LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

viernes, 23 de octubre de 2009

HASTA SEPTIEMBRE







1
Como todos los años, Pedro fue a buscar las notas la mañana del 23 de junio. Como todos los años, llevaba un nudo en el estómago. Pero la diferencia esta vez era que el nudo había crecido alarmantemente, como un embarazo psicológico. El niño aplicado de antaño se había convertido en un adolescente rebelde de dieciséis años, y aunque había apretado lo suyo en el último mes, mucho se temía que no iba a pasar limpio. Y eso suponía un verano de condenación, porque sus padres eran tremendamente estrictos con el tema de las notas.
Sus peores temores se confirmaron cuando le entregaron el boletín: cuatro asignaturas para septiembre. Dos eran una chorrada, pensó Pedro con desprecio: informática y música, eso se sacaba con la gorra… pero las otras dos eran lengua y matemáticas, cosa que podía comprometer y mucho su titulación en septiembre. Y lo haría, porque Pedro no había tocado un libro en todo el año de ambas asignaturas, y no tenía la menor intención de hacerlo en verano, tenía planes mucho más atractivos, como, por ejemplo, dedicarse a su reciente novia, Laura, la más guapa y deseada del colegio.
Notas en mano, Pedro se dirigió a casa de su amigo Julián, lo que se dice un verdadero crack de la informática, que en un periquete le proporcionó un boletín falsificado por el módico precio de cien euros, como llevaba haciendo todo el curso. A Pedro no le importó invertir todos sus ahorros en el ingenio, las notas que figuraban en el nuevo boletín eran tan buenas que sus padres y abuelos lo cubrirían literalmente de billetes de veinte. Esa noche podría llevar a Laura a todas las atracciones de la verbena de San Juan. Como aún le sobraba algo de sus ahorros, hizo una parada en casa de su amigo Eloy para comprarle veinte euros de hachís con vistas a fumárselo con su novia esa noche, a ver si había suerte y con la fumada conseguía rendirla de una maldita vez. Laura era muy mona, sí, pero tremendamente tradicional para algunas cosas.
-¡Qué maravilla de notas, hijo! Ven que te bese –exclamó su madre cuando le enseñó el boletín. Durante diez minutos, Pedro tuvo que soportar besos, caricias y carantoñas. Pero todo valía con tal de que su madre le aflojara algo. Entre el padre y ella consiguió cien euros. Pedro sonrió satisfecho: había recuperado su inversión.
Pasó la tarde recaudando por las casas de tíos, abuelos y padrinos y, cuando llegó la noche, fue a buscar a Laura y se fueron juntos a la verbena.
-¿Te han montado mucha bulla? –preguntó Laura, que sí sabía las verdaderas notas de Pedro.
-Qué va… no te preocupes y vamos a divertirnos.
Subieron a todas las atracciones y se unieron al botellón más cercano. Uno de los de su clase comentó que algunos profesores andaban por ahí divirtiéndose en la verbena. Otro dijo que no sabía que los profesores conocieran el significado de la palabra diversión y todos se rieron. Pedro se sintió aburrido y propuso a Laura dar una vuelta para fumar un canuto con tranquilidad. Ella aceptó y se dirigieron a un sitio oscuro, un poco a desmano de la pista que llevaba al campo de la feria.
Pedro sacó una china y se dispuso a quemarla, pero entre que soplaba viento fuerte y que no dejaba de ir y venir gente, acabó perdiendo la paciencia.
-Mira, vete un rato con tus amigas y ya te iré a buscar cuando esté hecho –propuso a Laura –Buscaré un sitio más tranquilo y con menos viento. Liaré cinco o seis y ya tenemos para toda la noche.
Laura estuvo de acuerdo y se perdió en el bullicio de la fiesta. Pedro echó a andar sin rumbo fijo durante un buen rato, hasta que llegó a un claro donde ¡por fin! estaba completamente solo. Se sentó en una piedra de las que marcan los lindes y se dispuso a completar su trabajo, cuando unas risitas lo interrumpieron. Venían de no muy lejos, hacia la izquierda.
Orientándose gracias a la débil luz de la luna, Pedro se acercó sigilosamente al lugar de donde procedían las risas y su sorpresa fue mayúscula.
Una pareja reía y se abrazaba sentada en el bocal de un pozo de piedra, única construcción en aquel claro. La luna los iluminó. Entonces Pedro no tuvo la menor duda de quiénes se trataban: eran el profesor de lengua y la profesora de matemáticas. Distinguió sus cabezas rubias juntas. Pedro solía decir: “son tan guapos como hijos de puta”.
Pedro se resguardó en una zona oscura y esperó acontecimientos.
-Estoy muy contenta, este año ha suspendido muy poca gente –decía ella.
-Sí, yo también he cargado a muy pocos –contestó él –Sólo a los que realmente se lo merecían. Pedro, por ejemplo: no ha hecho nada en todo el curso. Espero que se pase todo el verano hincando codos.
-¡Pues si vieras lo majo y estudioso que era hace unos años! Se ha estropeado completamente, qué pena –continuó la profesora.
-En fin, olvidémonos de ellos y concentrémonos en nosotros –le dijo él con una voz cargada de insinuaciones.
Pedro notó cómo la sangre empezaba a hervirle desde su escondite. Ni por un momento pensó que si sus notas habían sido nefastas todo era culpa suya por no estudiar. Y se cegó, fue como si una mano gigantesca le hubiese arrebatado el cerebro de repente. Aprovechó un apasionado beso de la pareja para abandonar su escondite, dirigirse a ellos, cogerles los pies y arrojarlos al pozo. Todo ello le llevó menos de un minuto.
Se oyeron unos gritos y un chapoteo. Pedro esperó, aguardó a escuchar síntomas de lucha, peticiones de socorro. Pero no oyó nada. Sólo el silencio.
Pedro esperó unos minutos y, dándose por satisfecho, se marchó a encontrarse con su novia.
-Cúanto has tardado –le recriminó ésta en cuanto lo vio.
-Tuve… tuve que irme bastante lejos, tenía miedo de que pasaran mis padres o mis tíos en cualquier momento –balbuceó Pedro.
-Vamos a mi casa, Pedro. Mis padres no están –respondió Laura echándole los brazos al cuello.
En cuanto Laura lo abrazó, Pedro sintió que una náusea gigantesca lo invadía, crecía en su interior y subía por su esófago. Tanto tiempo esperando y ahora que se lo ponían en bandeja de plata, tenía ganas de vomitar. ¡Pero si casi no había bebido!
Pedro se sintió por un momento al borde de la muerte y vomitó escandalosamente lo que le parecieron litros de algo verde y pegajoso encima de su novia, que al instante tuvo aspecto de moco gigante. Laura empezó a chillar como una loca, la gente se acercó a ver que pasaba y Pedro, muerto de vergüenza, aprovechó para escabullirse. Se dio cuenta de que, para él, la fiesta había terminado.

2
Fue la humedad en la cama lo que despertó a Pedro a la mañana siguiente. Contempló atónito las sábanas mojadas. ¡Pero si él no se hacía pis en la cama desde que era un bebé! Cogió las sábanas y las tiró en la cesta de la ropa sucia del baño. A pesar de todo, seguía teniendo la vegija a reventar, así que aprovechó el viaje.
Sofocó un grito cuando vio que la orina estaba teñida de sangre. En ese momento, su madre llamó a la puerta:
-Hijo, Laura al teléfono.
Menos mal, creía que después de lo del día anterior no iba a querer saber más de él. Se puso al teléfono y escuchó las torpes excusas de Laura para comunicarle que a partir de entonces les iba a resultar dificilísimo verse. Pedro supo leer entre líneas: Laura lo estaba despachando. En cierto modo, lo entendió; él también habría despachado a una novia si lo hubiera cubierto de vómitos verdes.
A partir de entonces, todo fue mal. Laura empezó a salir con Jose, el hasta entonces mejor amigo de Pedro. A Pedro le daba ganas de vomitar verlos tan acaramelados y enamorados. La verdad es que ya no sabía si era eso lo que le daba náuseas, porque desde la famosa noche de San Juan vomitaba todos los días, incluso varias veces. También orinaba sangre todas las mañanas y se hacía pis en la cama. Entonces adquirió el convencimiento de que iba a morir. No sabía cuándo ni cómo, pero decidió enclaustrarse en casa a esperar el momento.
-No sé qué haces metido en casa todo el día con el buen tiempo que hace –refunfuñaba su madre –Sal y diviértete, vete a la playa con tus amigos.
-No me apetece –dijo Pedro con voz lúgubre –Prefiero quedarme a estudiar… ir adelantando para el año que viene.
La madre salió del cuarto de su hijo a punto de reventar de orgullo. ¡Con las notazas que había sacado y quería estudiar para el año que viene…! Tenía que contárselo a todas sus amigas.
Si Pedro estaba arrepentido de lo que había hecho, imposible saberlo. Nunca le daba tiempo a pensar en ello. Cuando no estaba vomitando se estaba cambiando de ropa, pues su vejiga se había convertido en una especie de manguera que soltaba chorro sin avisar. Los primeros días anduvo ojo avizor a ver si la prensa decía algo. Efectivamente, los periódicos y la televisión se hicieron eco de la misteriosa desaparición de ambos profesores. Se denunció el hecho y la policía, la guardia civil e incluso los vecinos estaban haciendo batidas por los montes buscándolos. Cada vez cobraba más fuerza la teoría de que habían huido juntos por algún motivo, aunque nadie sabía con certeza si mantenían algún tipo de relación. Pedro rezaba para que el tiempo se mantuviera lluvioso y el pozo no se secase, pues en ese caso el hedor de los cuerpos llamaría la atención.
Durante su encierro autoimpuesto, Pedro intentaba entrar en internet y mantener lo que le quedaba de su ya patética vida social por lo menos entrando en tuenti y en algún chat, ya que allí no sería evidente si vomitaba o se meaba. Pero, curiosamente, internet también le falló, de tal manera que sólo tenía acceso a las páginas de noticias y a las de información, enciclopedias, etc. Se estaba volviendo loco, esperando la muerte mientras se meaba y echaba la pota continuamente, se dijo a sí mismo.
Otro horror más se vino a sumar a los ya conocidos: unos días después, Pedro se despertó por la mañana con la cama mojada, como siempre, y además con el cuerpo cubierto de unos escarabajos asquerosos y negros. Esta vez sí chilló con todas sus fuerzas y su madre acudió al punto.
-Eso es alguna invasión de bichos, cariño –explicó –Anda, si te has hecho pis y todo del susto.
Pedro sólo gritó aquella mañana; cuando a la siguiente el fenómeno insecto se repitió, ya lo tenía asumido. Sabía de sobra que no era más que otra señal de que el momento de su fin se acercaba. ¡Pero no podía seguir pensando en ello sin volverse loco! De un manotazo, en un rapto de desesperación, tiró todos los libros del estante superior del armario y uno de ellos le cayó en la cabeza. Era el libro de matemáticas.
Pedro pensó que en algo tenía que ocupar su tiempo para no enloquecer y cogió el libro, abrió una página de ejercicios y se puso a hacer problemas. No le parecieron tan difíciles como durante el curso y, por lo menos, pasó la mañana con cierta tranquilidad. Después de comer, y tras vomitar y mearse por encima como de costumbre, decidió probar con un poco de lengua en vez de con los números y consiguió estar toda la tarde analizando poemas renacentistas sin hacerse pis ni una sola vez.
La situación fue mejorando en los días siguientes hasta casi normalizarse. Tanto, que un día Pedro quedó con sus amigos para ir a dar una vuelta, pero nada más llegar se meó y tuvo que volverse antes de que nadie se diera cuenta. Así que decidió enclaustrarse otra vez y no salir nunca jamás hasta que le llegase la muerte. Y como no sabía en qué gastar su tiempo, retomó el estudio.

