LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

domingo, 18 de octubre de 2009

ASESINATO EN LA COCINA II: VENGANZA Y SACRIFICIO



-Cuéntanos más, Chefo.
Por una vez en la vida, Thermo estaba callada e instaba a hablar a otro, vaya milagro.
Thermo esperó la continuación con avidez, moviendo sus cuchillas en velocidad uno.
-Es un sitio horrible, no tengo más que decir –continuó Chefo lúgubremente –Hace frío, hay bichos raros, la electricidad va fatal… ¿Para qué quieres saberlo si lo vas a comprobar por ti misma dentro de un par de horas?
El ama asomó la cabeza y fijó su vista en las tres máquinas, ahora juntas encima de la mesa.
-En quince minutos nos vamos –anunció con su acostumbrado tono autoritario.
Un año después del “affaire thermomix” y de haber ganado el concurso de cocina con máquinas, el ama estaba de todo menos relajada. A consecuencia del mismo, una editorial la había contratado para publicar un libro con las recetas ganadoras y unas cuantas más de acompañamiento. Henchida de vanidad, el ama había aceptado el encargo pensando que le iba a dar tiempo de sobra para cumplirlo, pero hete aquí que quedaba menos de un mes para entregar las recetas y aún le faltaban unas cuantas por experimentar. Entre el trabajo y el cuidado de su familia se veía pillada de tiempo, y su estrés y mal humor crecían día a día. Así que decidió pedir un mes sin sueldo y retirarse a acabar las recetas con sus tres máquinas a una casita que tenía perdida en la montaña. Cuando les comunicó su decisión, Chefo, que iba a aquella casa todos los veranos, puso el grito en el cielo.
-Ama, no, por favor… es un sitio horrible y aburridísimo.
El ama frunció el ceño.
-Vale… tú realmente no tienes por qué ir, casi no te voy a necesitar. Puedes esperar mientras en casa de mi madre.
La sola mención de la madre del ama hizo que Chefo se callara inmediatamente. Pensó que, por lo menos, estaría con sus amigas, así que decidió no insistir más y dejar de quejarse.
El gato de la casa, un animal grande y negro de ojos verdes, se subió limpiamente a la mesa y frotó su peluda cabeza contra la chefo, ronroneando con fruición. Ésta giró su pala de amasar con disgusto.
-Y para colmo, éste también viene… el ama dice que será útil para los ratones –rezongó.
-¿Ratones? –G despertó de su sueño eterno con un respingo -¿Hay ratones allí? ¡Odio los ratones, Chefo! ¡Ya lo sabes! ¡Los odio desde el día que…!
La GM se calló de repente, recordando el pacto de silencio que había entre las dos sobre aquel asunto.
Por lo menos no tendremos que ver a esta presumida –Continuó la chefo mirando hacia la nueva adquisición con disgusto.
La bonita cafetera Nespresso, que se había unido a la familia en enero, se echó a reír. Tenía muy buen humor y aceptaba con alegría las bromas y pullas de sus compañeras. La llamaban Ness. Bueno, menos la chefo, que la llamaba el monstruo del lago Ness.
-Os echaré de menos, chicas –dijo –Creo que George va a venir a verme mientras estéis fuera.
Thermo se echó a reír ante la broma, pero las otras dos simplemente la ignoraron. Todavía no habían aprendido bien del todo la lección del año anterior, y los celos se apoderaban de ellas con facilidad, sobre todo de Chefo. El pecado original y capital de G seguía siendo la pereza, así que mientras la dejaran dormir, todo iba bien.
-Vámonos –dijo el ama cogiendo al gato por el cogote y metiéndolo en su transportín. Thermo, por favor, a la bolsa.
Las otras dos contemplaron con envidia cómo una sumisa Thermo se dejaba introducir en su bolsa acolchada de diseño exclusivo, con su nombre y todo. La chefo y la GM irían a pelo en el coche, en el maletero.
-Por lo menos no tendremos que oírla cantar durante todo el viaje –dijo G a su amiga a modo de consuelo. Y nosotras podremos ir cotorreando a nuestras anchas.
Pero el ama llevaba tal cantidad de cosas para para pasar aquellos quince días que no había sitio para ellas en el maletero, así que tuvieron que acomodarse las tres en el asiento de atrás junto al gato, que de inmediato empezó a ronronear cuando la chefo se puso a su lado.
Thermo comenzó a quejarse desde su encierro, se aburría y quería estar con las demás. Tan pesada se puso que hubo que abrirle la cremallera.
