruinarse. Pero lo mejor es, insisto, su historia viva. En ella encontraremos huellas del esplendor del Imperio prusiano y miserias de la II Guerra Mundial y de la Guerra Fría. Y los primeros concienciados e interesados en mostrarlo son ellos.

Mitte está considerado el barrio central de Berlín, ya que en él están la mayoría de las cosas que hay que ver. Tantas, que habría que dedicarle dos o incluso tres días si se quiere ir de museos. La avenida principal de Mitte es, como ya he dicho, Under der Linden, actualmente llena de grúas que restauran gran parte de los edificios que quedaron destrozados por los bombardeos de la II GM.

Nunca había recurrido a un guía turístico hasta que llegué a Berlín. La primera vez caía de cajón, porque iba en una excursión escolar con 37 alumnos, pero quedé tan contenta que la segunda vez repetí. Recomiendo encarecidamente el Tour de Sandeman's con guía español. Es gratuito, pagas la voluntad al final dependiendo de lo que te haya gustado, dura tres horas y es completísimo. Tanto Óscar como Jaime, los dos guías que me tocaron en suerte, son unos profesionales excelentes y muy amenos. Así que la primera mañana nos dirigimos a la Puerta de Brandemburgo, que era el punto de encuentro, y nos hicimos el tour.
¿En el este o en el oeste? Todas las fotos son propiedad de Fata Morgana



Mi obsesión por Napoleón me persigue, está claro


Entre las cosas que vimos en el Tour hay que destacar el Monumento al Holocausto, más por su significación que por su belleza, la Topografía del Terror, el Gendarmenmarket, que es la plaza más antigua de Berlín, la Universidad Humboldt y la Nueva Guardia. También el Checkpoint Charlie, aunque no es más que una astracanada que reproduce el puesto de control entre la zona rusa y la americana con cuatro actorcillos que te cobran cinco euros por hacerte una foto. Evidentemente, no picamos.

El Checkpoint Charlie, reclamo puramente turístico



Gendarmenmarkt

Gendarmenmarkt


Panorámica de la preciosa plaza medieval de Gendarmenmarkt
Un apunte: en Berlín cualquier cosa relacionada con la II GM y con el Holocausto (el Museo Judío no cuenta, ojo) es gratuita, ya que no quieren lucrarse con la tragedia. Una decisión que los honra, sin lugar a dudas.

Edificio de la Nueva Guardia

Piedad de la escultora Käthe Kollwitz, en la Nueva Guardia
La escultora posee una casa-museo en Berlín, donde se puede admirar gran parte de su obra.
Universidad Humboldt


Placas conmemorativas de los profesores deportados a campos de concentración

Universidad Humboldt: en esta plaza se produjo la famosa quema de libros


Trozo del muro en Mitte
Topografía del Terror, cuartel de la Gestapo y trozo del Muro conservado en Mitte
Tras la interesante visita decidimos quedarnos por la zona e ir a comer a las terrazas que hay junto a la Catedral y la Isla de los Museos. La isla es un complejo de seis museos, entre los que hay que destacar el Museo de Pérgamo, famoso por albergar el altar del mismo nombre, y la puerta de Ishtar entre otras joyas. La principal atracción del museo Nuevo es el busto de Nefertiti. Ninguna de las dos veces que fui pude ver el altar, que está cerrado al público hasta el 2018. La Nefertiti no puede ser fotografiada. En ambos museos destacan las piezas pertenecientes al arte antiguo: Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma.

Isla de los museos







Escultura del Museo Nuevo

Copia de la puerta de la Catedral de Florencia


Museo de Pérgamo: puerta de Ishtar


Mercado de Mileto




Un pequeño break en Pérgamo. Recorrer museos es agotador.


El complejo formado por la Isla y la Catedral, a orillas del Spree,  es un lugar realmente delicioso. Comimos medianamente bien en un italiano. Un apunte: los berlineses son "estofaos", nada de ir con prisas. Se toman su tiempo para servir, así que nada de desesperarse si tardan en traer la cerveza. Y lo mejor para bajar la comida es seguir el paseo del Spree hacia el Oeste, que va a dar directamente a Tiergarten, uno de los parques más bonitos de la ciudad, y a la casita de Frau Merkel o, lo que es lo mismo, el Reichtag.

El Parlamento alemán, como no podía ser de otro modo, también quedó destrozado. Y no se les ocurrió mejor cosa que encargar a Norman Foster la reconstrucción de su cúpula. Sir Norman hizo una cosa horripilante y moderna que se da de tortas directamente con el resto del edificio, pero tiene la particularidad de tener unas escaleras en su interior por las que se puede deambular a gusto.

La visita al Parlamento debe reservarse por anticipado por internet. Y con bastante margen, por cierto. Otra cosa que me quedé sin ver: la primera vez estaban limpiando la cúpula y la segunda entré en la página para reservar diez días antes y ya no había sitio. Pero sí vi la terraza del Parlamento. Tiene buenas vistas, eso sí, pero no tan estupendas como otros edifcios de los que hablaré a continuación.
El Spree, con Merkelhouse al fondo


Las orillas del río están abarrotadas de terrazas con gente tomando el sol. Los alemanes adoran el astro rey, debe de ser por lo poco que lo ven, digo yo. Berlín tiene clima continental: la primera vez estuve en marzo y pasé bastante frío. Esta última fui en agosto y puede pasar de todo: desde tener frío hasta cocerse. Cuando sale el sol, pica.
Cúpula de Foster en el Reichtag

Terraza del Reichtag



La parte trasera de la cuádriga de la puerta de Brandemburgo vista desde el Reichtag




Si lo que queréis es ver Berlín en su totalidad y por mucho menos dinero, os aconsejo atravesar el Tiergarten hasta llegar a la Columna de la Victoria, que conmemora la ídem de Prusia sobre Dinamarca y fue construida en 1864. Tiene 69 metros y se accede a ella mediante un paso subterráneo, como en el Arco de Triunfo de París, sólo que une cinco avenidas en vez de ocho. Tiene 285 escalones, lo que la convierte en un auténtico rompepiernas. Subí las dos veces. La entrada creo que son 3 euros y hay un pequeño museo en su interior. Las vistas son estupendas.






Primera terraza de la columna de la Victoria
Y como nos pareció que no habíamos caminado lo suficiente ese día, decidimos acabar la jornada visitando Postdamer Platz, monstruosidad ultramoderna que lo flipas que alberga, entre otros, el Sony Center. La plaza quedó totalmente destrozada en la Guerra, y ahora han hecho un mogolloning de cristal. Sorprenderá al viajero la cantidad de edificios de cristal que hay en Berlín y la poca altura que tienen con respecto a otras grandes capitales. Hay un motivo: Berlín está construida sobre una enorme ciénaga y no se puede dar demasiado peso a los edificios. Por el mismo motivo toda la ciudad está llena de unas enormes tuberías de colorines que no son otra cosa que dragas.






Postdamer platz gana mucho de noche

No se pierdan la próxima entrega: les contaré qué tal lo pasamos en la East Side Gallery y en Kreutzberg, el barrio turco. Auf wiedersen.











4 comentarios:

  1. son chulísimas todas las fotos que hiciste. cuando derribaron el muro, debió ser impresionante para la gente de ambos lados ver su ciudad expandida, ver la continuación de las calles que antes estaban cortadas.
    y sales muy guapa, por cierto! ;)

    ResponderEliminar
  2. Jajajaaaa, gracias, Chema. La semana que viene continuaré con la crónica. No quiero adelantar acontecimientos ni sentimientos.Un abrazo.

    ResponderEliminar