LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

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MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

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LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

sábado, 7 de febrero de 2009

EL SÍNDROME DEL ANDAMIO



Hoy cumplo 43 años, y se me ha venido a la cabeza algo que le oí decir a la sinpar Ketty Kauffman cuando, hace muchos años, daba una dieta para adelgazar a la que llamaba “La dieta del andamio”. Su fundamento era: “Si pasas por delante de una obra y escuchas piropos groseros, es que te sobran tres kilos. Bájalos”. Manténganlo en la memoria, porque dentro de un rato volveré sobre ello.

Las pruebas de que te queda poco tiempo de risa floja y juerga flamenca y de que pronto serás carne de olvido, cero a la izquierda, prototipo del ninguneado, etc, etc, etc, afortunadamente, no aparecen todas al mismo tiempo. Son insidiosas y sibilinas, y se van desarrollando durante un período más o menos largo, aunque no por eso te sientes menos agobiada, deprimida y cabreada.

La cosa empieza de un modo sutil, un día te das cuenta de que cada vez hay más gente que te llama señora. “Señora ¿Tiene hora?” pregunta una vocecilla infantil (me encanta Herodes); “Fulanito, cóbrale a la señora sus dos paquetes de tabaco” dice un sonriente Menganito mientras tú estudias seriamente la forma de acabar con su escultura dental; “Pepito, deja en paz a esa señora”, dice una mamá treinteañera al tiempo que piensas que si alguien te tiene que dejar en paz no es Pepito, sino su madre… en fin, los ejemplos son innumerables a la par que patéticos.

Segunda pista. Una mañana estás delante de tu armario pensando qué ponerte, y de repente ves que tu guardarropa no difiere demasiado del de Hannah Montana. Sales pitando a renovarlo acorde con tu edad tras haber donado todo a la beneficiencia o a las hijas adolescentes de tus amigas. Al mes cambias de opinión, te da vergüenza pedir a las susodichas la devolución de tu ropa sexy, vas a comprarte más y regalas la de señora a tu madre, que sabiamente la guarda en espera de que se la vuelvas a pedir en la siguiente crisis. Y pasas una buena temporada navegando por la dicotomía Pamela Anderson-Audrey Hepburn.

Tercera pista: aquel dolorcillo sordo en la espalda, o en el pie, o en el estómago, o donde sea, se ha convertido en un molesto compañero de eterno viaje sin posibilidad de divorcio. Puede llevar, y llevará, un acompañamiento todavía más espeluznante: un día descubres que no ves bien, o que no oyes bien, o que no te acuerdas de las cosas como antes. También pagas los excesos de años anteriores: las resacas duran tres días y te das cuenta de que bailar frenéticamente en las discotecas no era hacer ejercicio, y de que lo de beber dos litros de líquidos al día no incluía los cubalibres, habida cuenta de cómo tienes la musculatura y la piel.

Cuarta pista: cada vez pasas más tiempo delante del espejo, y no admirándote precisamente. Aquel mirarse una arruguilla y decirte a ti misma “no estoy nada mal para mi edad” se ha convertido en una ITV diaria que nunca pasas a la primera, con cada vez más puntos implicados: a la arruga del entrecejo se han añadido los surcos nasogenianos, las patas de gallo, los extraños pelos negros en cuello y barbilla, los collarines del cuello, la prueba del lápiz en los antaño pechos marmóreos, el colgajo del brazo, y aquello que in illo tempore eran nalgas ebúrneas y ahora empiezan a tener un sospechoso parecido con un portafolios viejo. Por no hablar de la morcillita que monta por encima de la rodilla, el tripón que se desparrama en cuanto te quitas los vaqueros o las múltiples manchas solares que van empezando a aparecer.

Quinta pista: cosas que has aborrecido siempre se convierten en tus mejores amigas: las gafas disimulan bolsas, ojeras y patas de gallo, porque ya no tienes buena cara si no duermes ocho horas mínimo; los jerséis grandes son más apreciados que el caviar iraní algunos días del mes; prefieres no tener para comer que llegar a casa y no encontrar tu chándal y zapatillas; la manta eléctrica se convierte en tu electrodoméstico fetiche y en el de tus cervicales; no concibes salir a la calle sin maquillar ni para comprar el pan y ya no miras los anuncios de Corporación Dermoestética con tanto desprecio como antes. O al revés, empiezas a odiar con toda tu alma cosas o personas que antes te resultaban indiferentes, empezando por Newton y su maldita ley de la gravedad, pasando por la báscula y acabando por el más que seguro misógino que inventó el tanga.

Sexta pista: cada vez ocupas más. No sólo tú, también tus potingues en el cuarto de baño. De la cremita hidratante mañanera has pasado a un montón de ungüentos que empiezan por anti: antiedad, antiarrugas, anticelulítico, antiestrías, anticaída del cabello… ¿Cómo no va a deprimir cumplir años cuando todo contiene palabras tan negativas?

Pero la gran pista, el pistón, la madre de todas las pistas antes de las dos definitivas, a saber, la cartita de la Seguridad Social llamando a la mamografía como quien llama a filas y la llegada de la menopausia, es lo que yo he dado en llamar “el síndrome del andamio”, que paso a explicar a continuación.

