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Foto propiedad de Fata Morgana |
Odio la primavera y lo digo alto y claro. La odio porque mientras todo renace, yo muero muerte lenta, como decía el otro. En primavera no ando, me arrastro; en primavera no florezco, me marchito; en primavera todo me parece enorme, desmesurado, inalcanzable. Tengo
astenia primaveral.
La tengo desde niña y es como una especie de día de la marmota, puesto que aparece unos quince días antes del cambio de tiempo (no de la llegada de la estación en el calendario). En años de bonanza climática he llegado a notarla a mediados de febrero. Es un coñazo. De repente un cansancio sin causa se apodera de mi cuerpo, todo es un esfuerzo horroroso, salir a la calle a hacer recados se convierte en una tortura para mí, todo me hastía y aburre y no me soporto a mí misma. Los días parecen tener cuatro mil horas y no veo el momento de meterme en la cama. Creí que este año a lo mejor hasta tenía la suerte de librar a causa del running. Ya casi me daba por indultada, pero no ha sido así, aunque tampoco he dejado de correr. Es más, está siendo peor, pues a la astenia de las narices se unen las agujetas. No sé por qué la padezco pero me gustaría librarme de ella.
De pequeña me preparaban, porque ya sabían en casa que la primavera era mi época mala. Aparte de tener un bajón en mi actividad, los virus y las bacterias comenzaban una visita que se me antojaba inteminable por mi organismo. No había primavera sin la habitual cita con las anginas, la gripe, el trancazo de padre y muy señor mío... me daban vitaminas pero como si tomara agua, tarde o temprano acababa cayendo. Aún hoy en día si cojo algo, impepinablemente será en primavera. El año pasado tuve la gripe en mayo, hace dos, faringitis; hace tres, amigdalitis. No es casualidad. La primavera me odia y yo le correspondo con las escasas fuerzas que me quedan.
Dicen que el que se acostumbre el organismo a la nueva estación es algo bastante normal en el ser humano. Yo creo que somos imperfectos o que, por lo menos, lo soy yo. He tenido cuarenta y seis años para acostumbrarme. Ya va siendo hora ¿no? Es una sensación estúpida ésta de encontrarse mal sin tener nada, pero todavía es peor la parte psicológica: tristeza inexplicable, desgana ante cosas que me gustan, indiferencia, un estar por estar de lo más pasota que no es propio de mí. Ni siquiera tengo ganas de pensar, busco la ilusión y no la encuentro, no encuentro motivación para hacer nada: no me apetece leer, ni escribir, ni cocinar, ¡ni ir de compras!, ni trabajar, por supuesto. Menos mal que no dura mucho tiempo, porque uno no puede escapar de sí mismo por mucho que quiera.
¿Y saben qué es lo que más me revienta? Que aquí en Galicia ni siquiera hay primavera. Por lo menos no la propiamente dicha. ¿Cómo se puede tener algo asociado a una estación inexistente?
Ya volveré cuando se me pase.
yo también he tenido esa clase de astenia alguna que otra vez. y a veces en momentos muy poco oportunos, como al final de los exámenes de febrero de la carrera, cuando tienes otro cuatrimestre por delante. o al empezar en un nuevo trabajo.
ResponderEliminarlo peor es lo que dices, la desgana, el que no te estimule nada de lo que habitualmente te gusta. tratas de buscar algún libro que te enganche, alguna película que te emocione, algún disco que te anime, pero te quedas igual.
ánimo y espero que pase pronto. y que en galicia llegue el buen tiempo lo antes posible. la luz del sol ayuda...
Tal cual lo cuentas, Chema. Y fíjate, por buen tiempo que no sea... hace tres meses que apenas llueve aquí. Me temo que va a venir todo junto en verano, jajaja. Bss
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