-Pero si cantas te abandonaré en una cuneta, lo juro –amenazó el ama.
-¿Y hay otras máquinas allí con las que jugar, Chefo? –preguntó la Thermo ilusionada.
-Psss, las que fueron desterradas cuando tú llegaste, así que no creo que te reciban muy bien: la picadora, la batidora… y además la cafetera, la que había antes de que llegara Ness.
-Hay muchas máquinas de jardín –intervino el ama mientras se incorporaba en la autopista.
-Es cierto –corroboró Chefo –Un cortacésped odioso que hace mucho ruido, hace más ruido que tú, Thermo… y una desbrozadora también y… -Chefo se estremeció –Una motosierra horrible, grande, con muchas cuchillas, me da mucho miedo. Se llama Texas. Pero nunca entran en casa, ninguna de ellas –añadió con alivio.
-De todos modos no vamos a jugar, Thermo –dijo el ama –Os recuerdo que vamos a trabajar de firme. Hay que hacerlo si queremos ver ese libro publicado.
La GM gimió con disgusto ante esta declaración y se encogió todo lo que pudo en el asiento.
El viaje duraba una hora y media y las máquinas miraron el paisaje con curiosidad. Pasaban por pueblos y más pueblos, lugares que se les antojaron muy aburridos, con poca gente en las calles.
-¡Menudo despoblamiento! –murmuró Thermo asombrada.
-Pues espera a que lleguemos –protestó Chefo –No tenemos ninguna casa alrededor ¿Verdad, ama? Sólo unos vecinos a unos doscientos metros que tienen un perro odioso.
-En eso reside el encanto de la casa, Chefo –contestó el ama –Es un lugar para descansar, aislado del mundanal ruido.
El ama no lo confesaba, pero pasaba un miedo cerval durmiendo sola en aquella casa, no lo podía remediar. Y tres máquinas y un gato no la iban a hacer sentirse más protegida.
-¿Y no echarás de menos a tus trogloditas, ama?
El marido y el hijo del ama se habían quedado en la ciudad, obligados por sus quehaceres. Las máquinas suspiraron aliviadas al enterarse, el niño era muy travieso y siempre les estaba haciendo perrerías diversas.
-No. Voy centrada en trabajar –Contestó el ama tajantemente.
De repente, la chefo exclamó asombrada:
-Mira, ama… el polígono industrial. Qué avanzado está, han construido mucho desde la última vez que vine por aquí.
-Pues sí, empezará a funcionar en breve –contestó el ama mirando a su vez las grandes naves industriales que estaban a ambos lados de la carretera. Eso quiere decir que estamos llegando, chicas.
Las máquinas se aplastaron contra las ventanillas para ver mejor. Enfilaron la carretera secundaria hacia la casa, el ama se detuvo delante de un portón y se bajó a abrirlo. En ese momento el gato, que venía mareado, vomitó encima de Chefo, que se puso furiosa.
Una vez arreglado el estropicio, las máquinas miraron hacia lo que iba a ser su hogar durante los próximos quince días. Una finca enorme y agreste se extendía ante su vista, sólo interrumpida por la casita, situada en mitad del terreno. Se dirigieron a la puerta de entrada; unos metros más allá, había una pequeña piscina.
-No está mal, ama –dijo la thermo –Ahora, supongo que no tendrá muchas comodidades ¿eh?
-Para lo que tú estás acostumbrada, no –contestó el ama –Vamos dentro, hace frío y tengo que encender el fuego.
La diminuta casa tenía una planta baja con salón-comedor-cocina, un dormitorio pequeño y un cuarto de baño. Arriba estaba el dormitorio de los amos.
El ama liberó al gato, colocó las máquinas encima de la mesa del comedor y se dispuso a encender la estufa de leña. Afortunadamente, había una buena provisión de troncos.
-Qué frío hace, ama –protestó G –y eso que sólo estamos a mediados de octubre. Esto en diciembre tiene que ser horroroso.
-Venga, menos quejarse y vamos a instalarnos –contestó el ama.

EL RESTO, EN MI PÁGINA DE SAFECREATIVE

4 comentarios:

  1. Ya te lo habia dicho en el foro, pero ¡Bravisisisisisimo!

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  2. Graciasísisisisisisimas, Karen. Jajajaja. Besos

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  3. no creo yo que h ays cerrado ya esta historia del todo verdad?? Espero para el a ño proximo nos delites ocn una tercera parte.

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  4. Pues... siento decepcionarte, pero no. Esta saga queda cerrada. Uno ha de saber retirarse a tiempo.

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