3
A finales de agosto Pedro seguía vivito y coleando. No se sabía nada de los profesores y él casi estaba curado de sus extraños males. Como los exámenes se aproximaban, se aventuró a presentarse, a ver si había suerte y su vejiga y su estómago se comportaban decentemente. Total, no tenía ya nada que perder. Llamó a un amigo que le informó de las fechas: serían el uno de septiembre.
La noche del 31 de agosto Pedro se acostó con la conciencia tranquila. Quizá moriría, sí, pero se sabía las cuatro asignaturas de repapilla, llevaba dos meses sin salir, ya no consumía alcohol ni drogas, se había vuelto un buen chico.
Entonces se dio cuenta de la terrible verdad. Había matado a dos personas. Y sin motivo, porque la culpa de sus supensos, ahora que llevaba las asignaturas bien preparadas, sólo había sido suya. No podría vivir con aquel remordimiento. Decidió que haría los exámenes y después… después lo más digno era el suicidio. Pero ya lo pensaría cuando acabase las pruebas.
Hacía calor aquella noche y Pedro durmió con la ventana abierta. Su sueño fue agitado y a las tres de la mañana se despertó notando otra vez humedad. Se tocó el pijama y vio que estaba seco, qué raro. Encendió la luz de la mesilla y notó que todo el suelo estaba mojado. Levantó la vista hacia la pared y entonces los vio. Exhaló un grito ahogado y se retrepó en la cama, cubriendo su cuerpo con la almohada a modo de protección.
Los que antaño habían sido sus bellos profesores permanecían de pie tranquilamente, mirándolo con sus cuencas vacías. No eran más que esqueletos con una piel muy fina adherida, los cabellos blancos y estropajosos y la ropa hecha jirones. Pedro los observaba fascinado y aterrorizado a la vez. Entonces un ruido horrible procedente de la ventana abierta le hizo mirar en esa dirección: miles de escarabajos estaban entrando en la habitación. La profesora de matemáticas extendió sus huesudas manos hacia él, y Pedro entendió perfectamente la orden.
-Está bien… estoy preparado.

4
La débil luz de la mañana despertó a Pedro a las siete. Se quedó perplejo. No sabía que los muertos dormían.
A continuación, un hedor repulsivo inundó la habitación. Pedro comprendió enseguida lo que había pasado y todavía alucinó más. Tampoco habría imaginado que los muertos se orinaban y otras cosas peores.
Abrió los ojos del todo y observó los contornos. Seguía en su habitación. Alargó la mano y cogió el abrecartas en forma de sapo que tenía desde niño. Se pinchó la mano y le dolió. Eso quería decir que estaba vivo, pensó.
Intentó levantarse y algo, un peso muerto, se le cayó del pecho. Horrorizado, comprobó que se trataba de un diccionario y una calculadora. No eran suyos.
Entonces recordó que era la mañana de los exámenes y decidió empezar a funcionar: ya pensaría en todo eso después. Se dirigió penosamente a la ducha y, además de asearse, lavó las sábanas y el pijama. Aireó la habitación e hizo la cama. Ni rastro de escarabajos.
Tras desayunar y dejar una nota diciendo que había ido a dar un paseo, se dirigió al colegio. Estuvo mucho rato en la puerta pensando quién demonios se encargaría de hacer y corregir los exámenes de lengua y matemáticas. No tenía ni idea de cómo se hacía en esos casos. También estaba preocupado por si se hacía pis o tenía náuseas durante las pruebas.
Sonó el timbre y Pedro se dirigió al aula correspondiente. Aprovechó los últimos minutos para repasar para el examen de matemáticas. Un taconeo en el pasillo le informó de que alguien venía a examinar.
-Pedro… ¿te encuentras bien? –Era la profesora de matemáticas quien se dirigía a él sacudiéndolo por los hombros. Ella… con su melena dorada y su sonrisa radiante. ¿Cómo había logrado salir de aquel pozo?
-Sí, profesora. Por mí podemos empezar.
El examen comenzó y Pedro se quedó atónito al leer el planteamiento del primer problema:
-Si el diámetro del bocal de un pozo es de 1 m…
¿Estaba de broma? Demasiada casualidad. Pedro la miró de soslayo y le pareció que ella le sonreía.
El examen constaba de diez problemas y absolutamente todos versaban sobre pozos, ya fuesen de trigonometría, de geometría o de ecuaciones de segundo grado.
Al entregar el examen, que por cierto le había salido bastante bien, Pedro no sabía si hablar con la profesora o no, pero ella se le adelantó.
-¿Qué tal el verano, Pedro?
-Este…bue… bien, profesora. Es… tudiando, ya ve. ¿Y el… suyo?
La profesora le guiñó un ojo.
-En fin… algo pasadillo por agua, qué le vamos a hacer.
Pedro se dirigió al siguiente examen completamente anonadado.
A última hora, hizo el examen de lengua. Ya no le sorprendió ver al profesor de siempre al frente de la prueba, ni le hizo el menor efecto ver que todas las preguntas del cuestionario tenían algo referente a un pozo, ya fuese decir su significado, descomponerlo en monemas, o hablar sobre la metáfora del pozo en la obra de Federico García Lorca.
Tampoco le llamó la atención que el profesor se interesase por sus vacaciones cuando entregó el examen.
-Bien, profesor. Estudiando mucho. ¿Y usted?
-Bueno… no han sido lo que yo me esperaba. Las podría calificar de… desconcertantes, sí.
-Verá, es que como dijeron que había usted desaparecido, pues…
-Oh, eso –el profesor hizo un gesto como para quitar importancia al asunto –Pero tú y yo sabemos que no fue así ¿Verdad?
Pedro no supo qué contestar y se alejó. El profesor se despidió con la mano.
-Adiós, Pedro.
-Adiós, profe.

5
Pedro aprobó en septiembre con sobresalientes en todas las asignaturas y sus padres jamás se enteraron de que había suspendido en junio. Aprendió la lección: al año siguiente fue el primero de la promoción. No volvió a plantearse durante un tiempo si lo de la noche de san Juan y todo lo ocurrido ese verano había sido un sueño, real o producto de su imaginación. Decidió llevar una vida tranquila y sencilla y no meterse en líos.
Una tarde se encontró con los profesores de matemáticas y lengua por la calle. Él ya estaba estudiando en otro centro.
-Hola, Pedro –dijeron a la vez. Iban cogidos de la mano.
Pedro los saludó con una mezcla de miedo, respeto y timidez. Ellos hicieron como que no se daban cuenta y charlaron jovialmente. Le contaron que iban a casarse y que se habían comprado un terreno cerca de donde él vivía.
-¿Sabes cuál es? –preguntó el profesor –Ése que está cerca de la explanada donde se hace la fiesta de San Juan… ¿Sabes cuál te digo?
Pedro sintió un estremecimiento y creyó percibir un brillo extraño en las pupilas del profesor.
-Creo que sí sé cuál es –respondió –Pues enhorabuena.
-¿Te gustaría regalarnos algo por la boda? –preguntó la profesora con descaro.
-¿Yo? –la confusión de Pedro llegó a extremos inimaginables –Pues… claro. ¿Algo en especial?
La profesora sonrió.
-Pues mira, ya que lo dices… no nos vendría nada mal una de esas tapaderas de metal para cubrir el pozo… es tan peligroso… pero claro, eso tú ya lo sabes ¿No?
-¿Yo? –Pedro enrojeció -¿Por qué debería yo saberlo?
-Hombre, a los niños siempre se les dice que no se asomen a los sitios peligrosos. Tu mamá te lo habrá dicho de pequeño.
Pedro bajó la mirada y entonces reparó en los pies de la profesora. Llevaba sandalias y en el pie derecho sólo tenía tres dedos.
-¿Qué le ha pasado?
-Oh, nada… una mala caída que tuve hace tiempo. Caí en un sitio de difícil acceso y al intentar salir, me rompí los dedos por varias partes y me los tuvieron que amputar. Una tontería.
Pedro palideció esta vez.
-Cuánto lo siento.
-No me cabe la menor duda, gracias.
-Tengo que irme –Pedro fingió consultar su reloj –Espero verles de nuevo.
-Ten por seguro que así será, querido muchacho –dijo el profesor dándole unas palmaditas en el hombro. A partir de ahora seremos vecinos.
Pedro se alejó consternado. Semejante proximidad le ponía los pelos de punta. Aún así, apuró el paso, iba a llegar tarde a su clase de matemáticas.


