LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

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LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

martes, 1 de mayo de 2012

DESMONTANDO LA OPERACIÓN BIKINI

imagen cortesía de taringa.net
No, no voy a hablar del día del trabajo, tranquilos. No, no estoy metida en ninguna brigada antivicio. No, no voy a escribir bikini con Q de queso. Esta entrada es simplemente una nueva manifestación del marcado carácter antisistema que me domina últimamente. Me mola decir negro cuando el resto dice blanco. Y como empezamos con la época en que todo el mundo se china con el tema de la operación bikini y los gimnasios se llenan de buenas promesas, pues voy yo y voy a demostrar que la operación bikini no sirve absolutamente para nada. No hablo de gente que realmente tiene problemas graves de peso, sino de los neuras a los que les molestan un par de mollas y se matan al hambre y a ejercicios durante un par de meses para bajar cuatro kilillos que les permitan llegar a la playa como figurines. Y lo voy a hacer usando la lógica aplastante, puesto que no tengo el menor conocimiento de nutrición o temas similares. Bueno, sí. Quédense con una cosa: para adelgazar un kilo de grasa hay que quemar unas 7000 calorías, aproximadamente.
Vamos a ver ¿qué tiene el bikini frente al resto del año que nos haga preocuparnos tanto por nuestro aspecto al llegar el verano? Puedo entender al que intenta mantenerse delgado todo el año. ¿Pero por qué en verano? ¿Porque se lleva menos ropa? ¿Porque te ve en la playa el resto del mundo? ¡Pero si las playas están abarrotadas de gente, quién coño se va a fijar en ti! Además ¿qué pasa si alguien se fija? En la playa casi todo el mundo luce miserias varias, no se va a poner a criticar la paja en el ojo ajeno teniendo la viga en el suyo.
Bien, pongamos que eres un obseso de la perfección playera. Ya no me atrevo a decir obsesa porque la neura hace ya años que se ha extendido a ambos sexos. Las féminas no damos abasto con las zonas conflictivas que nos preocupan, porque son demasiados los ataques con napalm: celulitis, flaccidez, sobrepeso y estrías. Casa con cuatro puertas difícil es de guardar. Pueden presentarse todas juntas y tres de ellas tienen muy mal remedio, o ninguno. Los tíos lo tienen más fácil por su ausencia de hormonas femeninas, y la preocupación se suele circunscribir al perímetro de su cintura. Yo siempre creo que la solución más fácil es la correcta, como buena seguidora del principio de la navaja de Occam. Y lo más fácil es tapar lo que no quieres que se vea. En verano está igual de tirao que en invierno: ropa que disimule los puntos conflictivos y vía. Y en la playa, también. ¿Barriga fláccida? bañador entero. ¿Culo grande? bikini faldita. ¿Tetas caídas? tirantes bien armados. Y así, sin matarse ni sacrificarse. Hay que recordar algo: la única situación en que uno está totalmente desprotegido frente a sus mollas es cuando no lleva un solo trapo encima, es decir, en pelota picada. De lo cual deduzco que la operación bikini va totalmente encaminada a lucir radiante en situaciones de folleteo, no en la playa. Y hasta para eso hay soluciones. Recurramos nuevamente a Occam: probablemente el partenaire estará mucho más interesado en otras cosas que en medir el perímetro de tus caderas y, además, en caso de pánico, siempre da buen resultado bajar la intensidad de la luz, que de noche todos los gatos son pardos. Y algo que cura de tonterías para toda la vida es ir a una playa nudista, ese lugar donde todos comparten sus miserias físicas y nadie mira a nadie. Prueba superada.
Frivolidades aparte, yo me pregunto ¿merece la pena? ¿Merece la pena realmente andar durante un par de meses sacrificao y arrastrao con hambre, agujetas y mala hostia por parecer divino de la muerte durante quince días de vacaciones? ¿Para perder cuatro kilos que recuperarás en cuanto veas el chiringuito y empieces a ponerte gocho de vermús y patatas fritas? Porque claro, por un lado quieres conservar la línea y por otro pasártelo bien. Y estar todo el santo día mirando para otro lado y resistiendo tentaciones no es pasárselo bien en absoluto. El verano es un despendole que se caracteriza por la total ausencia de reglas y por la relajación de las costumbres. Tengo la sensación de que hacer dieta dos meses al año no debe de ser nada bueno para la salud, y aún menos matarse a ejercicio para dejarlo en cuanto se consigue el peso deseado. Yo al menos no creo en las dietas, y menos aún en las dietas milagro. Y mucho menos aún en suplementos para adelgazar o para acabar con la celulitis. Mal asunto si una mujer no tiene celulitis, se me da por pensar que no tiene hormonas femeninas, responsables directas de ella. Una mujer sin celulitis debe de ser algo así como un jardín sin flores, o con flores de plástico. Algo antinatural. Así que yo me mantendré con mis hábitos de vida válidos para los doce meses del año: comer equilibradamente, cometer excesos cuando me apetezca y hacer ejercicio tres días a la semana. Y mis mollas y yo, tan ricamente. Y al que no le guste, que no mire.

2 comentarios:

  1. pues mira, muy bien que haces. lo de la operación bikini es un tópico más. en cuanto a las dietas, hay gente a la que le pueden ir bien, pero a mí no me inspiran mucha confianza... yo vivo en madrid y veraneo en santander. llego allí con algún kilo de más, pero como voy a la playa andando a paso ligero todos los días después de comer, la recorro entera de punta a punta y vuelvo, pues adelgazo sin proponérmelo. la operación bikini no es necesario hacerla 'antes', se puede hacer 'durante'. me gusta pasear por la línea del puerto de santander. en cambio, pasear por las polucionadas calles de madrid no me motiva nada.
    pues lo dicho, haces bien en pasar de dietas y de pamplinas, la vida es demasiado corta para eso!

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  2. Yo corro todo el año, invierno y verano. No adelgazo ni engordo un gramo. La verdad es que tampoco suelo pesarme porque hace tiempo que decidí que a mí ni cristo crucificado me reducía a números, jaja. También soy peinaplayas porque en la arena me aburro y en Galicia eso de bañarse, a mis años, está un poco complicado con el agua a 17 grados. En casa somos andarines y nos metemos unas panzadas de senderismo que pa qué, jajaja. En fin, que dentro de un orden nos mantenemos en forma, que es lo importante. El problema es quemarse dos meses al año para ir a la playa quince días y los otros diez no pegar golpe. Eso tiene que ser muy malo para el cuerpo, creo yo. Y para la mente, ni te cuento...

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