LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

lunes, 28 de febrero de 2011

LA SUPINA ESTUPIDEZ DE LA LEY ANTITABACO

Nunca me ha gustado fumar. Ni de joven. Lo intenté, por supuesto, pero tras varias veces en las que pensé morir asfixiado y otras cuantas que vomité como consecuencia del mareo, decidí que aquello del cilindro nicotínico no era para mí. Lo hago muy excepcionalmente, pero no me gusta. Y, para ser franco, tampoco me apasiona que lo hagan a mi alrededor. De hecho por fin he conseguido que mi mujer habilite un rincón del fumador en casa y ya no tengo que tragarme sus malos humos en lo que a tabaco se refiere, que en lo que atañe a otras cosas la cruz que llevo la conozco sólo yo. En resumen: estoy contento con la ley antitabaco. Puntalización: estoy contento porque ya no trago malos humos tabaquiles. Estoy muy descontento por otras cosas que paso a detallar a continuación:
Parece ser que la ley antitabaco se ha convertido en el equivalente de la ley "Tenga a su niño en la calle hasta las tantas aunque se esté cayendo de sueño". Ahora que los locales no son un lugar apestoso para los tiernos pulmones de los infantes, algunos padres creen que se ha abierto la veda para llevárselos a todos los lados. Uno ya no puede cenar tranquilamente en cualquier sitio (sin humo) sin que lo incordien continuamente chillidos, carreras y lloriqueos varios de criaturas que hace mucho rato que deberían estar en la cama. Incluso el otro día me cayó en la cabeza un proyectil en forma de bola de servilleta de papel ¡usada! que, evidentemente, no me estaba destinado. He de decir que tanto me molestan los malos humos como la mala educación.
Esa misma noche coincidí con la criatura y sus supuestos padres en el mismo café. Los papás estaban con otros papás con sus criaturas ocupando un considerable espacio del local. Mientras los progenitores bebían como cosacos riéndose a carcajadas, sus retoños, ya completamente inofensivos, dormitaban sobre incomodísimas sillas retorciendo sus cuerpecillos en un vano intento de coger una postura cómoda. Y yo me pregunto ¿tener a un crío de dos, tres, cuatro años por ahí hasta las dos de la mañana no está penado por la ley? ¿No se considera maltrato infantil? Les recuerdo que la privación del sueño es uno de los métodos de tortura más antiguos y más efectivos que existen. Pregunten en Guantánamo si no...
Más estupideces: un espectador del musical "Hair" sale furibundo del teatro y, acto seguido, denuncia al responsable del espectáculo porque en él los actores se fuman un cigarrillo de hierbas (completamente inofensivo bajo el punto de vista psicotrópico) porque así lo requiere el guión. La obra transcurre en la época hippy, donde lo normal era ir fumado como una mona. Claro, el hombre quizá preferiría que saliesen los actores con un palillo entre los dientes, al más puro estilo Paco Martínez Soria. Pero si las actrices salieran enseñando las tetas (con perdón) porque así lo exigía el guión seguro que no protestaba, aunque esas mismas chicas acompañasen su desnudo con un canuto tamaño XXL.
Otro ejemplo de gilipollez: un amigo mío el otro día estaba en un bar viendo el fútbol tirando compulsivamente de pitillo electrónico (vapor de agua) cuando un señor le conminó a apagarlo, diciendo que le molestaba el olor. Mi amigo se negó en redondo y hasta no sé si algo le soltó sobre que a él también le molestaba el olor de su sobaco y no decía nada. Parece ser que a los no fumadores talibanes lo que les revienta es ver al fumador disfrutando enormemente con su placebo, da igual que sea tabaco o agua de Carabaña en forma de humo. Quizá en el fondo envidiamos profundamente a aquel que, como en un ritual sagrado, aspira profundamente una calada, deja el humo unos instantes en los pulmones y lo expira con expresión de absoluto placer. Quizá nos fastidia porque los no fumadores, sólo de pensar en intentarlo, empezaríamos a ver enanos verdes y a vomitar por doquier.
Para terminar de exponerles ejemplos de este mundo que ya no entiendo, les contaré lo que leí el otro día en un artículo de Carlos Herrera: un señor en Sevilla estaba fumando en la calle cuando una anciana se le acercó y lo conminó a apagar el cigarrillo, diciendo que le molestaba. Y el hombre, calculo que con grandes dosis de gracejo andaluz, le contestó: "Señora, si le molesta, métase en un bar".
He de irme. Me han dejado solo en la oficina y me aburro. Es que todos se han ido a la calle a fumar. Hasta la próxima.

jueves, 24 de febrero de 2011

La noche de bodas

Cuando hace más o menos un año publiqué en Bubok "El triángulo invertido", chorrada de corte erótico donde las haya, expliqué que había dejado aparcado otro proyecto que retomaría en el momento oportuno. Bien, el momento ha llegado y el proyecto, hoy ya realidad, es un cuento titulado "La noche de bodas". 

Me gusta ir investigando géneros que a priori no parecen tener nada que ver conmigo (lo próximo, probablemente, la ciencia-ficción), así que cuando me propuse escribir algo de corte erótico sin tener la menor inspiración tuve que rebobinar en mi cabeza a ver si convocaba alguna musa. Vinieron dos: la primera, Ava Gadner. Leí sus memorias hace muchos años y el relato que hace en ellas de su noche de bodas con Mickey Rooney es muy interesante. ¿Sabían ustedes que el "animal más bello del mundo" era virgen? Sorpresas te da la vida.
La segunda fue un fragmento de la obra de Miguel Delibes "Cinco horas con Mario", que incluyo a modo de cita en el propio relato. ¿Cómo es posible que Carmen Sotillo no supiera nada, absolutamente nada de lo que sucedía después de que les echaran las bendiciones? Conjugué ambas fuentes de inspiración y me lancé a escribir. He seguido una estructura semilineal, en que la acción a tiempo real, es decir, la famosa noche de bodas, se mezcla con el flashback que explica cómo llegó esa pareja a la situación en la que se halla esa noche. Espacio y tiempo están elegidos acordes con el hilo conductor de la historia: Lugo en la posguerra. Los protagonistas, también: chica provinciana e ingenua, novio madrileño curtido en mil batallas. Para aderezar, cada capítulo comienza con una cita sobre noches de boda de novelas más o menos conocidas. Pues nada, disfruten con la historia de amor de Armando y Mili porque, al fin y al cabo, en eso se ha convertido. ¡Qué le voy a hacer yo si me encariño con los personajes...!