FIN

domingo, 18 de octubre de 2009

ASESINATO EN LA COCINA II: VENGANZA Y SACRIFICIO



-Cuéntanos más, Chefo.
Por una vez en la vida, Thermo estaba callada e instaba a hablar a otro, vaya milagro.
Thermo esperó la continuación con avidez, moviendo sus cuchillas en velocidad uno.
-Es un sitio horrible, no tengo más que decir –continuó Chefo lúgubremente –Hace frío, hay bichos raros, la electricidad va fatal… ¿Para qué quieres saberlo si lo vas a comprobar por ti misma dentro de un par de horas?
El ama asomó la cabeza y fijó su vista en las tres máquinas, ahora juntas encima de la mesa.
-En quince minutos nos vamos –anunció con su acostumbrado tono autoritario.
Un año después del “affaire thermomix” y de haber ganado el concurso de cocina con máquinas, el ama estaba de todo menos relajada. A consecuencia del mismo, una editorial la había contratado para publicar un libro con las recetas ganadoras y unas cuantas más de acompañamiento. Henchida de vanidad, el ama había aceptado el encargo pensando que le iba a dar tiempo de sobra para cumplirlo, pero hete aquí que quedaba menos de un mes para entregar las recetas y aún le faltaban unas cuantas por experimentar. Entre el trabajo y el cuidado de su familia se veía pillada de tiempo, y su estrés y mal humor crecían día a día. Así que decidió pedir un mes sin sueldo y retirarse a acabar las recetas con sus tres máquinas a una casita que tenía perdida en la montaña. Cuando les comunicó su decisión, Chefo, que iba a aquella casa todos los veranos, puso el grito en el cielo.
-Ama, no, por favor… es un sitio horrible y aburridísimo.
El ama frunció el ceño.
-Vale… tú realmente no tienes por qué ir, casi no te voy a necesitar. Puedes esperar mientras en casa de mi madre.
La sola mención de la madre del ama hizo que Chefo se callara inmediatamente. Pensó que, por lo menos, estaría con sus amigas, así que decidió no insistir más y dejar de quejarse.
El gato de la casa, un animal grande y negro de ojos verdes, se subió limpiamente a la mesa y frotó su peluda cabeza contra la chefo, ronroneando con fruición. Ésta giró su pala de amasar con disgusto.
-Y para colmo, éste también viene… el ama dice que será útil para los ratones –rezongó.
-¿Ratones? –G despertó de su sueño eterno con un respingo -¿Hay ratones allí? ¡Odio los ratones, Chefo! ¡Ya lo sabes! ¡Los odio desde el día que…!
La GM se calló de repente, recordando el pacto de silencio que había entre las dos sobre aquel asunto.
Por lo menos no tendremos que ver a esta presumida –Continuó la chefo mirando hacia la nueva adquisición con disgusto.
La bonita cafetera Nespresso, que se había unido a la familia en enero, se echó a reír. Tenía muy buen humor y aceptaba con alegría las bromas y pullas de sus compañeras. La llamaban Ness. Bueno, menos la chefo, que la llamaba el monstruo del lago Ness.
-Os echaré de menos, chicas –dijo –Creo que George va a venir a verme mientras estéis fuera.
Thermo se echó a reír ante la broma, pero las otras dos simplemente la ignoraron. Todavía no habían aprendido bien del todo la lección del año anterior, y los celos se apoderaban de ellas con facilidad, sobre todo de Chefo. El pecado original y capital de G seguía siendo la pereza, así que mientras la dejaran dormir, todo iba bien.
-Vámonos –dijo el ama cogiendo al gato por el cogote y metiéndolo en su transportín. Thermo, por favor, a la bolsa.
Las otras dos contemplaron con envidia cómo una sumisa Thermo se dejaba introducir en su bolsa acolchada de diseño exclusivo, con su nombre y todo. La chefo y la GM irían a pelo en el coche, en el maletero.
-Por lo menos no tendremos que oírla cantar durante todo el viaje –dijo G a su amiga a modo de consuelo. Y nosotras podremos ir cotorreando a nuestras anchas.
Pero el ama llevaba tal cantidad de cosas para para pasar aquellos quince días que no había sitio para ellas en el maletero, así que tuvieron que acomodarse las tres en el asiento de atrás junto al gato, que de inmediato empezó a ronronear cuando la chefo se puso a su lado.
Thermo comenzó a quejarse desde su encierro, se aburría y quería estar con las demás. Tan pesada se puso que hubo que abrirle la cremallera.
-Pero si cantas te abandonaré en una cuneta, lo juro –amenazó el ama.
-¿Y hay otras máquinas allí con las que jugar, Chefo? –preguntó la Thermo ilusionada.
-Psss, las que fueron desterradas cuando tú llegaste, así que no creo que te reciban muy bien: la picadora, la batidora… y además la cafetera, la que había antes de que llegara Ness.
-Hay muchas máquinas de jardín –intervino el ama mientras se incorporaba en la autopista.
-Es cierto –corroboró Chefo –Un cortacésped odioso que hace mucho ruido, hace más ruido que tú, Thermo… y una desbrozadora también y… -Chefo se estremeció –Una motosierra horrible, grande, con muchas cuchillas, me da mucho miedo. Se llama Texas. Pero nunca entran en casa, ninguna de ellas –añadió con alivio.
-De todos modos no vamos a jugar, Thermo –dijo el ama –Os recuerdo que vamos a trabajar de firme. Hay que hacerlo si queremos ver ese libro publicado.
La GM gimió con disgusto ante esta declaración y se encogió todo lo que pudo en el asiento.
El viaje duraba una hora y media y las máquinas miraron el paisaje con curiosidad. Pasaban por pueblos y más pueblos, lugares que se les antojaron muy aburridos, con poca gente en las calles.
-¡Menudo despoblamiento! –murmuró Thermo asombrada.
-Pues espera a que lleguemos –protestó Chefo –No tenemos ninguna casa alrededor ¿Verdad, ama? Sólo unos vecinos a unos doscientos metros que tienen un perro odioso.
-En eso reside el encanto de la casa, Chefo –contestó el ama –Es un lugar para descansar, aislado del mundanal ruido.
El ama no lo confesaba, pero pasaba un miedo cerval durmiendo sola en aquella casa, no lo podía remediar. Y tres máquinas y un gato no la iban a hacer sentirse más protegida.
-¿Y no echarás de menos a tus trogloditas, ama?
El marido y el hijo del ama se habían quedado en la ciudad, obligados por sus quehaceres. Las máquinas suspiraron aliviadas al enterarse, el niño era muy travieso y siempre les estaba haciendo perrerías diversas.
-No. Voy centrada en trabajar –Contestó el ama tajantemente.
De repente, la chefo exclamó asombrada:
-Mira, ama… el polígono industrial. Qué avanzado está, han construido mucho desde la última vez que vine por aquí.
-Pues sí, empezará a funcionar en breve –contestó el ama mirando a su vez las grandes naves industriales que estaban a ambos lados de la carretera. Eso quiere decir que estamos llegando, chicas.
Las máquinas se aplastaron contra las ventanillas para ver mejor. Enfilaron la carretera secundaria hacia la casa, el ama se detuvo delante de un portón y se bajó a abrirlo. En ese momento el gato, que venía mareado, vomitó encima de Chefo, que se puso furiosa.
Una vez arreglado el estropicio, las máquinas miraron hacia lo que iba a ser su hogar durante los próximos quince días. Una finca enorme y agreste se extendía ante su vista, sólo interrumpida por la casita, situada en mitad del terreno. Se dirigieron a la puerta de entrada; unos metros más allá, había una pequeña piscina.
-No está mal, ama –dijo la thermo –Ahora, supongo que no tendrá muchas comodidades ¿eh?
-Para lo que tú estás acostumbrada, no –contestó el ama –Vamos dentro, hace frío y tengo que encender el fuego.
La diminuta casa tenía una planta baja con salón-comedor-cocina, un dormitorio pequeño y un cuarto de baño. Arriba estaba el dormitorio de los amos.
El ama liberó al gato, colocó las máquinas encima de la mesa del comedor y se dispuso a encender la estufa de leña. Afortunadamente, había una buena provisión de troncos.
-Qué frío hace, ama –protestó G –y eso que sólo estamos a mediados de octubre. Esto en diciembre tiene que ser horroroso.
-Venga, menos quejarse y vamos a instalarnos –contestó el ama.

EL RESTO, EN MI PÁGINA DE SAFECREATIVE

miércoles, 14 de octubre de 2009

PLAN ¿E?



Mi querida colega y amiga Hortensia Lago me ha tirado de las orejas por no publicar en el blog desde hace un mes y tiene toda la razón. Le dije la verdad pura y dura: estoy vaga. Tengo muchos planes en la cabeza pero no soy capaz de teclearlos: iba a hacer una reseña de restaurantes, una crítica de cine, iba a abrir dos secciones nuevas... bla, bla, bla. Me he dejado llevar por esta inercia nacional y de nacional precisamente versa el tema sobre el que hablaré hoy.

Como el mundo que me rodea me da bastante por aquel sitio, creo que he debido de ser la última persona en enterarme (en diagonal, of course) de lo que es el Plan E. Hace unos seis meses fui consciente de tan magna iniciativa porque cada vez que quería hacer una maniobra con el coche la calle estaba cortada por obras encabezadas por un cartelón enorme con el nombrecito en cuestión. Fíjense si seré pava que no me di cuenta del palito superior de la E (¿en forma de ceja enfurruñada, quizá?) y creí que la E era una T y me dio por pensar que lo que ponía era Plant y me dije a mí misma: ¿y qué coño tendrá que ver Robert Plant en esto? Durante un tiempo fantaseé con la idea de que las obras estuviesen encaminadas a poner hilo musical en las calles con los grandes éxitos de Led Zeppelin a toda caña para educar los oídos y orejas de la población. Triste de mí, no era por eso. Mi rocanrolera imaginación me había vuelto a traicionar.

La segunda vez que pensé seriamente en el tema fue cuando vi que el acceso a mi refugio montañés, situado, dicho sea de paso, en el culo del mundo, estaba interceptado por unos canalones gigantes y el cartelón de los coj... Después de medio millón de años alguien decidió que mis vecinos y yo ya estábamos preparados para tener agua de la traída en vez de pozo. Entonces y sólo entonces empecé a vislumbrar la magnitud de la tragedia que se nos venía encima y que, en mi caso, se materializó en forma de cartelón cejijunto la semana pasada en dos frentes simultáneos.

Soy una persona de vida rutinaria: del trabajo a casa y de casa al trabajo. Pues da la casualdidad de que ambos lugares lucen un hermoso cartelón cejijunto con todo su acompañamiento de taladros, polvo, decibelios y obreros. Cada día es una aventura para mí, pues nunca sé si he elegido el camino correcto para llegar a mi trabajo, puesto que parece ser que el Plan E no contempla usar señales para advertir a los conductores de cuándo a cuándo permanecerá la calle cerrada, etc, etc, etc.

Por otro lado, y muchísimo más grave por lo que a mí me toca, está el tema de mi casa: vivo en una calle que comunica con las demás por medio de un puente. Tras años y años quejándonos al ayuntamiento del estado del puente, han decidido arreglarlo, pero en vez de dejar un mínimo espacio para el tráfico de personas, han optado por cerrarlo entero y levantar ¡por sexta vez! la calzada a la que desemboca, de tal forma que para ir a la calle hay que dar un rodeo de cuarto de hora. Para ir a la farmacia, por ejemplo, hay que sortear un callejón trasero en el que crecen con alegría todas las especies herbáceas típicas de la flora gallega, abonadas con cariño por las deyecciones de todos los perros del vecindario. Aquí todavía no ha llegado la moda de la bolsita para las cacas del perro. Hace una semana hice varios recados por la calle principal y fui informada de que el faraónico Plan E se prolongará durante cuatro meses según fuentes oficiales, por lo que todos los comerciantes de la calle no apuestan por menos de diez. Todo esto me fue comunicado con diversos tonos de voz y gestos que expresaban distintos grados de crispación, pues esa calle había sido abierta por última vez hace sólo seis meses y los comerciantes están francamente hartos del tema. Menda lerenda ha optado por comprar el tabaco en el bar que le queda a cinco minutos aunque le salga más caro, que en el estanco que le queda a quince. Claro, así se financia el Plan E.

La piel de toro, señores míos, es una gran obra con cartelón cejijunto. Todas las localidades que he visitado este año tenían, cómo no, su cartelito, su valla, su hormigonera polvorienta. He empezado a fijarme, y saco las siguientes conclusiones:

-Que el plan E es polifacético, tanto afecta a la canalización del agua como a la mejora de los edificios; al alumbrado público como al mobiliario urbano. Gracias, señor presidente, por su consideración.

-Que, en vista de que no hay parto sin dolor, ni hortera sin transistor, ni localidad sin cartel cejijunto, debemos NADAR EN LA AMBULANCIA MONETARIA. ¿Quién dijo crisis? Parece ser que sobra la pasta por todos los lados ¿no?

-Si parece ser que el Plan e nació con la idea de fomentar el empleo ante lo que se nos venía encima... ¿por qué cada vez hay más gente en las listas del paro? Mi no comprender.

-¿El Plan E quién lo ejecuta? Preguntado de otra manera ¿Qué subcontratas se llenan los bolsillos con esto?

En vista de lo que me espera he optado por poner en práctica mi propio Plan E: ENCLAUSTRAME en mi casa hasta que todo esto acabe. Hortensia, querida, nos veremos mucho más en el ciberespacio a partir de ahora. Gracias por tirarme de las orejas.

lunes, 14 de septiembre de 2009

STIEG LARSSON: "Millenium" ***

Clasificación:
***** ¿Qué haces ahí sentado? Corre a comprarlo.
**** Cómpralo, pero no tengas tanta prisa, puedes ir mañana.
*** Pídelo prestado y olvídate de devolverlo.
** Intenta conseguirlo de segunda mano.
* El crucigrama del periódico te está esperando.






