LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

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Ya no toco nada

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Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

jueves, 13 de febrero de 2014

REVISITANDO A LOS COVERLAND EN EL MOOM57 07-02-2014

foto propiedad de FATA MORGANA
 
 Ya. Ustedes dirán que me he vuelto medio tolai para ir a ver a los mismos tíos por segunda vez en una semana. Yo lo considero una oportunidad única, teniendo en cuenta que el escenario era completamente distinto. Como señalé en la reseña anterior, el Tribeca, si bien se presta al rollito familiar, no es el lugar más indicado para una banda de rock dado lo exiguo de su escenario que, entre otras cosas, obligaba al batería Bruno Couceiro a situarse en segunda línea de playa y no poder mostrar su talento en todo su esplendor. Y, además, los músicos no son máquinas, son personas, y no hay dos conciertos iguales aunque sí lo sea el repertorio. El Moom57 ofrece un escenario mucho más agradecido a priori: tarima, juego de luces, expansión del sonido, monitores para la banda, etc. A cambio, es un macro bar pijo de múltiples ambientes donde te soplan por un gin tonic con tantas caralladas dentro como el  sombrero de Carmen Miranda la friolera de 7 leuros, tiene gorilón con pinganillo en la puerta y camareras de piernas interminables cubiertas con exiguas minifaldas o shorts que te miran así como en plan perdonavidas. El local es una pesadilla llena de recovecos laberínticos. Me perdí tres veces esa noche, y no, no fue por la bebida. Entre la oscuridad del local, que se presta más a darse el lote en el sofá que a otra cosa, las nosecuántas puertas que tiene, los cortinones, las cintas prohibiendo el paso y yo que no llevaba gafas, llegó un momento que me pareció que estaba en el Ikea con las luces apagadas. Pero bueno, yo había ido allí a ver a los Coverland y no a hacer senderismo. Y como había poco público, pues pude expandirme como el universo y fijarme en un montón de detalles que la vez anterior se me habían pasado por alto. Lo del poco público no me extraña, la noche era todavía más perruna que la anterior (enésima ciclogénesis, esta vez de nombre Ruth). En el local, todo acristalado para convertirlo en terraza en verano, hacía frío y llovía tanto que el agua empezó a filtrarse por las juntas de las cristaleras de la pared y el techo, formando un río en el suelo y haciendo llover sobre mi cabeza y sobre la del batería Bruno, que no cesaba de mirar hacia arriba con gesto de lógica preocupación.
Empezó el concierto y ya pude observar que Celso había cambiado la Fender del anterior por una Gibson que me hizo castañetear la piñata tanto como el frío reinante y despertó en mí unos deseos cleptómanos que no sabía que tenía. Tengo la peregrina idea de que con una guitarra así es imposible tocar mal, en fin... y llegó la primera agradable sorpresa para mis oídos: la linea de bajo en "Eleanor Rigby" que no había tenido oportunidad de escuchar la vez anterior porque estaba situada al otro lado. No fue la única oportunidad de lucirse que tuvo el bajista Ale Cambón esa noche: me entusiasmó en el "I feel good" de James Brown. El repertorio fue avanzando, Celso cogió la Telecaster para empezar el popurri de los Rolling y hubo un pequeño totum revolutum al comenzar "Satisfaction". Cosas del directo.
La revelación de la noche para mí fue el batería Bruno Couceiro. No es bueno, es cojonudo. Quizá pelín preciosista en algunos momentos, demasiado redoble, pero excelente y entregado a pesar de que tenía la tortura china de la gotera sobre su cabeza. También me gustó más esta vez el cantante Roy Phillips, que se cortó en algún tema en el que creo que podría haber subido más el tono. Ambas cosas me hicieron pensar en lo genial que les quedaría a los dos, batería y cantante, un tema o dos de Led Zeppelin en el repertorio. Esos parches están pidiendo un contrarritmo contundente a gritos, chicos. Vamos, que yo en mi cabeza ya estaba escuchando su versión de "Who lotta love", palabritadelniñojesús, con Bruno remedando a mi amado Bonzo y Roy botando peito en plan mi todavía más adorado Plant. Pobre Roy, empeñado él en que el tímido púbico se acercase más al escenario. En cualquier caso, se metieron al respetable en el bolsillo aunque no diésemos señales de histerismo groupie: todos coreamos las canciones y estuvimos atentos a la actuación. Y la media de edad no bajaba de los cuarenta, y ya nos empiezan a dar vergüencilla las muestras públicas de entusiasmo, lo cual no quiere decir que no lo sintamos. Creo que el momento delirante se produjo con el "Baba O'Riley" de los Who, la cual, como solemos decir por estos lares, tienen "mallada".
Por poder escuchar, también tuve oportunidad de fijarme en temas donde Celso doblaba la voz de Roy y en los cambios introducidos de su cosecha en algunos solos de guitarra (eso me gusta, todo lo que se salga de la regla me encanta), como sucedió en "Come together". Por cierto, Celso toca con Marlango el día 22 en Santiago, si desean verlo en otro contexto. La verdad es que se gasta el hombre una tecnología puntera de lo más molona, no hay más que ver el juego de pedales que tiene a sus pies.
En fin, que a pesar del frío, las goteras, el laberinto, las multifrutas del gin tonic, los baños camuflados y un sinfín de naderías que no citaré, me mereció la pena ir aunque sólo fuera para hacer el análisis comparativo que les acabo de exponer. Y que siempre es agradable escuchar buena música en directo, qué carallo. Ahora a los Coverland sólo les falta hacer como los Rolling y tener un repertorio distinto para cada tipo de escenario. Mejor que no haga más sugerencias y me calle la boca...

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