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lunes, 21 de febrero de 2011

"PERDONA SI TE LLAMO AMOR": TREMENDO BODRIO *



Clasificación:
***** ¿Qué haces ahí sentado? Corre a comprarlo.
**** Cómpralo, pero no tengas tanta prisa, puedes ir mañana.
*** Pídelo prestado y olvídate de devolverlo.
** Intenta conseguirlo de segunda mano.
* El crucigrama del periódico te está esperando.
Ayer estaba viendo por la televisión la estupenda película "La fiera de mi niña" cuando un recuerdo insidioso, maldito, desagradable se filtró en mi cerebro y me impidió disfrutar del film como se merecía. No sé si habrán visto la película: chica de la alta sociedad neoyorquina, frívola y metomentodo, mete en un lío monumental a un pobre paleontólogo con sus caprichos y estupideces. Trasladen este argumento a la Roma del siglo XXI y tenemos el espantoso argumento de "Perdona si te llamo amor": perfectísima y guapísima adolescente italiana se encapricha de un inteligentísimo y treinteañero publicista recién separado de su novia. Para conseguirlo recurre a los métodos más peregrinos y ridículos que pensarse puedan. ¿Que si me gustó? Muchisísimo. Paso a desvelar sus claves:
Primero, el argumento es un horror por lo tonto y poco creíble. Señores: las adolescentes de melena rubia y largas piernas no suelen colarse por tipos de treinta años con los que tropiezan en la moto, al menos en el mundo real. Chicas: no me cabe la menor duda de que la gran mayoría de los treinteañeros estarían deseosos de vivir una historia así... un par de noches a lo sumo, o de forma secreta para ocultárselo a la parienta.

Segundo: a los personajes es para darles de hostias (con perdón) hasta sacarles la poca masa encefálica que tienen. La niña (Nikki), es insoportable. El publicista (Alessandro), un calzonazos. A ambos les rodea su propio microuniverso de amigos y en algún momento llegan a interactuar. Olly, la ninfómana amiga de la protagonista, tiene un correlato en Paolo, un Berlusconi en potencia amigo del publicista. Es decir: personajes mal trazados, poco creíbles, pacatos e hiperbólicos. Qué suerte, Nikki es la más afortunada entre sus amigas, la más guapa, la más deseada. No es la más estudiosa porque quizá Moccia pensó que YA era demasiado. Y Alessandro... oh, el único con una vida verdaderamente envidiable entre su pandilla de aburridos amigos casados, con un trabajo fantástico, una casa fantástica, un coche fantástico. Lo que me lleva a:

Tercero: fantasía sin límites. La niña es tan, tan, pero taaaan perfecta que consigue que él, que prepara una campaña publicitaria con la que casi se juega el puesto de trabajo, se inspire en ella viéndola dormir y arrase al presentar la idea a sus jefes. Of course ella, que es taaan perfectísimaaaaa, es la modelo que protagoniza la campaña. Y aquí paz y después gloria. Y unos cuantos polvos por el medio (nuevamente, con perdón). Claro, las adolescentes fliparán con las cursilísimas escenas de sexo que se describen en la novela... o no. Afortunadamente, hoy en día están de vuelta de todo e incluso a ellas este libro les parece una moñada.

Cuarto: ¿Técnicas narrativas? ¿Dónde? Ah, sí... hay un momento en que no se sabe muy bien quién encuentra qué para dárselo a quién y el equívoco parece prometer algo... pero no da nada. Por lo demás, una estructura lineal de planteamiento-nudo-desenlace. Punto pelota. Alguna acción paralela, alguna reflexión de los personajes... con algo había que rellenar, son casi 700 páginas de melosa y pegajosa moñería.

Quinto y reflexión final: me queda el consuelo de que quizás, viendo cómo está la cosa, algunos lleguemos algún día a publicar. Sé que he desvelado parte de la interesantísima trama pero también sé que como ustedes suelen hacerme caso, cogerán el crucigrama o leerán otra cosa más productiva. Un saludo.

lunes, 7 de febrero de 2011

GARY MOORE: IN MEMORIAM




Hace dos años tuve el placer de ver a Gary Moore en directo. Un maldito lunes. Lluvioso, aún encima. En un sitio famoso por su espantosa acústica, por si fuera poco. Afortunadamente fuimos pocos los elegidos y sonó como los ángeles. Hoy me alegro en el alma de haber visto en directo por primera y última vez al bluesman, otrora heavymetalero. Ya no habrá ocasión de hacerlo: ayer me quedé tan fría como su cuerpo cuando recibí la noticia de su repentina muerte. Cincuenta y ocho años, tampoco era tan mayor, coño. Keith Richards lleva media vida haciendo oposiciones al traje de pino y ahí sigue.
Había esperado quince años para el encuentro. Pudo ir a La Coruña en 1993, pero una inoportuna faringitis lo impidió. Y durante todo ese tiempo estuve rumiando por lo que podía haber sido y no fue. Afortunadamente, al final me pude resarcir de tan larga espera y mereció la pena, ya lo creo que la mereció. Y pensando ahora que no habrá más veces, no puedo por menos que regocijarme de haber asistido al único concierto que ha dado en Galicia en su vida. Afortunadamente, nos quedan sus discos. Qué suerte tienen los de allá arriba, ya estarán disfrutando de sus bendings.

domingo, 30 de enero de 2011

MARÍA DUEÑAS: EL TIEMPO ENTRE COSTURAS****


EL DISCRETO ENCANTO DE LA SENCILLEZ

Acabo de leer, por no decir devorar, la novela de María Dueñas. Hacía tanto tiempo que no leía nada que me gustara que no sé por dónde empezar esta reseña. Como siempre, iba de uñas por el éxito que la precedía y algunos comentarios de conocidos, que la tildaron de "folletín".

Para meterme de lleno en la historia y seguir su lenguaje específico, he de decir que la novela me ha parecido, traspasando lo literario al terreno de la costura, un traje de Giorgio Armani: diseño sencillo, buen corte, líneas simples, excelentes acabados. Es decir: historia interesante, buena línea argumental, personajes contundentes y bien descritos, absoluta falta de efectismos, ni falta que le hacen.