He de reconocer que a veces soy mala: basta que algo tenga una alta repercusión para que le coja ya cierta manía y no sea todo lo objetiva que debo ser. Ni que decir tiene que eso fue exactamente lo que me sucedió con la trilogía de “Millenium”.
La recibí de regalo por el día de mi santo, a sugerencia mía: no me apetecía gastarme setenta euros en su adquisición. La leí en una semana, o, más bien, la devoré. Aviso a navegantes: también me leí “El código da Vinci” en 24 horas y me parece lo peor que se ha escrito en la historia.
Bueno, éste no es el caso: “Millenium” no tiene demasiada calidad literaria pero tampoco es un pestiño, y cumple con creces su primer objetivo: enganchar al lector.
“Millenium” presenta una doble estructura, ya que cuenta una historia central, la de la protagonista Lisbeth Salander, que se desarrolla a lo largo de los tres libros, de tal forma que “Los hombres que no amaban a las mujeres” es el planteamiento, “La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina” forma el nudo y “La reina en el palacio de las corrientes de aire” supone el desenlace de la curiosa historia de esta chica tan rara y entrañable a la vez, mientras que por otro lado, la primera novela constituye una entidad literaria en sí misma, con su propia historia, y las otras dos tienen otra línea argumental también independiente, aunque heredera de la primera.
Así, “Los hombres que no amaban a las mujeres” nos presenta a los protagonistas: el mujeriego periodista Michael Blomkvist y la rarísima y asocial hacker Lisbeth Salander. Ambos deben unir fuerzas y capacidades para resolver un crimen sucedido muchos años atrás. Paralelamente, se nos va introduciendo en la extraña y triste vida de Lisbeth. La novela es un thriller trepidante una vez que entra en materia, a partir de la página 300. Tiene momentos de pas d´action un poco aburridos, como cuando cuenta la fundación del partido nazi en Suecia, pero en general, es entretenidísima.
Las otras dos novelas forman un ente en sí mismas, de tal manera que el final de la segunda coincide con el principio del desenlace, que se resuelve en la tercera. En estas dos novelas Salander es ya la protagonista absoluta y el número de páginas sobrantes crece alarmantemente. Un apunte: entre la publicación de la segunda y la tercera parte hubo un intervalo de casi un año, con lo cual me imagino que los lectores que seguían la historia desde el principio en vez de uñas a estas alturas tendrán muñones.
Es de pésimo gusto el final de la segunda parte, típico de fin de temporada de serie de televisión norteamericana. A la tercera parte, “la reina…”, le sobran doscientas páginas bien a gusto, con la que está cayendo a nadie le interesa cómo se formó el servicio secreto sueco (qué bonita aliteración me acaba de salir) ni sus trapos sucios. Con respecto a la primera, hay, además, otros bajones, sobre todo en lo que respecta a los personajes, ya no tan bien caracterizados como en “los hombres…” y algo pacatos: o muy buenos o muy malos, llegando incluso a lo grotesco en algunos casos.
Bajo mi punto de vista, lo mejor es la caracterización que hace Larsson de todo lo tocante a Suecia: paisajes, costumbres, etc. ¡En Suecia hay verano! Y me ha llamado la atención el muchísimo café que toman en aquel país, deben de estar como pilas duracell todos ellos. El ritmo narrativo, que prometía mucho en la primera entrega, se desinfla en las siguientes y con ello el interés.
En cualquier caso, recomiendo su lectura aunque no su compra. Y un consejo: léanla en casa, es demasiado grande para llevar por ahí.

lunes, 7 de septiembre de 2009

CONCIERTO DE BRUCE SPRINGSTEEN. 2 DE AGOSTO DE 2009. SANTIAGO DE COMPOSTELA ***



CLASIFICACIÓN
****Vete a primera fila y al acabar secuestra a la banda y llévatela a tu casa.
*** Vete a primera fila y al día siguiente compra todos los conciertos en DVD.
** Quédate por el medio y al acabar descarga algún vídeo de los conciertos.
* Clávate en la barra del bar del concierto y mázate a copas




Aforo: 40.000 personas, cuando el aforo era de 30.000.

Repertorio: el mismo del resto de la gira, salvo alguna variación. En líneas generales tocó:
La Rianxeira
Badlands
Working on the Highway
Hungry Heart
Outlaw Pete
Be True
Working on a Dream
Seeds
Johnny 99
I Fought the Law
Youngstown
Raise Your Hand (instrumental)
Cadillac Ranch
Prove It All Night
Janey Don't You Lose Heart
My Love Will Not Let You Down
The Promised Land
Waitin' on a Sunny Day
Girls in Their Summer Clothes
If I Should Fall Behind
Radio Nowhere
Lonesome Day
The Rising
Born to Run
-
Jungleland
Land of Hope and Dreams
American Land
Rosalita (Come Out Tonight)
Dancing in the Dark
Twist and Shout

Me van a perdonar que empiece la crónica con retraso, pero he estado de vacaciones y sin internet. Me van a perdonar también que empiece la crónica jurando en arameo sobre la organización del evento, pero es que he estado un mes haciéndome mala sangre con el tema y necesito desfogar.
Bruce Springsteen ya había tocado en Santiago de Compostela en el mismo auditorio en mayo de 1993, con motivo del Año Santo. Él inauguró el auditorio del Monte do Gozo y el concierto había sido una maravilla. Esta vez el concierto también fue una maravilla, si acaso más, pues ahora iba con la E Street Band, pero el monte… el monte invitaba a todo menos a gozar. ¡Qué desastre! Para empezar, abrieron las puertas con una hora de retraso, con lo cual tuvieron a la gente esperando como sardinas en lata dos horas más de lo necesario (aconsejaban estar con muuuuucha anticipación). Cuando abrieron las puertas, aquello pareció la desbandada de los toros en los sanfermines.
Para seguir: el acceso hasta el control de entradas era cruzando el monte, con la hierba por las rodillas, el suelo lleno de agujeros y en cuesta abajo, lo que tal para tropezar y causar una caída masiva como fichas de dominó.
Más calamidades: el control de entradas estaba totalmente embarrado. Una ya sabe lo que es ir de concierto e iba bien calzada, pero muchas volvieron con sus sandalias veraniegas hechas una pena, jajajaaja. A mucha gente no le pidieron la entrada y, por supuesto, no registraron los bolsos. Si lo llego a saber habría llevado cámara y bocata. Se sospecha que o bien vendieron más entradas de lo permitido o que hubo gente que, lisa y llanamente, se coló. Desde luego, hubo gente con entrada que se quedó fuera.
Seguimos con las desgracias: las estupendas gradas de piedra que caracterizaban al recinto habían sido rellenadas con cemento, con lo cual no había dónde sentarse. Os recuerdo que cualquier concierto del Boss dura entre 3 y 4 horas.
Al acabar: tras las tres horas de pie y sin mear (con perdón) nos hicieron salir del recinto, que seguía embarrado, con la hierba por las rodillas y lleno de agujeros, con la luz apagada. Para habernos matao directamente.
Y para rematar la faena: los buses no estaban donde nos dijeron que iban a estar, con lo cual tuvimos que ir andando desde el puto monte hasta el centro de Santiago, una caminata de hora y media a la que sumar las tres horas de pie… no es de extrañar que muchos se quedaran en la primera comisaría de policía que encontraron por el camino para denunciar a la organización (Dr. Music) y al ayuntamiento de Santiago. Con las entradas a 74 euros y público mayoritariamente entre los 40 y los 50 años no se esperarían que se iban a conformar y quedarse calladitos ¿no?

Bueno, vayamos a la parte buena. El concierto empezó puntualmente, el Boss siempre es puntual. Salió al escenario un tío vestido de negro parecidísimo a Bruce con un acordeón y tocó “la Rianxeira”, al igual que hizo en Benidorm con “los pajaritos” o en Bilbao con “Desde Santurce…” con lo cual ya se metió al público en el bolsillo. Una vez acabado el himno ya apareció el jefe entonando Badlands. Al principio me pareció que no estaba muy bien de voz, creí que no iba a aguantar el tirón, pero fue calentando cuerdas a medida que avanzaba el concierto. Bruce llegó tarde procedente de Valladolid y probablemente no tuvo tiempo para ensayar como es debido.
Como es imposible reseñar un concierto de Bruce canción por canción, pues son casi 30, así que daré unas impresiones generales del evento.
El repertorio estuvo muy bien elegido, nada de temas moñas, acústicos y/o aburridos. Casi todo rock and roll para hacer mover el culo a la peña. Y clásicos, muchos clásicos que es lo que le gusta a la gente, claro que sí: Born to Run, hungry heart, etc.
Está en espléndida forma física, aunque un poquillo fondón. Tocó durante 3 horas sin despeinarse, aaaaaah.
Resulta que el Boss sabe tocar la guitarra, mira tú por dónde. Yo creí que sólo tocaba de misa, pero se marcó unos cuantos solos heavys de lo más molones, cosa que me satisfizo enormemente.
Es un excelente versionador, tocó Twist and shout de los Beatles, born to be wild (absolutamente maravillosa) de Steppenwolf y rock and roll over the world de los Status Quo, entre otras. Versiones alargadas, por supuesto, esto me recuerda a que:
Estira las canciones como un chicle. Eso no me gusta, quizá sea de lo poco que no me gusta de él.
Inconmensurable Clarence Clemmons, aunque quizá no se prodigó tanto como de costumbre… decían por ahí que está malito. En cualquier caso, la ovación más larga de la noche.
La E Street acompañó estupendamente.
Bruce estuvo simpatiquísimo, como siempre. Habló en español y en gallego, sacó niños al escenario, recogió pancartas dedicadas… lo de siempre, vaya.
En fin, lo único que espero es que los gaznápiros cazurros que gestionan el tema del Monte do Gozo recuerden que en 2010 hay Xacobeo y que tal y como tienen el recinto lo único que se puede hacer con él es llevar unas cuantas cabras para alimentarlas, que allí hay de sobra.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