Sabido es que por algún extraño motivo que no alcanza a mis neuronas ni a mis hormonas, los obreros son capaces de ver dos tetas a trescientos metros mientras sueldan alguna asquerosidad con una máscara de amianto en la cara desde un andamio a veintisiete pisos de altura. Durante muchos años fueron mi pesadilla y la de muchas mujeres, no porque mi aspecto físico destaque en modo alguno, sino porque les suele servir cualquier cosa y el ciento veinte por ciento de las veces me soltaban alguna perla. En mi juventud evitaba pasar por delante de las obras, ya que normalmente al delicado piropo solía contestar con alguna de las frases corteses propias de mi exquisita educación en colegio de monjas, como por ejemplo: “me cago en tu puta madre” o “cállate capullo, que no te la encuentras ni para mear”, cuando no salía como alma que lleva el diablo mirando aviesamente al grosero piropeador.

Pues bien, ahora ni eso. Hace tiempo que puedo pasearme por delante de cualquier construcción sin zozobra ni inquietud. Digo más, he probado a infiltrarme entre los jubilados que suelen pasar su mucho tiempo libre este tipo de eventos y nadie se ha fijado en mí. Estoy acabada, como mujer objeto, digo. O más, bien, como mujer objeto de deseo, porque objeto sigo siéndolo y mucho: soy cocina, plancha, fregona, carrito de la compra y muchas cosas más.

Total, que en vez de pensar en positivo, es decir, que si no me dicen nada es porque no me sobran kilos, he pensado en negativo, que no se fijan en mí porque lo que me sobra son años. Sólo me queda sentarme a esperar la definitiva retirada de mis molestias menstruales y ponerme como una foca con la terapia hormonal sustitutiva. Nadie dijo que el paso de muñeca Barbie a muñeco Michelín fuera fácil, pero no me imaginaba que se me iba a antojar una subida al Tourmalet.

 

 

12 comentarios:

  1. Te deseo muchisimas felicidades!

    Yo ya he pasado por todos los puntos que estupendamente describes y sabes que te digo?
    Que mecanto!!!.
    Creo firmemente que cada arruguita que me traia a mal traer, etc, etc, han configurado esta estupenda "señora madura"(al menos mi marido me lo confirma y con eso me vale).

    Que te regalen muchas cosas porque te las mereces!... y que cumplas muchos masssssss.

    Besos

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  2. Jajajaja describes perfectamente una situación que aún no has empezado a vivir jajajaja CON LO BIEN QUE ESTÁSSSSSS jajajajajaj
    En serio:
    Me encanta cómo escribes ,eres amena y de forma habitual,me alegras el día.
    FELICIDADES BONITA..te lo deseo DE TODO CORAZÓN .Un beso

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  3. Muchas gracias, niñas, sois un encanto.
    Además, estáis estupendísimas las dos, ya lo sabéis.
    Puche, además tú sólo tienes quince añitos ¿No? jaja

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  4. Muchisisisisisisisimas felicidades!!!!!!!!!!!!!!
    pero que joven eres!!!!!!!!!!!

    Jajajajajajajajajaja. Le doy toda la razón a Elena. Pero también es verdad que tenemos miles de cosas con el anti- y que no dejamos de usar.
    Lo importante es como que somos por dentro!!!!! Y al que no le guste que no mire.

    Que te regalen muchísimas cosas, que cumplas muchisisisimos más y espero conocerte pronto.

    Besos

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  5. NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO, POR FAOOOOOOOOOOOOOR, NOOOOOOOOOOOOOOOOOO.
    Que yo voy detrás de ti, me has dejado hecha una kk... me voy al espejo a ver si me encuentro el surco ese geniano, jajajajaja
    Bsssssssssssss
    Cloti

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  6. Me he reído un montón, tienes toda la razón pero estoy todavía en la etapa de negamiento cerril, jajaj, todo llega, MUCHISIMAS FELICIDADES SOCIA

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  7. Cloti, mujer, ya sabes que yo soy un "poquito" exagerada, y a ti, además, nunca te va a pasar nada de eso porque eres divina de la muerte, jaja. BSS.

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  8. Muchisimas felicidades Morgana un besazo enorme smuakssssssssssssss
    Pero que sepas que me he deprimido si si, cumplo todos los puntos anda que no jajajajajaja como me he reido coño jajajajaja.
    Un besazo preciosa

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  9. Muchas gracias, Rosa. Me encanta lo puntual que eres para leer mis gansadas, jaja. Da gusto tener una seguidora como tú, la verdad es que sois todos estupendos y me lo estoy pasando genial hoy.

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  10. a mi me falta algun piunto de pasar y alguno que me ha dado toques antes de tiempo... muy bien definido y ya sabes q me t tienes como tu fan number guan!

    y esverdad NOS ALEGRAS LOS DIAS.

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  11. ... pero no las noches, jajajajaja. Gracias, Glenda, eres un encanto

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  12. Felicidades.
    Las cosas tienen su momento. Para poder disfrutar de lo que tienes es importante saber que lo que tienes te da la fuerza de vivir intensamente.
    Un beso gordo

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