En una época en que todo está dominado por los vampiros, los templarios y los elementos fantásticos realmente se agradece una historia así: modistilla de finales de la República acaba dando un giro radical a su vida tras varias vicisitudes y dos guerras. No puedo desvelar más del argumento. Léanla, merece la pena. Su estructura está ordenada en cinco partes según el escenario donde transcurra la acción: Madrid, Tánger, Marruecos y Portugal. Me ha encantado la parte africana de la historia, un Tetuán alejado del conflicto bélico descrito a través de las sensaciones que despierta en la protagonista: olores, sabores, colores...
El ritmo narrativo no es tan rápido como a lo que nos hemos ido acostumbrando tras lo publicado en los últimos tiempos, cosa que agradezco infinito. Sin resultar aburrida, se toma su tiempo para ir desgranando la historia (algunos aspectos son previsibles, de todos modos). Y he de decir que engancha enseguida. Por fin un poco de calma en un mundo editorial en el que si no estás atrapado en el primer capítulo la historia ya no sirve. En ese aspecto, el libro me ha parecido un lujo. Detiene la acción las pocas veces en que es necesario dar algunas explicaciones, pero no llega a hartar.

Los personajes están bien caracterizados, con fuerza descriptiva algunos, a través de sus acciones otros. En ocasiones, resultan francamente entrañables, sobre todo los femeninos. Quizá al público masculino le aburra el exceso de ambiente femenino en la historia: trajes, cortes, diseños, maquillajes, peinados, etc. A mí me ha parecido delicioso.

Las técnicas narrativas no son excesivamente sofisticadas, aunque tampoco necesarias. Como ya apunté antes, la novela destaca precisamente por su sencillez de diseño, pero... sorprende el final (gracias, Dios mío). Ya saben lo repelente que soy con los finales de las novelas. Pues bueno, éste SÍ me ha gustado. Un epílogo de sacarse el sombrero, sí señor.

Les deseo una feliz lectura. Por ponerle un defecto, ahí va uno: no la he escrito yo, ya me habría gustado. Hasta otra, bloguer@s.

domingo, 16 de enero de 2011

PAPÁ NOEL III: EL ENEMIGO EN CASA



Curioso y significativo: la que suele ser la última entrada del año de este blog va a ser la primera. Sólo es una muestra más de lo caótica que ha sido mi vida últimamente. Como todos los años, Nicolás y Mercedes regresan con sus aventuras y peripecias navideñas. Ésta es la tercera y penúltima entrega. Como siempre, dada su longitud sólo os pongo aquí el principio y el resto os lo linkeo para descarga directa y gratuita en mi página de safecreative. Espero que os guste y feliz año nuevo a todos.

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PAPÁ NOEL III: EL ENEMIGO EN CASA

15 DE DICIEMBRE

Mercedes salió a la gélida mañana pertrechándose en la bufanda de forro polar. El termómetro del porche marcaba seis grados bajo cero. La atmósfera estaba limpia, aún había multitud de estrellas en el cielo despejado. Mercedes se detuvo un momento a mirarlas y exaló un suspiro enorme. El frío se le metió en los huesos como un puñal, así que se dirigió hacia las cuadras a paso rápido. De repente, una figura pequeña surgió de las sombras.

-Buen día, doñita. Es un decir. Qué frío hace.

Mercedes pegó un respingo.

-¡Emerson! ¡Qué susto me has dado! ¿Siempre tienes que aparecer como un fantasma?

Normalmente, Mercedes sentía un cariño infinito hacia su capataz peruano, pero esta vez la vista del pequeño y moreno Emerson le crispó los nervios. En realidad, desde hacía diez días todo le crispaba los nervios. El capataz no se inmutó.

-Doñita, está usted muy nerviosa –dijo con voz tranquila -¿Le preocupa la vaca?

No; a Mercedes no le preocupaba la vaca, precisamente.

-Ahora vendrá el veterinario. No se preocupe, tendrá un parto estupendo. Pero algo me dice que no es la vaca ¿verdad?

-Emerson, déjame en paz, anda…

El capataz había notado ya unos días antes el cambio de humor de su jefa. No había sido el único. La madre había estado zahiriéndola aquella mañana, después de que Mercedes derramara todo el café en la mesa de desayuno.

-Estás tonta –le dijo –No sé qué te pasa últimamente, estás más atontada que de costumbre.

Por toda respuesta, Mercedes encendió un cigarrillo.

-Y hazme el favor de no fumar aquí. Sabes que no lo soporto.

Mercedes se puso de pie. Los ojos le echaban chispas.

-Y yo no te soporto a ti, madre. Sabes muy bien que podía estar cómodamente en mi biblioteca en vez de ocuparme de esta mierda de granja. Para empezar, aún me quedarían dos horas y media más de sueño. ¡Así que deja de darme órdenes!

La madre tembló de ira. No conocía a su hija.

-Eres una completa maleducada, Mercedes.

-¡Déjame en paz! –Mercedes salió dando un portazo.

Volvió a la realidad. El frío ayudaba a ello.

-Emerson ¿Te ocupas tú del asunto del veterinario? Tengo que ir a los invernaderos a ver cómo va el tema de la partida de repollos. Hoy vienen a buscarlos.

-Descuide, doña. Yo me hago cargo –Emerson sonrió.

Mercedes se alejó a toda prisa de los establos y, al llegar a la esquina del edificio, giró abruptamente en dirección opuesta a los invernaderos. Necesitaba estar sola y llorar. Sentía crujir la hierba escarchada bajo sus pies mientras se dirigía a la vieja cabaña, último reducto de su infancia. Su tío Manolo, hermano de su padre, se la había construido durante un verano. Empujó la puerta con dificultad, estaba hinchada por los muchos inviernos a la intemperie, y se sentó en un tocón.

“Estúpida, imbécil” se dijo a sí misma mientras sacaba el tabaco del bolsillo del plumífero. “Hoy es quince, seguro que aparece hoy.”

Encendió el cigarrillo con manos temblorosas y su escasa autoconfianza se desmoronó al apagar la llama del mechero.

“No… la misión empezaría hoy. Ya me tenía que haber llamado para decirme dónde nos reuníamos. Está claro que no volveré a verle”. Y se echó a llorar.

Tras quince minutos de desahogo, se secó las lágrimas de un manotazo. Seis y media. Tenía que ir a ver si había llegado el veterinario. Por el camino, siguió autotorturándose.