LOS TOROS DE LA ALBERCA


fotos propiedad de Fata Morgana
Hola, queridos blogueros. Tras este largo paréntesis estival, volvemos a la carga. Espero que hayáis disfrutado de unas buenas vacaciones los que las hayáis tenido.
Lo primero de todo, pedir disculpas por haberme ido a la francesa sin comunicar mi ausencia de dos meses, pero es que no me gusta anunciar por la red mis movimientos, una manía como otra cualquiera. Una vez dicho esto, entremos en materia.
Entre las múltiples cosas que he hecho este largo y no cálido verano he de destacar un viajecito por La Alberca, precioso pueblo medieval y refugio de judeoconversos de la provincia de Salamanca que merece mucho la pena ver. La idea era recorrer todos los pueblos de la zona, visitar la Sierra de Francia y dar un paseo por Las Batuecas. Todo muy sano, natural y ecológico.
He aquí que el día que llegamos a nuestro destino, a las cinco de la tarde y cascando 37 grados nos encontramos con que la bonita villa estaba en fiestas y, entre las atracciones, había una novillada. Concretamente, dos novillos, dos, que iban a ser torturados y asesinados en la plaza del pueblo, preparada para tan magno acontecimiento. A pesar del repelús que nos ocasiona al señor que vive conmigo y a mí semejantes matanzas públicas, acudimos; sólo que yo me negué a mirar, excepto para tomar las oportunas pruebas gráficas del crimen.
La plaza mayor de La Alberca es una plaza cuadrada de adoquín. Se la preparó poniendo una especie de burladeros de metal que protegían muy poco o nada de los morlacos. El adoquín se dejó tal cual, por lo que los resbalones de nos novillos eran previsibles. Medio mundo estaba allí, hombres, mujeres y niños. Algunos subidos a escaleras de mano de tijera, con el consiguiente peligro de caída al estar en terreno irregular. Yo, como ya he dicho antes, me mantuve en un muy segundo plano y me abstuve de hacer comentarios, cosa que no sucedió con otros turistas que allí estaban y que expresaron su disgusto y desaprobación en voz alta.
El macabro espectáculo me recordó a los ahorcamientos en la Edad Media, o a los Autos de Fe del siglo de Oro, o a la guillotina funcionando a todo gas en la Revolución Francesa: público enardecido y entregado al olor de la sangre, furioso porque el ¿torero?, que no cumplía los sesenta, necesitó lo menos seis intentonas para descabellar al pobre novillo; fascinados ante la tortura y la muerte gratuita. ¿Y queremos que nos llamen civilizados? Anda ya…
A estas alturas de la película podréis suponer que estoy totalmente en contra de las corridas de toros en particular y de cualquier forma de tortura de animales en general. Me parece bárbaro, salvaje e impropio de una sociedad supuestamente civilizada como la nuestra. La tauromaquia sólo sirve para no educar a la población en el respeto a los animales y que cuatro se llenen los bolsillos a espuertas. No me refiero en concreto a la novillada de las fiestas de un pueblo, que eso es peccata minuta, sino al macronegocio que suponen las corridas de toros a niveles superiores. ¿A cuánto se revendieron las entradas para ir a ver la machada de José Tomás hace poco? Una obscenidad. Hasta la babeante duquesa de Alba, que ya no debe ni de saber cómo se llama, pierde el trasero por ser espectadora, y por lo tanto cómplice, de la suprema salvajada. Y lo peor de todo: el objetivo. La tortura y muerte tiene como finalidad el divertimento popular, porque si aún fuese la susbsistencia del ser humano tendría un pase, entiendo que hay que matar animales para comer proteínas de alto valor biológico. Pero no veo ninguna diferencia, en lo que a comportamiento se refiere, entre la fiesta nacional y los niños trogloditas que se divierten dando de fumar a las ranas o arrancando las alas a las moscas, por poner un ejemplo. En ambos casos es pueril y cruel.
Mi madre sostiene que la fiesta nacional es necesaria para que la raza no se extinga. ¡Pues menos mal que no se toreaban los dinosaurios, porque si no ahora estaría Andalucía petada de T-Rex en las dehesas! Supongo que los toros podrán servir para otra cosa más que para ser asustados, estresados, pinchados, torturados y asesinados. Digo yo como profana en la materia, vaya.
Algunos dirán: “claro, es gallega”. Pues sepan ustedes que donde yo vivo la tradición taurina es de tal calibre que está todo vendido al día siguiente de poner las entradas a disposición del público y que el día grande se hace el día de las peñas, en el que es imposible circular por esta ciudad, ciudad de la que escapo como el gato escaldado del agua fría. Otros sostendrán que hay negocios igualmente y obscenamente lucrativos como el fútbol, con lo cual estoy totalmente de acuerdo y me parece vergonzoso, pero en el balompié por lo menos no se mata a nadie (a mí de aburrimiento, nada más).
Aquí os dejo algunas imágenes para la reflexión. Seguiré con el tema cuando empiece la temporada de caza, práctica que, por supuesto, también aborrezco y que, por desgracia, me toca sufrir todos los años. Hasta la próxima, blogueros.








lunes, 8 de junio de 2009

AC/DC. ESTADIO VICENTE CALDERÓN. 5/6/2009*********************



AC/DC: GRANDIOSOS





CLASIFICACIÓN
****Vete a primera fila y al acabar secuestra a la banda y llévatela a tu casa.
*** Vete a primera fila y al día siguiente compra todos los conciertos en DVD.
** Quédate por el medio y al acabar descarga algún vídeo de los conciertos.
* Clávate en la barra del bar del concierto y mázate a copas

Aforo: 60.000 personas, según datos de los seguratas, que tendrán razón, digo yo. En cualquier caso, petado.

Teloneros: Lilith y the Answer
Repertorio:
Rock 'N Roll Train
Hell Ain't A Bad Place To Be
Back In Black
Big Jack
Dirty Deeds Done Dirt Cheap
Shot Down In Flames
Thunderstruck
Black Ice 

The Jack
Hells Bells
Shoot To Thrill
War Machine 

Dog Eat Dog 

Anything Goes 

You Shook Me All Night Long 

TNT
Whole Lotta Rosie 

Let There Be Rock 

Highway To Hell
For Those About To Rock (We Salute You)

Como se podrá observar, el número de estrellas se sale de la clasificación. Eso lo dice todo. Pero, como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes.
La entrada al Calderón se hizo de forma paulatina, por suerte, no tuvimos que hacer cola para entrar. Aún recuerdo la entrada para ver a los Rolling, una hora esperando a 38 grados a la sombra, el que tenía la suerte de estar a la sombra, claro...
Los primeros teloneros fueron los Lilith, en mi opinión bastante malos, no sólo por cómo lo hacían sino también por lo mal que sonaban. Tocaron hasta las 20.30 y por aquel entonces el estadio estaba de esta guisa:




A continuación tocaron los The Answer, que sonaron bastante mejor, aunque imitaban descaradamente a los Led Zeppelin. Su cantante era un clon de Robert Plant, chillidos incluidos, pero calentaron el ambiente:


Y, por fin, sólo con diez minutos de retraso sobre el horario previsto (los Rolling suelen retrasarse hora y media), y con 60.000 espectadores en el estadio, aparecieron ellos. La producción de vídeo, espectacular. El concierto empezó con un vídeo tipo manga, con los AC/DC en dibujos animados rodeados de tías buenas en un tren, un tren que cada vez iba más rápido, hasta que de repente se le oyó chocar, todo el escenario se llenó de humo y ¡chan! la máquina del tren apareció en el escenario físicamente. Abrieron, como no podía ser de otra manera, con Rock and roll train, de su último disco Black Ice.
No hubo sorpresas en el repertorio, que fue el mismo que han llevado hasta ahora en su gira europea y que se puede resumir de la forma siguiente: temas del nuevo disco, temas de la época de Bon Scott y temas de su álbum estrella, el segundo más vendido de la historia de la música después del Thriller de Michael Jackson: Back in black.
A continuación hicieron Hell ain´t a bad place to be y Angus empezó a entrar en trance. Iba exquisitamente vestido de uniforme colegial de terciopelo verde, con corbata a rayas amarillas y verdes y gorra verde de fieltro. El siguiente tema fue Back in Black y ya empezó el delirio de la peña que, por cierto, no se sabe ni una sola letra, lo cual no me extraña teniendo que cantar en falsete, dificilísimo. Siguieron con su tema estrella del último disco, Big Jack.
El primer momento de flipe total llegó con el riff inicial de Thunderstruck, Angus movía ya el cuello como si no formase parte de su cuerpo e hizo su famoso paso. El escenario tenía una pasarela por la que los dos top models de la noche, Angus Young y Brian Johnson, se pasearon a gusto. Continuaron con Black Ice, el tema que da título al último disco y a continuación, The Jack, y ahí saqué yo mi air guitar para deleitarme con el blues. Angus aprovechó este tema para hacer su famoso strip tease. Tuve miedo de que llevara los calzoncillos con la bandera española, pues en sus conciertos en el extranjero deleita al respetable con su trasero embutido en unos gayumbos con la bandera del país en cuestión, pero no: llevaba unos boxers negros con el anagrama de AC/DC. Por cierto, que para ser enano y tener cincuenta y muchos tiene un cuerpazo de escándalo, menudos abdominales, para mí los quisiera.
Cuando aún nos estábamos recuperando de la visión del trasero de Angus, Brian Johnson se colgó de la enorme campana del escenario para entonar Hells Bells. Para entonces, hasta las liendres de las cucarachas de la utillería del estadio estaban entregadas a los demoníacos. Los momentos de delirio se repitieron con You shook me all night long y con la simpática Who lotta Rosie y con la muñeca hinchable alusiva de pechos enormes que cabalgaba sobre la máquina del tren. Entonces, llegó el momentazo. Fue durante Let there be rock. Nosotros estábamos junto a la torre de sonido, al lado de los seguratas, que se ponían de rollo con nosotros porque estaban aburridos como ostras. Los oímos hablar entre ellos y decía uno: “si pasa por aquí hazte a un lado para dejarle sitio”. Empecé a barruntar que quizá se referían a Angus. Bueno, no pasó por allí, pero la torre de sonido era en realidad una plataforma a la que Angus se subió para hacer un solo de 7 minutos, asomándose desde los cuatro puntos cardinales. Juro por lo más sagrado que me cayeron en la cara gotas de su sudor. Si llega a chocarme la mano no me la volvería a lavar en mi vida. Qué pena que las fotos salieran tan mal.





Tocaron de regalo Highway to hell y For those about to rock. Para esta última, según su costumbre, sacaron seis cañones al escenario y los hicieron explotar, por supuesto. Como fin de fiesta, fuegos artificiales.
Bueno, vayamos a la parte técnica: tocaron muy bien. Yo tenía miedo a cómo estaría de voz Brian Johnson, pero aguantó bien el tirón excepto en Shoot to thrill, que tuvo que usar el tono bajo. Angus estuvo impecable, navegó por todo el mástil sin despeinarse (es un decir). Las cinco pantallas de vídeo nos permitieron ver su técnica con la pentatónica. En Thunderstruck y Let there be rock usó sólo la distorsión y la mano izquierda, llegando incluso a ponerse la guitarra sobre la cabeza para tocar. Todo eso son chorradas, por supuesto. El pequeñín toca como los ángeles, o, más bien, como los diablillos, y disfruta enormemente haciéndolo. Los demás estuvieron correctos y hasta oímos cantar al troll Malcom en varios momentos de la actuación. Y además de tocar bien, sonaron bien y se vieron bien. Un lujo asiático. Si hubiese podido, habría ido a verlos otra vez a Barcelona dos días después. Dije que no quería morirme sin ver a AC/DC en directo; ahora digo que no quiero morirme sin verlos dos veces. ERES GRANDE, PEQUEÑÍN… REALMENTE LO ERES.










martes, 19 de mayo de 2009

EL CONCURSO

     EL CONCURSO


         Ruby se quitó las gafas con rabia y las dejó caer sobre la mesa del escritorio. Un cristal estalló y ella soltó un exabrupto. ¡Lo que faltaba! Había roto dos pares en lo que iba de semana y sólo estaba a miércoles.

         -¿Y tú qué miras?

         La pregunta retórica iba dirigida a Belcebú, el enorme gato siamés que se desperezaba en el sofá del despacho clavándole sus ojos azules e impersonales. Un gato castrado. Ruby se echó a reír, a quien se le dijera que tenía un gato castrado…

         Sonó el teléfono y Ruby lo cogió con desgana, sabía de sobra que era su editor, que tenía prisa, que la iba a chantajear emocionalmente como hacía siempre y que ella le prometería el oro y el moro y después se sentiría horriblemente culpable. Tras veinte minutos de monólogo en que Vicente desgranó y enumeró todas las desgracias que Ruby podría evitar si se tomara la molestia de tener el borrador a tiempo, colgó sintiéndose asqueada. No podía más.

         Decidió hacer caso a Vicente y concentrarse para tener el borrador terminado en el tiempo previsto, pero las letras le bailaban delante de los ojos y no se sentía capaz de decir nada coherente. La novela tenía el título provisional de “Prostituta por accidente”. Ruby pensó que era una pena que la prostituta no se accidentara en el primer capítulo y la dejara en paz para concentrarse en lo que realmente le apetecía: una novela “seria”.

         Ruby se levantó para dirigirse a la biblioteca. Allí estaban sus ochenta y cuatro exitosas novelas, éxito de ventas, un cáncer en su carrera, una piedra en su zapato. Aquellas ochenta y cuatro pequeñas hijas de puta le habían impedido medrar como escritora seria.

         Por autocastigarse un poco, repasó alguno de los estrambóticos títulos, aunque se los sabía de memoria: “Virgo”, “Mi asombrosa máquina”, “El anillo milagroso”… habían sido un éxito y eso que eran suaves. Pasó la vista por otros más explícitos: “Caperucita de látex”, “Ama sumisa”, “Esta semana, contigo y tu hermana”… le entraban náuseas sólo de recordar su contenido.

         ¿Qué había impulsado a esta sesuda mujer de cuarenta años a hacerse escritora de novelas pornográficas? Aunque pareciera un contrasentido, su profesora de literatura del instituto. Ruby estaba en clase de filosofía de COU una mañana de invierno muerta de aburrimiento, cuando se le ocurrió pasar el tiempo escribiendo una absurda historia basada en una conversación que le habían grabado al príncipe Carlos de Inglaterra diciéndole a su amante, Camilla Parker, que le gustaría ser su támpax. La imaginación de Ruby empezó a galopar lejos de Descartes, Kant y sus muchachos, y el profesor de filosofía se dio cuenta, incautó los tres folios que llevaba escritos, la expulsó de la clase, llamó al jefe de estudios que a su vez llamó a la profesora de literatura que a su vez llamó a Ruby a su despacho y le preguntó si quería mandar el relato, una vez terminado, a un certamen de narrativa erótica porque era francamente bueno. Ruby lo mandó y ganó, y con dieciocho años ya estaba fichada por una editorial para entregar seis novelas de las mismas caracterísiticas al año. El jefe de estudios jamás tomó medidas contra ella y el profesor de filosofía la aprobó sin rechistar.

         La mirada de Ruby se humedeció al llegar a sus tres joyas, sus tres libros serios, sus tres novelas que jamás serían vendidas en los sex-shop o en las páginas más sórdidas de internet. Leyó sus títulos con cariño: “zona cero”, “Tú no lo sabes, Lucía”, “El acuerdo”. Las había escrito en aquel último año y aún no habían visto la luz, esperando una buena oportunidad. Había mandado otras tres a todos los concursos literarios convocados los dos últimos años y no había conseguido nada… ni un miserable accésit. Las editoriales tampoco habían querido saber nada de ella, un editor le había llegado a decir que era como si Nacho Vidal pretendiera hacer teatro del Siglo de Oro.

         Merce se lo había dicho. Además de ser amigas íntimas, Merce trabajaba en una editorial y sabía lo que se cocía:

         -A mí no me digas cómo lo saben, Concha. Pero el caso es que lo saben… mucho seudónimo, mucha plica y lo que quieras, pero saben que tú eres la autora, y no van a permitir que una escritora pornográfica se recicle ¿comprendes? Te niegan el pan y la sal.

         Claro que comprendía, era una frustrante pesadilla. Jamás la dejarían salir del agujero, agujero que le reportaba excelentes beneficios, por cierto, porque Ruby, gracias a sus ganancias, jamás había trabajado en otra cosa que no fuese la pluma, y con ellas se había comprado un piso estupendo en el centro y podía permitirse casi todos los lujos que se le antojasen.

         Ruby Contreras, nacida como Concepción Rubirosa, se sentía horriblemente frustrada. Suspiró y cogió su bolso, dispuesta a ir a la óptica a dejar las gafas y recoger los dos pares ya arreglados.

***

         -Hola, Concha. Llámame cuando llegues, tengo una sorpresa para ti.

         Ése era el mensaje que Merce había dejado en su contestador. Ruby descolgó y marcó el número. Mientras daba de comer a Belcebú y se ponía las zapatillas escuchó la invitación que Merce le hacía para asistir a la presentación del último libro de Jesús Fuente, el escritor de moda. Que lo iba a pasar genial, después habría cóctel y pinchitos, y así podría hacerse algo de publicidad. Que se pusiera algo arreglao pero informal, que pasaría a recogerla a las ocho.

         No le hacía mucha ilusión semejante velada. Las reuniones literarias solían estar llenas de escritores hinchados y envanecidos como pavos reales, muy pagados de sí mismos. Eso, en el mejor de los casos; en el peor, la reconocían y enseguida querían saber si todo lo que escribía procedía de experiencias personales, y además querían saberlo con demostración práctica a poder ser, con lo cual Ruby siempre acababa marchándose furiosa con ellos y consigo misma, cada vez más arrepentida del día que mandó aquel estúpido relato erótico al concurso que le había sugerido su profesora.

         Aquello era injusto, pensó. Los primeros años su trabajo le había reportado muchísimas satisfacciones. Para empezar, una solidez económica que le permitió hacer cosas que no solían estar al alcance de la mayoría de la gente a esa edad: independizarse de sus padres, viajar, no dar explicaciones a nadie, vivir intensamente, juergas, amores, desamores, entrar y salir, invitaciones a las cosas más excéntricas. También respeto entre sus semejantes, ninguno de sus amigos podía aspirar a llegar a lo mismo que ella con diecinueve o veinte años; lo que ahora despertaba desprecio antes era admiración. Como representante de la intelectualidad más friki de su tramo generacional, ella organizaba las fiestas y los viajes, era invitada a todos los eventos y todo el mundo quería a la precoz y procaz escritora en sus reuniones y festejos. Su legión de admiradores podía dar la vuelta a la manzana.

         Ruby se vistió para la ocasión mientras pensaba en cómo cambiaban las tornas en cuanto una tenía cierta edad… ahora resultaba ridícula y patética… menopáusica calentorra, habían llegado a llamarla. Se miró en el espejo, menos mal que su entrenador personal siempre le levantaba el ánimo… estaba estupenda para su edad, le decía. También era cierto que Vladimir era gay y ferviente admirador de sus novelas desde antes de conocerla, especialmente de “En ese lugar pequeño y oscuro”, su primera novela gay. También había escrito para su público lesbiano, y le habían propuesto hacerlo, llegando a ofrecerle mucho dinero, sobre temas políticamente incorrectos, como la pederastia o el bestialismo, pero siempre se había negado. Una tenía su dignidad, al fin y al cabo.

***

         Merce llegó a recogerla a la hora convenida, era una morena chispeante y simpática. Se habían conocido en la presentación de su primera novela protagonizada por lesbianas, “Verticalmente tuya”, y desde entonces eran íntimas amigas. Trabajaba en una editorial pequeña y exclusiva, la que había publicado el último libro de Jesús Fuente.

         -Chica, estás fantástica –le dijo a modo de saludo. -¿Es de Purificación García ese trapo que llevas?

         -No, es de Missoni –contestó Ruby con indiferencia arreglándose el peinado en el espejito del coche. -¿Qué tal es?

         -¿Quién, Jesús? –Ruby asintió. –Un sueño –contestó Merce poniendo los ojos en blanco. –Guapo, simpático, educado… lo tiene todo.

         Ruby desconfiaba a priori de los que lo tenían todo. La verdad es que en las fotos promocionales Jesús Fuente era un pedazo de hombre, además de un muy buen escritor. Tras un debut arrasador con “Desafinado”, sus siguientes novelas no tuvieron tanto éxito, pero parecía ser que la nueva prometía.

         Cuando lo vio en persona se dio cuenta de que las fotos estaban algo retocadas con el Photoshop, pero aún así el tal Jesús era un tío de caerse de espaldas, cosa que casi le sucede cuando Merce se lo presentó en el cóctel y él se las arregló para deshacerse de ella y proponerle a Ruby tomar una copa en un sitio más tranquilo.

         Ruby dijo que sí sin titubear, estaba fascinada por el atractivo autor. Sin pensar en Merce para nada cogió su abrigo y se marchó con Jesús a un lounge cercano, pidieron un par de copas y charlaron tranquilamente.

         -He leído todos tus libros, me encantan.

         Que un autor considerado como Jesús Fuente hubiera hecho semejante manifestación llevó a Ruby al éxtasis momentáneamente, aunque enseguida se rehízo y reconstruyó sus defensas, esperando que lo siguente fuera un bombardeo de preguntas sobre cómo se inspiraba para sus argumentos.

         Pero no fue así, afortunadamente. Así que Ruby derribó sus barreras y se relajó. Le explicó a Jesús cómo había llegado a hacerse autora erótica (la palabra “pornográfica” no le gustaba) cosa que a él le hizo mucha gracia. En mitad de la conversación recibió un mensaje de Merce que decía que se imaginaba con quién estaba y que no se preocupara y disfrutara de la noche.

         -¿Por qué Ruby? –Estaba preguntando Jesús.

         -Me apellido Rubirosa –contestó ella riendo –En el insituto me llamaban “La Rubi”. Entre eso y que soy rubia y que solía escuchar bastante “Ruby tuesday” de los Rolling Stones, ya me quedó. Cuando tuve que elegir un seudónimo para mis novelas, no lo dudé. Y el Contreras porque me gustó, no sé.

         -Escribes bien –prosiguió él. –Independientemente de la materia que configura tus novelas, eres buena, tienes fuerza descriptiva y tus personajes son contundentes, de eso no hay la menor duda.

         -¿Cuál es tu favorita? –preguntó Ruby embalada.

         Él pensó unos segundos.

         -Creo que “Virgo”. Fue la primera que escribiste ¿no? –ella asintió –Un título muy oportuno, desde luego. Y ya lleva el germen de lo que serán las demás.

         Ruby le explicó que estaba harta y que quería cambiar de género a toda costa, pero que se le cerraban todas las puertas.

         -A lo mejor yo puedo ayudarte –dijo Jesús –Tengo muchos contactos.

         Ruby se sintió agradecida, aunque aún desconfiaba.

         -Pues… qué amable. Si puedes hacer algo te lo agradeceré.

         -¿Tienes ya algo escrito?

         Ella le explicó que tenía seis novelas escritas, tres que ya habían concursado y tres inéditas. Contestó él que le gustaría echarles un vistazo y, viendo que eran ya las tres de la mañana, decidieron retirarse tras intercambiar los teléfonos y la promesa de quedar para otro día.

***

         Ruby se olvidó pronto del encuentro con Jesús Fuente, enfrascada como estaba en la redacción de “Prostituta por accidente”. Le faltaban cuatro meses para entregarla pero estaba angustiada porque no le veía pies ni cabeza, estaba en un callejón sin salida, no se le ocurría nada de nada.

         Vladimir se había propuesto matarla a ejercicio para ver si así despejaba las entendederas, así que aquella mañana salieron al Retiro con los patines en línea.

         -Nena, se te está poniendo fofo el culo de tanto estar sentada pensando en esa maldita novela –decía Vladimir patinando con energía –Lo que tenías que hacer era otra novela gay, incluso tengo título… “Truchas y mariposas”, y podría transcurrir en las hermosas estepas de mi Rusia, sí…

         Ruby frenó en seco.

         -Mira, eso no te lo aguanto… podrás hacerte el ruso en Chueca o donde quieras, pero conmigo, que sé de sobra que eres de Móstoles, no lo aguanto, vamos.