“Seguro que no quiere saber nada de mí, interferir en mi vida… querrá que me asiente de una vez sin estar pendiente de él. Eso, si no…” se estremeció.

Una niebla ligera ascendía de la hierba húmeda, dando a todo un aspecto fantasmagórico. Entonces, en lontananza, divisó una figura rasgando el jirón gris. La reconoció al momento. Aligeró el paso, cada vez iba más rápido. La figura no varió el suyo. Mercedes empezó a correr, a sentir calor, sudaba debajo del plumífero.

-¡Boss, querido Boss! ¡Ya creí que me habíais olvidado! –y se arrojó en sus brazos llorando.

***

El Boss dejó que Mercedes se desahogara a gusto. No la había perdido de vista durante el último año y sabía que no había sido fácil para ella.

-¿Dónde está Nicolás? ¿Dónde? –Balbuceó Mercedes soltándose del abrazo.

-Uf. Está con tu madre –contestó el Boss.

A Mercedes ni siquiera se le pasó por la cabeza preguntar qué habían ido a hacer allí. Sólo quería ver a Nicolás. Se dirigió hacia la casa a zancadas, seguida por el Boss. Fue secándose las lágrimas con la bufanda por el camino. También intentó tranquilizarse. Dejaría que ellos llevaran el ritmo de la conversación.

-Espera un momento, Mercedes –el Boss la cogió por un brazo y la obligó a parar –Sé que has tenido un año duro, durísimo…

Mercedes sintió miedo.

-¿Nicolás sabe algo? –preguntó con voz temblona.

-No –contestó él –No le he dicho absolutamente nada. Lo dejo a tu criterio. Siempre te he considerado una persona sensata y sé que elegirás lo más conveniente. Siento por lo que has pasado.

-Gracias –musitó ella –Supongo que no podemos saludarnos con demasiada efusión. ¿Qué bola le habéis contado a mi madre para justificar vuestra presencia aquí?

El Boss se echó a reír.

-Ya lo verás. Algo gordo, para que colabore. No te preocupes, todo saldrá a pedir de boca.

Mercedes lo dudaba bastante, estando su madre por el medio. Sin embargo, decidió confiar en él. Habían llegado a la casa.

-¿Estoy bien? –preguntó Mercedes con timidez antes de empujar el portón de roble.

-Estás guapísima –respondió el Boss poniendo los ojos en blanco.

Se oían voces procedentes de la cocina. Mercedes guió al Boss a través del largo pasillo. Suspiró varias veces antes de entrar y, armándose de valor, hizo acto de presencia en la estancia.

-Ah, ya están aquí –dijo la madre.

Nicolás se acercó a ella con los ojos brillantes. Mercedes permaneció petrificada, esperando que moviera ficha. Le temblaban las piernas. Se clavó las uñas en las palmas de las manos para refrenar las ganas de abrazarlo.

-Hola, Mercedes. Cuánto tiempo –Nicolás le tendió la mano. Ella se la estrechó con flojedad. Le daba la impresión de que todo era un sueño.

-¿Qué tal, Nicolás? –consiguió articular al final. El montaje teatral no le estaba gustando en absoluto. Sentía los ojos de Nicolás por todo su cuerpo y, lo que era peor, también los de su madre. Esperaba que fuera lo que fuese que se habían inventado aquellos dos para justificar la presencia en su casa preguntando por ella, fuese convincente.

-Mercedes les hará café –dijo la madre con voz contundente –Siéntense, por favor.

Mercedes empezó a trastear con la cafetera, sin dejar de sentir los ojos de su madre posados en su espalda. Se hizo un silencio incómodo. La madre lo rasgó con un tono de voz metálico que no auguraba nada bueno.

-Vaya, vaya, Mercedes… Así que trabajas de espía. No sabía yo nada de ese pluriempleo, fíjate…

A Mercedes casi le cayó al suelo por segunda vez aquella mañana la cafetera italiana. ¿Espía? ¿Qué diantre habían inventado aquellos dos? Se giró para intentar contestar algo plausible, pero el Boss se le adelantó.

-Verá, señora… No sé si Nicolás le habrá contado lo valiosa que es su hija para nuestras misiones. Créame, el gobierno le estará eternamente agradecido por su colaboración, además de que le pagaremos unos honorarios más que generosos.

La madre relajó el gesto.

-Llámeme Dorinda, por favor –le contestó al Boss –Lo que me cuesta entender es cómo puede Mercedes ayudarles a ustedes, fíjense… ¡Si ni siquiera sabe manejar la cafetera con soltura!

Nicolás empezó a notar cómo le hervía la sangre. ¡Maldita mujer, llamando torpe a su perfecta y eficiente Mercedes! La miró con rabia, pensando cómo de semejante miniatura podían haber salido los ciento setenta y cinco centímetros en los que se había convertido la esbelta Mercedes. Doña Dorinda Mareque permanecía sentada muy tiesa, con el pelo gris recogido en un moño tirante. Iba enteramente vestida de negro, se suponía que de luto por su marido, aunque en realidad lo era por pura comodidad y falta de coquetería. Así mataba dos pájaros de un tiro. Su espalda estaba curvada y su rostro surcado de arrugas, lo que revelaba una vida dura dedicada al campo, al igual que sus manos callosas. Miraba a sus interlocutores de modo inquisitivo y desafiante, y eso hacía que todo el mundo la respetara, a pesar de su apariencia pequeña y frágil.

-Pues créame, en las misiones es la eficiencia personificada –contestó Nicolás con tonillo impertinente.

Dorinda lo ignoró y siguió dirigiéndose al Boss. Estaba claro que, de los dos, era su favorito.

-No recuerdo su nombre, señor…

-No se lo había dicho, perdone. Me llamo Cristóbal; Cristóbal Pérez.

Mercedes puso el café en la mesa. Repartió tazas, platos y cucharillas y sirvió el reconfortante líquido.

-Gracias –le dijo Nicolás con un tono cargado de intención.

-¿Y ocupa usted un puesto muy importante en el gobierno? –estaba preguntando Dorinda.