         -Está bien –contestó Vladimir renunciando a su acento ruso –desde luego estás que no hay quien te soporte, rica. Y no me has contado nada del divino Jesús Fuente. ¿Es tan guapísimo como en las fotos?

         -Más –le dijo Ruby reanundando la marcha –Y amabilísimo, por añadidura… hombre, está más viejo que en las fotos, ya peina canas, pero es muy guapo, está delgado, es alto, viste bien, tiene voz de locutor de radio…

         -Ay, calla, que me estoy muriendo de envidia.

         Ruby se sentó en un banco.

         -No puedo más, Víctor, tengo que sentarme.

         Vladimir se hizo el ofendido.

         -Me llamo Vladimir. Que yo sepa no te llamo nunca Concha, así que no me llames Víctor, por favor.

         -No me llamas Concha porque no te sale de los minihuevos. Dame agua, anda, estoy seca.

         La mañana transcurrió entre estos tiras y aflojas, Ruby y Vladimir se adoraban, pero siempre estaban discutiendo. Vladimir la acompañó hasta el portal de su casa, y casi se desmayan los dos al ver al atractivo Jesús Fuente esperando pacientemente en la puerta, con su carísimo abrigo de cachemire y su traje de Armani. Estaba claro que el escritor invertía parte de sus ganancias en ir hecho un pincel. Los dos se sintieron sucios y sudorosos ante su presencia, pero Vladimir enseguida desplegó sus modales más exquisitos hasta que una mirada fulminante de Ruby lo conminó a irse. Entonces Jesús le explicó que pasaba por allí y se le ocurrió llamar a ver si estaba en casa, y en ese momento Ruby había aparecido. Sabía su dirección por Merce, dijo.

         -¿Te apetece que vayamos a comer? –propuso.

         -Si esperas a que me duche, sí. –Contestó Ruby. –Vladimir me ha matado hoy.

         -Si puedo esperar arriba y leer mi correo mientras, de acuerdo –repuso él a su vez.

         Así lo hicieron. Mientras Ruby se duchaba, Jesús contestó a sus correos y hociqueó un poco, fisgó entre la biblioteca de Ruby, se hizo amigo del gato, echó una ojeada a sus discos… en éstas estaba cuando Ruby entró, arrebatadora, en el despacho. Se había arreglado en un tiempo récord y la verdad es que el resultado era evidente.

         -Vaya, estás estupenda –murmuró el escritor.

         -Gracias –contestó ella con naturalidad. En el fondo le temblaban las piernas sobre los tacones de Loboutin. Ella también gastaba mucho dinero en marcas caras.

         -¿Comemos, entonces?

         ¡Por supuesto! Estoy muerta de hambre.

***

         Dos semanas después, Ruby se había convertido en la amante de Jesús. Estaba completamente hechizada por el embrujo fascinador del escritor. La verdad es que se parecían mucho, sobre todo en el tremendo sibaritismo que los caracterizaba. No pasaban un solo fin de semana en Madrid, solían marcharse a alguna capital europea en plan escapada romántica. Todo era carísimo, lujosísimo y exquisito. Ruby estaba en una nube de la que no quería bajar y su trabajo se resintió más todavía, y no sería porque no hablaban de literatura, porque el tema era casi aburrido ya.

         -Yo no sé por qué te avergüenzas tanto de tu trabajo –le decía Jesús una tarde –Eres mejor en lo tuyo que muchos escritorcillos de libro de bolsillo de los que hay ahora por ahí. Me refiero a esos libros que el primer año están a 22 euros y al siguiente en colección rústica ¿sabes?

         -No me avergüenzo, Jesús, pero quiero cerrar esa etapa de mi carrera y no puedo, simplemente.

         Llevaba dos meses saliendo con Fuente cuando Vicente, harto ya de la falta de productividad de su escritora estrella, decidió tener una conversación franca con ella.

         -Vamos a ver, Concha. Veo que no progresas con “Prostituta por accidente”.

         -Estoy bloqueada. No se me ocurre nada, ya te dije que en esto he tocado techo, en cambio tengo tantas ideas para otro tipo de novelas…

         -De eso quería hablarte –continuó Vicente encendiendo un cigarrillo, lo que hizo salir de estampida a Belcebú –Hay un concurso que quizá pueda lanzarte.

         -Soy toda oídos, Vicente. Dispara

         -Lo convoca el Tajo Francés y es por internet, espera y déjame acabar, no frunzas el ceño que se te va a ir el bótox a tomar viento –farfulló Vicente viendo el gesto de disgusto de Ruby –Es por votación popular…

         -Pues sí, lo que me faltaba. ¿Y quién coño me va a votar, hombre?

         -De eso ya me encargo yo. Vas a ganar, te publicarán la novela y por fin reconocerán tu talento. Lo único que quiero yo a cambio es que acabes de una puta vez “Prostituta por accidente”, valga la redundancia.

         Ruby pensó unos instantes. Tongo… qué palabra más fea.

         -¿Me garantizas que ganaré?

         -Al cien por cien, cariño –dijo Vicente sonriendo –Elige una de las tres novelas que tienes ahí y cuélgala. El concurso empieza el diez de abril.

***

         No sabía cuál elegir… las tres eran buenas. Tras mucho pensar decidió pedirle ayuda a Jesús, que ya las había leído, y, de paso, comentarle lo del concurso, aunque sin citar lo del tongo para nada… a Jesús ese concurso le parecía de poca categoría para ella, pero Ruby se mantuvo en sus trece.

         -Está bien –contestó Jesús. –Manda “El acuerdo”, es la mejor de las tres.

         -¿Seguro que no es mejor “Zona cero”? A mí me gusta más.

         -Cometerás un grave error, pero haz lo que quieras –Contestó él con un tono que a Ruby le pareció algo ofensivo.

         Sin embargo, decidió hacerle caso, al fin y al cabo él era el escritor prestigioso y no ella.

         Los primeros días del concurso no se lo podía creer ¡Iba de primera! con una ventaja tremenda, además. Jesús decidió celebrarlo con un fin de semana en París ultrarromántico. Ruby volvió caminando por el aire de pura felicidad. El domingo por la noche llegó a su casa y encendió el ordenador mientras se ponía las zapatillas, a ver qué tal iba, estaba emocionadísima. Entró en la sección de los más votados con una sonrisa en los labios.

         -¡Maldita sea! ¡Me cago en todo! ¿Qué coño significa esto?

         Ruby se puso las gafas para comprobar que la vista no la engañaba… iba de primera, pero inmediatamente después la seguían dos novelas tituladas “Zona cero” y “Tú no lo sabes, Lucía”. Alguien de su entorno la había traicionado.

***

         Ruby pasó los siguientes cuatro días en casa encerrada, sin ducharse, sin peinarse, sin lavarse los dientes, sin comer y durmiendo a base de pastillas. No podía ni quería pensar, las tres posibilidades que se le presentaban como explicación lógica la aterraban. Sólo podían haber sido tres personas: Vicente, Merce o Jesús. De éste último no había vuelto a saber nada desde el domingo, lo cual ya era sospechoso, pero ¿para qué querría un escritor de éxito participar en un concursillo como ése? No le cuadraba. Por otro lado, una especie de instinto autoprotector hizo que ella tampoco lo llamara, al igual que a Vicente y a Merce. En aquellos momentos no quería saber nada de ninguno de los tres.

         Por supuesto, eran sus textos. Los descargó y miró casi con lupa. Sí, eran sus adoradas novelas, las niñas de sus ojos. Una iba firmada con el nombre de Jesús y la otra con el de Mercedes. Claro que cualquiera podría haber puesto esos nombres precisamente para sembrar la confusión.

         La mañana del quinto día la despertó el timbre de la puerta. Le apetecía abrir tanto como tirarse por la ventana (posibilidad que había contemplado en los últimos cuatro días, por cierto) pero cuando vio por la mirilla quién era no lo pensó dos segundos.

         -Ruby… no sabía a dónde ir.

         Vladimir estaba en el umbral, con la cara como un mapa. Casi no podía abrir el ojo izquierdo y lo que quiso ser sonrisa al verla, se quedó en una mueca.

         -¿Qué te ha pasado? ¡Qué horror! –exclamó Ruby dejándole pasar

         Mientras intentaba curarle las heridas y los golpes, escuchó el relato. Antonio, el novio de Vladimir, le había dado una soberana paliza cuando vio a su amado coqueteando con otras dos locas en un bar de Chueca.

         -Tienes que denunciarlo, Víctor.

         -Tengo miedo, Ruby –contestó él. -Me matará. Deja que pasen unos días y me quedo aquí, por favor, tengo tanto miedo…

         Ruby aceptó, qué iba a hacer. En el fondo lo agradecía porque pudo contarle a Vladimir todo el follón que se había montado con el concurso. Vladimir conocía a Vicente y a Merce y podía ayudarle a aclarar aquel galimatías.

         -Mujer, si tengo que desconfiar de alguno de los dos lo haría de Merce, aunque para mí el más probable es el escritor, hace tan poco que lo conoces…

         -¿Pero por qué? Si alguien no lo necesita, ése es él.

         Vladimir tampoco sabía decirle el motivo.

         -Evidentemente, darling, no puedes pensar con ese aspecto horrible que tienes, te haré una toilette completa y después comeremos.

         -Mira quién habla… si parece que acabas de salir de un ring de boxeo…

         Vladimir era un chollo, pensó Ruby. En una hora volvía a tener un aspecto estupendo, exceptuando el halo de tristeza que exhibía su rostro. Además había hecho la comida, aunque bastante acalórica; mejor, no tenía ni ganas de comer del disgusto.

         Estaban tomando el café cuando apareció Vicente. Vladimir le abrió la puerta y le puso una taza mientras se sentaba en el sofá.

         -¿Qué ha pasado, Concha? –preguntó circunspecto.

         -¡Ja! ¿Y a mí me lo preguntas? Yo qué sé –contestó furiosa.

         Vicente se acariciaba la barba con gesto desesperado.

         -Menuda mierda… casi me meo en los pantalones cuando lo vi. Te han robado tu trabajo, Concha. Dime ¿Cuánta gente ha tenido acceso a tu ordenador? ¿Cuánta conocía la existencia de esas tres novelas?

         -Cuatro personas –murmuró Ruby clavando una mirada fría en Vicente. –Merce, Jesús, Vladimir y… tú.

         -Eh, a mí no me miréis, solo soy una maricona mazada a anabolizantes –chilló Vladimir, pero ninguno de los otros dos le hizo el menor caso.

         -Concha, piensa un poco… yo te sugerí lo del concurso, he tenido acceso a esas novelas durante meses… ¿por qué te las iba a fusilar ahora precisamente?

         La verdad es que tenía sentido, se estaba comportando como una estúpida con sus sospechas.

         -Entonces ha sido Merce… o Jesús. –Susurró. –Lo de Merce aún lo podría entender, pero lo de Jesús… no me cabe en la cabeza.

         -Déjame hacer unas averiguaciones y mañana te cuento algo. Tú mientras, como si no hubiera pasado nada, no salgas de casa, incluso. Si alguno de los dos intenta ponerse en contacto contigo, evítalo. Mira –Vicente se metió la mano en el bolsillo y sacó un juego de llaves –Marchaos mañana a mi casa de la sierra a pasar un par de días, ya sabes dónde es, tiene piscina y de todo. A Vladimir tampoco le conviene que lo vean con ese aspecto, parece un Ecce Homo, como dicen en mi pueblo –concluyó riendo.

         -Pero… yo tengo que trabajar. –Chilló el aludido.

         -No te preocupes –sentenció Vicente –Si todo sale bien, a partir de ahora serás el asistente personal de la gran escritora Concha Rubirosa.

***

         Ruby y Vladimir pasaron dos días maravillosos en la sierra, bañándose y tomando el sol. La casa de Vicente disponía de todas las comodidades y lo pasaron francamente bien, a pesar de estar los dos solos. Vladimir se excusó ante todos sus clientes diciendo que estaba enfermo y no hubo mayores problemas.

         Cuando volvieron a casa de Ruby tuvieron que enfrentarse de nuevo con sus antiguos problemas. Vladimir seguía aterrorizado y ni siquiera se atrevía a ir a buscar sus cosas, así que fue Vicente el que se encargó de hacerlo. En cuanto al problema de Ruby, la primera sorpresa llegó en forma de correo electrónico comunicando a la interesada que la novela “Zona cero” había sido descalificada por no respetar las reglas de votación. Era una alegría, porque en algún momento había ido de primera, aventajando a “El acuerdo”.

         Habían quedado para cenar con Vicente, que llegó puntual a las nueve. El editor pudo comprobar que a los dos les habían sentado bien las minivacaciones.

         -Tenéis mejor aspecto –dijo mientras se servía una copa de vino.

         -¿Has tenido algo que ver con la expulsión de Jesús? –preguntó Ruby.

         Vicente sonrió.

         -Querida Concha, me hace gracia lo ingenua que eres… ¿te das cuenta de que jamás me has preguntado cómo me las he arreglado para que vayas de primera? Y para que ganes, porque vas a ganar, no te quepa la menor duda, porque el libro se lo merece.

 

         Ruby pensó que Vicente tenía razón. Ella se había cegado con el resultado final, era lo único que le interesaba, creía que realmente el mundo editorial le debía algo y que no importaban los métodos para conseguir su objetivo; publicar fuera del circuito porno.

         -Es muy sencillo –continuó Vicente –Se trata de generar un bucle que vaya votando y generando cuentas de correo para hacerlo. En realidad, es el mismo método que han usado los otros dos.

         -¿Qué dos? –preguntó Vladimir asombrado.

         -Cállate, Vladimir. Deja seguir a Vicente.

         -Tengo un amiguete “hacker” –continuó Vicente –que me generó el bucle, pero que también introdujo errores en el generado por los otros dos, por eso han descalificado “Zona cero” y, en cuanto se den cuenta, también descalificarán “Tú no lo sabes, Lucía”. Y además…

         Ruby y Vladimir casi no se atrevían a respirar.

         -Mi amigo ha entrado en algunas cuentas de correo y creo que hay algo que deberías ver, Ruby. Es necesario.

         Vicente conectó el ordenador portátil al cañón camuflado del salón y desplegó la pantalla del techo. A continuación, apareció una cuenta de correo. Abrió varios mensajes, dirigidos a Merce por Jesús.

         -No te va a gustar, pero tienes que verlo.

         Los mensajes llevaban varios vídeos adjuntos. Tanto el contenido de los mails como las imágenes no dejaban lugar a dudas  sobre la relación que unía a aquellos dos indecentes. Así Ruby tuvo conocimiento de cómo se había gestado toda la trama: la editorial había rescindido el contrato de Jesús a pesar de haber publicado su último libro, estaba desesperado. Por otro lado, Merce quería dar el salto al mundo de la literatura, pero  su talento para ello era más bien escaso. Nada mejor que aprovecharse de la amiguita de Merce, Ruby, que tenía tres novelas inéditas de gran calidad y robar una para cada uno… el bucle haría el resto, ganara quien ganara, se repartirían los beneficios. Era sencillísimo, Jesús no tenía más que seducir a Ruby, pues Merce se negaba a perpetrar el robo de los originales alegando que “daba mucho el cante”. Para cuando la muy pardilla se diera cuenta, el mal ya estaría hecho.

         Los vídeos despertaron el entusiasmo de Vladimir, siempre abierto a nuevas experiencias.

         -IOh! Pero qué guarros son, Ruby, fíjate, ni siquiera tú serías capaz de describir una escena como ésta. Qué manía tiene la gente de filmarse haciendo cochinadas y mandarse los ficheros… es de degenerados, yo jamás me prestaría a eso, me parece… Ruby ¿Me escuchas?

         No, Ruby no escuchaba… se había sumido en el mayor de los mutismos, parecía haberse vuelto de sal.

         Vicente se levantó del sofá.

         -Voy a mear y ahora hablamos de ello. Pero no te preocupes demasiado, cariño. –Y dio a Ruby un ligero beso en la mejilla.

***

         Cuando Vicente regresó del baño encontró a Vladimir totalmente enfrascado en el visionado de los vídeos que reproducían las acrobacias de Jesús y Merce. Tuvo que sacarlo a gritos de su ensimismamiento.

         -¡Vladimir, coño!

         El chico se sobresaltó y le dio al pause.

         -¿Dónde leches está Ruby?

         -Se fue hace unos cinco minutos. Dijo que volvería pronto.

         Vicente montó en cólera y sacudió al chico por los hombros.

         -¿Eres idiota? ¿Cómo se te ha ocurrido dejarla ir? ¡Imbécil!

         Tras unos minutos de confusión inicial, Vicente empezó a pensar. Llamó a Ruby y no cogió el teléfono. Sólo había dos posibilidades: o había ido a casa de Merce o a la de Jesús. Llamó a Merce y saltó el contestador, así que se puso a buscar frenéticamente la dirección de Jesús en la guía telefónica mientras rezaba para que figurase allí. Por suerte, la dirección venía. Agarró a Vladimir por el cuello y ambos salieron pitando a casa de Jesús en el todoterreno de Vicente. Vladimir chillaba, impresionado por la forma de conducir del editor, hasta que Vicente le propinó un puñetazo y todo quedó tranquilo. Algo le decía que no iban a llegar a tiempo…

         Llamó a Ruby al móvil mientras llegaban, por suerte esta vez cogió el teléfono. Le preguntó el piso y le dijo que se dirigían allí y que no se moviera. Su voz al contestar le pareció tranquila, pero no las tenía todas consigo.

         Sus peores pronósticos se habían cumplido, como pudo comprobar cuando una Ruby de aspecto cansado les abrió la puerta con una pistola muy pequeña en la mano. Sin hablar, les indicó el camino al dormitorio.

         -¿De dónde has sacado eso, Concha? –preguntó Vicente –No te pega nada.

         -Un regalo que me hicieron en la Semana de Novela Erótica de Chicago el año pasado –musitó –La estreno hoy –añadió con un tono de voz escalofriante.

         Jesús Fuente y su amante Merce yacían en la cama abrazados, con sendos tiros en la cabeza. La pistola tenía un calibre muy pequeño y el agujero era mínimo. Ruby se derrumbó en la butaca.

         -Estaban durmiendo. Ni se enteraron siquiera. Usé este cojín como silenciador.

         Vicente miró a Ruby horrorizado. ¿Aquella mujer fría era la escritora más exitosas de su editorial? No se lo podía creer.

         Tras la sorpresa inicial, y fiel a su temperamento práctico, se rehízo enseguida.

         -¿Cómo entraste, Concha?

         -Tengo llave. Jesús también tiene de mi piso. Tenía, quiero decir…

         -¿Te vio alguien, te cruzaste con alguien?

         -No.

         De repente, Ruby se echó a llorar.

         -Tuve que hacerlo, Vicente… no me juzgues mal. Tuve que hacerlo.

         Vicente la abrazó. Vladimir permanecía en el umbral de la puerta con los ojos como platos.

         -No pasa nada, querida. Lo comprendo. Estoy pensando…

         -¿En qué?

         Vicente se sentó y encendió un cigarrillo.

         -En que tengo el pozo de la casa de la sierra seco y contaminado y mañana van a condenarlo con unas cuantas toneladas de cemento fresco…

         De repente, Vladimir intervino.

         -Vicente, me preguntaba… por casualidad no habrá sitio para otro más ¿no?

***

         Ahora Concha Rubirosa se reía mientras firmaba ejemplares de “El Acuerdo” en su caseta de la Feria del Libro de Madrid, recordando la espantosa noche aquélla, pero en su momento había sentido horror, repugnancia y asco hacia sí misma.

         Menos mal que Vicente lo había arreglado todo con su eficiencia característica. Tras adecentar la escena del crimen y borrar todas las huellas, hubo que meter los cuerpos de los dos miserables en el todoterreno de Vicente, pasar por casa de Vladimir, esperar a que éste hiciera su trabajito, cargar el cuerpo de Antonio, llevarlos al pozo y tirarlos, junto con la pistola y las sábanas. Además hubo que hablar con el “hacker” amigo de Vicente para que dejara un montón de indicios que apuntaran a que los dos malditos ladrones del libros habían huído juntos y que no tenían la menor relación con Ruby. La policía investigó la desaparición durante algún tiempo, revisó los ordenadores, incautó los vídeos porno de la parejita y sus mensajes y ahora andaban buscándolos por algun país exótico, ya se cansarían. De Antonio no se había preocupado nadie, era un broncas y no se le echaría de menos. No se esforzaron demasiado en dar con su paradero.

         Los obreros cegaron el pozo de Vicente sin el menor problema y entonces los tres respiraron tranquilos, ninguno ha sentido nunca remordimientos de conciencia. Ruby piensa que hizo un favor al mundo librándolo de gentuza como Jesús y Merce. Con el tiempo Vicente se enteró de que “Desafinado”, la primera novela de Jesús, también había sido copiada a un amigo suyo que había acabado suicidándose del disgusto, así que su muerte quedaba vengada. Vladimir, por su parte, considera que todas las palizas que había recibido del insoportable Antonio justificaban la bala que ahora reposaba en el fondo de su cerebro de mosquito. Vicente haría lo que fuera por proteger a Ruby, la quiere como una hija. Y si eso incluía cargar con el muerto del mariquita, pues también, qué coño.

         “El Acuerdo” fue un éxito de ventas, y gracias a ello se editaron también las novelas que habían sido rechazadas en concursos anteriores, pero eso fue una minucia al lado de la nueva novela de Ruby Contreras, titulada por fin “El polvo y la pluma”. Los vídeos de los ejercicios amatorios de los dos ladronzuelos habían inspirado muchísimo a Ruby, que, en la primera página de la obra, anunciaba a sus lectores su retirada. Había escrito ochenta y cinco novelas eróticas en veintidós años y consideraba que merecía un descanso.

         Vladimir se convirtió en el secretario personal de Ruby, además de su entrenador. Van juntos a todas partes y el ruso hace su trabajo extremadamente bien. Siguen discutiendo muchísimo, por supuesto. Y despierta tal admiración que Ruby ha tenido que fabricarle una biografía rocambolesca, con pasado relacionado con la familia real rusa y todo. Vladimir es feliz, por supuesto. Ruby y él viven juntos pero no revueltos, y se lo pasan muy bien porque, en el fondo, son tal para cual.

         Vicente se forró con todo este lío. Ya dice el refrán que “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Como no sabía qué hacer con tanto dinero, Ruby le sugirió que dedicara una parte a ayudar a nuevos talentos literarios. Así que Vicente llegó una mañana y dijo:

         -Concha, había una tal Morgana que concursaba contigo en el certamen del Tajo Francés con un cuento muy bueno que se llamaba “La Cita”. Voy a intentar localizarla ¿Qué te parece?

         Y Ruby contestó que le parecía bien, que la llamara. Pero eso ya forma parte de otra historia.

 

 

FIN