-En seguridad nacional, el máximo – Contestó el Boss. Y comenzó a desenredar la madeja de embustes que había tejido para convencer a la suspicaz Dorinda. Mercedes los había ayudado en otra misión cuando trabajaba en la biblioteca, ni más ni menos que un ladrón de guante blanco buscado por toda la Interpol que había robado varios cuadros y unos cuantos manuscritos de museos y bibliotecas. Mercedes había desenmascarado al ladrón porque su comportamiento en la biblioteca resultaba sospechoso. Efectivamente, el tipo andaba detrás de un millonarísimo “Libro de horas” que se custodiaba allí. Desde entonces, el Departamento (se guardó bien de decir cuál) contaba con la colaboración del valioso cerebro de Mercedes de vez en cuando.

-No me habías contado nada, hija –Dorinda se dirigió a Mercedes, que se sentaba junto a Nicolás muy tiesa también. El Papá Noel le cogía la mano por debajo de la mesa, a falta de algo mejor.

-Por aquella época no nos hablábamos, mamá –contestó la aludida con insolencia.

-Sirve a los señores un trozo de ese bizcocho de nata tan rico que hiciste ayer –contestó la madre soslayando el tema. A continuación, se dirigió al Boss en tono confidencial –Mercedes cocina de maravilla.

-Oh, Dios mío –murmuró Mercedes muy bajito –Las tornas han cambiado, ahora me está haciendo propaganda…

-Por no hablar de cómo lleva la granja. Bueno, Cristóbal, tendrá usted ocasión de comprobarlo en primera persona, porque mientras dure su… ¿misión, la ha llamado? se alojará aquí, por supuesto…

-Y a mí que me vayan dando –susurró Nicolás a Mercedes.

El Boss ensayó su sonrisa desarmante.

-Cuánto lo siento, Dorinda, créame… Yo no puedo quedarme, estaré yendo y viniendo… pero mi lugarteniente Nicolás sí necesita un lugar dónde alojarse, y acepta su invitación encantado. ¿Verdad, Nicolás?

Nicolás se atragantó con el trozo de bizcocho que estaba comiendo y bebió precipitadamente un sorbo de café.

-¿Qué? Oh, sí, por supuesto. Muchísimas gracias por su hospitalidad.

El Boss sonrió a los tres rostros que lo observaban con ganas de fulminarlo. La maniobra había salido perfectamente. Conociendo a doña Dorinda, las posibilidades de que Mercedes y Nicolás pudieran compartir sus noches estando bajo el mismo techo se reducían al mínimo.

***

-Mataré al Boss. Menuda jugarreta nos ha hecho –masculló Nicolás francamente contrariado.

Estaba sentado en el tocón de la cabaña, con Mercedes sobre sus rodillas. Por lo menos el Boss había tenido la gentileza de dejarles media hora de asueto para que se saludaran como era debido.

-Mi idea era coger un hotel a algunos kilómetros de aquí y que tú te escaparas por las noches –continuó Nicolás, aspirando el aroma del pelo de ella.

-Mi madre se despierta con el vuelo de un mosquito –se lamentó Mercedes -Ya tendríamos que dejarnos ver, deben de andar preguntándose dónde estamos. ¡Maldita sea, Nicolás! ¿De todos los casos navideños teníais que elegir justo uno aquí? ¿De entre todo el globo? ¡Ya es casualidad!

Se pusieron de pie y salieron de la cabaña muertos de frío. Eran las ocho de la mañana y estaba empezando a amanecer. Un mastín enorme les salió al encuentro. Nicolás se asustó.

-Es Rocky –explicó Mercedes –No hace nada –Y le acarició la cabeza.

Nicolás volvió al tema.

-Mira, cuando el Boss me lo comentó me pareció malísima intención por su parte… hasta que me contó los detalles. Es un código rojo en toda regla. Lo demás puede esperar.

Mercedes se paró en mitad del camino hacia las cuadras. Iba a ver si la vaca había parido por fin.

-Oye, oye, oye… Esto no tendrá nada que ver conmigo ¿eh? No tengo con quién arreglarme ya, estoy a bien con todo el mundo.

La expresión de Nicolás se endureció hasta extremos inimaginables.

-Ya no se trata de arreglar a nadie con nadie. Estamos hablando de algo muy grave. Estamos hablando de evitar una muerte.

Mercedes abrió la boca como una tonta. Nicolás le ahorró hacer la pregunta.

-Mercedes… quieren matar al alcalde.

***

El todoterreno frenó en seco a dos metros de la orilla del río. Habían decidido reunirse lejos de ojos y oídos indiscretos para ultimar los detalles. La vaca había parido un ternero precioso, los huevos y los repollos habían sido recogidos por los proovedores y todo parecía funcionar bien. Mercedes podía concentrarse en la misión, siempre que no la distrajera Nicolás, claro.

-Veo que sigues conduciendo como una loca –dijo Nicolás soltándose el cinturón de seguridad.

Hacía demasiado frío para bajar del coche, pero el Boss insistió en pasear por el bosque.

-No querrás que alguien te vea y diga que la hija de la Dorinda estaba en el coche con dos hombres…

Mercedes asintió. No, no quería en absoluto.

-Así que quieren matar a Lorenzo. Ya me imagino quién es…

Por supuesto, sólo podía ser una persona: el antiguo alcalde y ahora jefe de la oposición. El asqueroso David, el cerdo de David, el ricachón del pueblo, último bastión de los caciques.

-David Molero tiene ideas raras y perversas rondando por su cabeza –intervino el Boss.

-Por supuesto. David Molero sólo tiene ideas raras y perversas en su cerebro. No da para más –Mercedes escupió las palabras.

Había mentido antes al decir que ya no tenía nadie con quién arreglarse. Odiaba a David Molero todo lo que un corazón generoso como el suyo era capaz de odiar. Lo odiaba desde aquel día de verano de sus diecisiete años en que el matón de David la acorraló en una cuadra abandonada con lo que ella imaginó eran pérfidas intenciones. La fue llevando hasta dejarla pegada a la fría pared de madera, a pesar de la época estival. Pegó su cuerpo al de Mercedes y, acercando la boca a su oreja, susurró unas palabras que nunca olvidaría:

-Coño, la Mercedes. La hija de la Dorinda. ¿Sabes qué pienso de ti? –al mismo tiempo, le manoseó los pechos torpemente –Eres demasiado fea para que te meta mano. No te hagas ilusiones –Y la soltó bruscamente, se alejó a carcajadas, subió a su moto reluciente con el tubo de escape trucado y se marchó petardeando, dejándola llorosa y temblorosa. Mercedes se dejó resbalar por la pared hasta quedar en cuclillas mucho rato. Lloró como nunca en su vida. No sabía muy bien si era por el miedo a ser ultrajada o por el desprecio de no ser merecedora de ello. Perdió la noción del tiempo, llegó tarde a casa y su madre la castigó. Aborreció a los hombres a raíz de aquella experiencia, hasta que llegó Nicolás. Sí, Mercedes odiaba a David.

-Sólo de pensar que tengo que tratar con ese sujeto me dan ganas de vomitar –expresó en voz alta.

Las tornas habían cambiado a raíz de la vuelta al pueblo de Mercedes el año anterior. David Molero ya no la miraba con desprecio, sino con absoluta lujuria. Le gustaban los retos y había que reconocer que la hija de la Dorinda se había puesto hecha un bombón. Y ella lo odiaba, cosa que a él le excitaba más todavía. El hecho de estar casado y ser padre de tres criaturas parecía no importar demasiado. Todo el pueblo sabía que David Molero era el propietario de dos de los tres bares de carretera del pueblo, así que se podía sospechar que la fidelidad no era su fuerte. Marián, su mujer, odiaba a Mercedes porque sabía que su marido la rondaba. Mercedes despreciaba a Marián por aguantar al lado de semejante especimen sólo porque tenía dinero y posición.

-No es tanto tratar con David, que de eso ya me encargaré yo, como de vigilar a Lorenzo –dijo Nicolás con tono de fastidio. Tono que a Mercedes no se le pasó por alto –De todos modos, tenéis una relación bastante estrecha ¿me equivoco?

Mercedes parpadeó. ¿Eran los celos los que hablaban por boca de Nicolás?

-Hombre, Nicolás. Estamos en la misma corporación municipal, soy su concejala de cultura. Evidentemente, tenemos que tener un contacto estrecho, digo yo –intentó que su voz sonara con aplomo, pero le temblaban las rodillas. ¿Nicolás sospecharía algo?

Lorenzo Bermúdez había sido durante años el único hombre que a Mercedes le resultaba soportable. Cuando eran niños ella lo ayudaba durante el verano a quitar los cepos y trampas de los cazadores furtivos. Lorenzo tenía una conciencia claramente ecologista y amaba a los animales. Después se marchó del pueblo durante mucho tiempo y, casualmente, regresó cuando Mercedes hizo lo propio, el año anterior. Sus padres habían muerto y había vuelto para ocuparse de su granja, que también había entrado en la subvención del cultivo biológico. Es decir: eran rivales, pero al mismo tiempo eran amigos y colegas. Cuando Lorenzo, harto de los tejemanejes de David en el Ayuntamiento, dijo a Mercedes que quería presentarse a las elecciones y que la quería en su equipo, ella aceptó. Llevaba un programa impecable y ambicioso, y ganó. Todo el pueblo lo quería menos David y sus adláteres. Imposible no quererlo, a una presencia física agradable y simpática unía un carácter encantador, con indudable don de gentes. Y, además, permanecía soltero.

***

-¡Por encima de mi cadáver! –bufó doña Dorinda cruzando los brazos bajo su generoso pecho.

El plan había quedado trazado por la mañana en sus rasgos esenciales, pero quedaba un fleco. ¿Cómo justificar la presencia de Nicolás en el pueblo? Mercedes y él serían vistos juntos infinidad de veces y las murmuraciones se dispararían. Así que el Boss propuso hacer pasar a Nicolás por novio de Mercedes, lo cual no era del todo mentira.

-¿Usted se imagina los cotilleos que habría en el pueblo al saber que alojo al novio de mi niña bajo el mismo techo que ella? ¡Eso no es una casa decente! –gruñó la anciana.

-Pues no sé qué otra cosa podemos hacer –murmuró el Boss. Ya se imaginaba que doña Dorinda se negaría.

-Podemos decir que viene a ver la granja para comprarla. Eso sería más creíble y respetable. Y no hundiría la reputación de mi niña de por vida –sugirió la madre.

Mercedes esbozó media sonrisa. Si a los treinta y siete años tenía que cuidar de su reputación…

-Y usted –continuó doña Dorinda dirigiéndose a Nicolás –sepa que lo tolero en mi casa porque la paz mundial corre peligro, que si no… es usted demasiado guapo y no me gusta cómo mira a mi Mercedes. Dormirá en el cuarto que está al final del pasillo, y le advierto que me despierto hasta con el roer de una polilla… -Nicolás ahogó una carcajada al escuchar lo de la paz mundial. Lo del pasillo y la polilla ya no le gustó tanto.

-Descuide, señora. No tengo el menor interés en su hija y no le tocaré un pelo de la ropa –al oír esto, el Boss empezó a toser aparatosamente.

-¡Por supuesto! –contestó la mujer –Mi hija es un espejo de virtud y no toleraría que usted le pusiera la mano encima ¿Verdad, Mercedes? –Mercedes fingió afanarse en coger los platos del aparador para poner la mesa –Y, además, es demasiado buena para usted, como podrá comprobar estos días.


jueves, 30 de diciembre de 2010

AÑO NUEVO, LIBROS VIEJOS





Parece mentira, ¿eh? En plena era tecnológica de ipads, tablets y libros electrónicos me sale a mí el lado nostálgico y dedico la última entrada del año a estas reliquias. Esta mañana casi me salía la lagrimilla al colocar los libros para la composición fotográfica. No están todos los que son, pero sí son todos los que están.
Si algo agradezco infinitamente a mis padres es que les gustara leer y que me transmitieran ese amor por las letras. Todos los libros antiguos que poseo (los de la foto son una pequeña muestra) fueron primero suyos. Me encanta abrir la primera página y ver la fecha, ninguno es posterior a 1950. Algunos conservan la etiqueta del precio todavía (irrisorio). Sus páginas están amarillas y polvorientas, pero me encantan.

Descubrí la mayoría de estos libros durante las vacaciones de verano o alguna de mis enfermedades infantiles, cuando se me acababa la lectura y tenía que empezar a buscar entre lo que había en casa. Siempre me alucinaron los dibujos de las sobrecubiertas. Muchos no han resistido el paso del tiempo, pero me parecían una obra de arte. En algunos casos, las tapas de las cubiertas tampoco han sobrevivido.
Poco a poco me los fui apropiando, viendo que el resto de la familia no les mostraba el mismo aprecio que yo. Los guardo como oro en paño y los releo de vez en cuando, especialmente mis favoritos, los de Cecil Roberts y los de Somerset Maugham. Otros los he leído solamente una vez, por parecerme cursis, aunque deliciosamente cursis. Y todos son viejos, pero entre sus páginas están las huellas dactilares de mi padre, de mi madre, de mis hermanos... Los considero un tesoro.
Como he dicho, no están todos los que son. Faltan muchos de mis favoritos, como "El velo pintado" o una edición a tres columnas de "Orgullo y Prejuicio" de Jane Austen. Y alguno de la inefable María Luisa G. de Linares. Pero elegí estos porque son los mejor conservados, así que imagínense cómo estarán los otros.

En fin, que despido un año viejo con libros viejos. Desde aquí les deseo a todos ustedes un feliz año nuevo, queridos blogueros. Sólo espero que el nuevo año no sea para mí tan espantoso como el que ya se marcha. Un abrazo a todos.


martes, 21 de diciembre de 2010

BOBBY FARREL, IN MEMORIAM


Como todo el mundo, he de reconocer que tengo un lado políticamente incorrecto (en mi caso, supera al correcto). Y también se extiende a mi purista gusto musical. Ése fue el que dominó cuando, allá por finales del siglo XX, salió la recopilación de los grandes éxitos de Boney M. Me faltó el tiempo para ir a comprarlo.
Sí, me gusta Boney M, qué le vamos a hacer. Tiene la virtud de hacerme mover el culo en cuanto oigo los primeros compases de casi todos sus temas, lo cual no es poco. Me hace sacar de paseo mi escaso buen humor. Me da ganas de bailar. Durante años copié con bastante acierto las bajadas de su cantante, aún a riesgo de hacerme una contractura seria. Y hace unos minutos me acabo de enterar de que tan formidable tipo, que cantaba como si desayunara cazalla a diario y bailaba como Quasimodo, ha muerto. Pues nada, in memoriam. Me da cierta pena, he de confesarlo. Aunque siempre nos quedará su música o, más bien, la de las morenas impresionantes que le hacían los coros, que son las que verdaderamente saben cantar.
Boney M conoció las mieles del éxito allá por mil novecientos setenta y mucho, gracias a un par de discos que contenían lo mejor de su producción: Daddy Cool, Ma Baker, Rasputin, Rivers of Babylon… después cayeron en el olvido, se les consideró horteras, todos los que habían destrozado pistas de baile envueltos en sus melodías renegaron de ellos y los consideraron horteras. Yo fui de las pocas que siguió fiel al fenómeno. Imposible olvidarlos: en cierto programa de la infausta TVG eran los invitados de honor casi todos los viernes. Las chicas acompañantes iban cambiando, pero Bobby seguía siendo el mismo. Aguantó estoicamente la tormenta cuando lo acusaron (y reconoció) que no cantaba en directo. Por lo demás, eran el último reducto de la música disco de los 70, la buena, antes de que el espantoso tecno lo invadiera todo, con sus horteras trajes dorados y sus esperpénticas coreografías. Descanse en paz.




lunes, 20 de diciembre de 2010

KEITH RICHARDS: "VIDA"


ABURRIDO *



Evidentemente, sería del género tonto pedir calidad literaria en la autobiografía de una estrella del rock, no es ése el objetivo principal en absoluto. Y, desde luego, el esperadísimo autorretrato del guitarra de los Rolling Stones Keith Richards no la tiene. Ni calidad literaria ni casi nada, en realidad. He leído hasta el día de hoy cuatro biografías de los Rolling Stones y ésta es, con diferencia, la peor de todas. De hecho, aprovecho desde aquí para recomendar la que hizo Gus Cabezas para la editorial Cátedra. Es completísima (trae reseñas discográficas) y está fenomenal de precio.

Yo no sé si el fallo está en que esperaba más. ¿Pero más de qué? Richards no se corta un pelo a la hora de hablar de su adicción a las drogas y adornar el relato con anécdotas de todo tipo. Tampoco me interesaba mucho ese tema, sino más bien el proceso creativo de la banda. Y Richards se pierde en auténticos fárragos a la hora de hablar de sus influencias de blues y country, haciendo el relato francamente aburrido y digno de leer en diagonal para todo aquel que no sea un experto en el tema. Asimismo, no tenía especial interés en los problemas que ha tenido durante todos estos años con Mick Jagger, y el caballero se despacha a gusto durante un buen montón de páginas con la pobre Brenda, como él lo llama. Quizá el problema es que había leído bastante sobre los Rolling anteriormente y no he podido evitar las comparaciones, que, como ya sabemos, siempre son odiosas. Es simpático el relato sobre su infancia y adolescencia (descafeinado encuentro con Jagger, pasando muy por encima la relación con Brian Jones y Bill Wyman), y poco más. Se explaya en demasía hablando de sus grandes colegas, como Gram Parsons o Bobby Keys (actualmente saxofonista de la banda), pero, al final, nada entre dos platos. Me ha gustado poder leer por fin de sus labios en qué consiste la famosa afinación en sol abierto que lleva usando desde hace muchísimos años y constatar algo que ya sabía: los Rolling hacen temas de poco más de tres acordes; Richards es clásico y purista, no quiere arriesgar y, por supuesto, odia los paseos por el lado oscuro del rock, es decir, el pop; tampoco toca TAN bien, por lo menos su fama no está justificada. Y como reconteur, como dirían los franceses, hará dormir a sus nietos de puro tedio. En resumen: mucha paja, cuando esperaba adrenalina pura. Una pena.

viernes, 10 de diciembre de 2010

EL IPHONE CHINO, O CHIPHONE




Necesito cambiar de móvil. Primero porque el mío ya casi no aguanta sin recargarse a diario. Segundo, porque parece de la época antediluviana, y eso que sólo tiene dos años. No tiene nada interesante, creo que el adelanto tecnológico más puntero que posee es el bluetooth. Dos años hace que lo tengo, el teléfono supongo que tiene más, fue producto de un cambio por puntos en una de las tiendas de operadores, no pienso decir en cuál. Todas son igual de mangantes. Llevo dos meses buscando un móvil decente para acogerme al plan y en todas tengo que casarme con ellas. Y yo ya estoy casada.
Para más inri, esta semana ha entrado en mi humilde hogar el pijerío más absoluto en telefonía móvil: un iphone 4. Sólo que no era para mí. La verdad es que no me ha dado mucha pelusa, me parece demasiado caro como para dejarlo olvidado en la barra del bar donde tomo el café de las once. Pero la llegada del nuevo miembro macinthero de la familia me hizo darme cuenta de lo desfasada que estoy en ese campo. La culpa: los operadores de telefonía móvil. Te tienen pillado por salva sea la parte, si quieres un móvil puntero te tienes que plegar a un plan draconiano, tarifa plana, bla, bla, bla. Así que decidí mear fuera del tiesto y buscar un móvil libre. ¿Y dónde se busca mejor? Lo han adivinado: en la red. Allá me voy a google y tecleo: "móvil con wifi". Porque sí, señores teleoperadores, si tengo wifi no quiero para nada sus putas tarifas punto G. Pero resulta que ustedes no me dan un móvil con wifi si no me hago un plan de tarifa plana que, a la larga, entre permanencia y toda la pesca, me va a salir más caro que comprarme un móvil libre.
En fin, que me voy de tema. Lo primero que me sale es una página donde venden falsificaciones de iphones (con diversos nombres, como hiphone y cosas así) a menos de cien euros. Ojiplática que me quedo... es igualito, y tan made in China como el iphone original. ¡Y el modelo 4 sólo cuesta 99.90! Les juro que estuve a un clic de comprarlo, menos mal que estaba el abuelo Cocinillas conmigo y me frenó la mano. Se me pasaron dos pensamientos por mi dura cabezota: que menudo morro tienen los de apple y la de pasta que se embolsarán cobrando lo que cobran por un móvil y lo que duraría el facsímil oriental... así que trasteé un poco por la red buscando opiniones de usuarios y me encontré lo que esperaba: el teléfono es una mierda, aunque admite dos tarjetas SIM que te eximen de contratos de por vida con movistar o similares (vaya, ya lo he dicho, qué bocachancla soy). Para ello hay que abrir la carcasa trasera e insertar las tarjetas. Si el telefonillo sobrevive a dicha maniobra, habrá que encenderlo. Es posible que no funcione. Eso si te llega en la fecha que ellos prometen, que son cuatro días, porque unos cuantos pardillos cabreados decían que habían tardado hasta dos meses en mandárselo. Hombre, China sigue estando muuuuuy lejos.
Bien, suponiendo que el gadget haya sobrevivido a la apertura de la carcasa y al encendido, lo siguiente es desbloquearlo deslizando el dedo suavemente por la pantalla, igual que el original. Sólo que el original es ultrasensible y se desbloquea a la primera, y éste en cambio hay que desbloquearlo con martillo y escoplo poco menos. Por supuesto, el interfaz es clavado al del iphone, pero en cutre. Dicen que hasta sale la manzanita de bienvenida. E imagino que de descargarse aplicaciones de itunes, nanay de la China, nunca mejor dicho.
Éste era el producto estrella, pero, no se lo pierdan: tienen una ipad falsa llamada Apad (originales, los chicos) a ciento y pico euros. E imitaciones de blackberrys y otros juguetes varios. También tienen aparatos para espiar, pero no sé muy bien en qué consisten... ni quiero. Creí que esas cosas sólo existían en la CIA y en la imaginación de Stieg Larsson, francamente.
Por ser justa, he de decir que también he leído opiniones favorables del producto, pero viendo que las calamidades las superan por goleada, qué quieren que les diga... yo me quedo con un nokia de los de toda la vida, no vaya a ser que por culpa de comprar el iphone chino acabe necesitando un sonotone, como mi abuelo Cocinillas.





lunes, 29 de noviembre de 2010

OBLIGACIÓN VERSUS PROHIBICIÓN



Queridos amigos, antes de nada permítanme decirles que es un placer estar con ustedes de nuevo. Veo que estos dos jovenzuelos que me acompañan en esta humilde página, mi nieta y el gaznápiro, mucho hablan sobre prohibiciones. Pobrecillos, todavía no saben que se avecina lo peor. Para eso estoy yo aquí, la voz de la experiencia. Así que le dije a mi nieta: "Morgana, querida. Voy a titular mi entrada 'obligación versus prohibición' Sabes lo que significa VERSUS ¿verdad, niña?" Y la muy ignorante me contesta: "Claro, abu. Es la línea joven de Versace". En fin... donde no hay mata, no hay patata.
Mis compañeros de blog, pobrecillos míos, no saben que la prohibición tiene una cara amarga, siniestra, malvada... la cara de la obligación, si acaso peor por más sutil. Un ejemplo: dos amigos toman unas cañas y uno le cuenta a otro que le acaban de quitar ocho puntos del carné y, de propina, seiscientos euros de multa. Pero de repente se le ilumina la cara y dice: "pero es que los cabrones me pillaron a ciento ochenta por la AP-9, tío. Habían camuflado el coche en la mediana esa del kilómetro 45, que no hay dios que lo vea, ¿qué iba a hacer yo?" y el otro bobo asiente y los dos se quedan complacidos. El mensaje es: la hice y la pagué. PERO LA HICE. CON DOS COJONES.
En cambio, cuando la OBLIGACIÓN hace que el conductor por sus mismas partes bajas tenga que cambiar el recorrido o bajar la velocidad a ochenta porque hay obras o por cualquier otro motivo que una señal indica, la cosa ya no tiene tanta gracia. Uno no puede darse la vuelta e ir por donde le da la gana, sólo hay un carril. Y mucho menos comentarlo delante de unas cañas. Ni que decir tiene cuando hablamos de la obligación más obligatoria del mundo: hacer la declaración de la renta. A nadie se le ocurrirá chulearse en la barra del bar diciendo: "yo este año no he hecho la declaración porque no me ha salido del puro". ¿Por qué? Porque todo el mundo pensará: "este tío es un pringao". Y el mensaje es: ESTOY PILLADO POR LOS COJONES. Nadie te ha prohibido nada que puedas saltarte a la torera, te privan del placer de lo prohibido. La prohibición implica osadía, la obligación, pereza. La osadía cotiza más al alza que la pereza en el mercado de la popularidad y el atractivo. Si empezamos a hacer la lista de las obligaciones que hay en nuestra sociedad, es mucho más interminable que la de las prohibiciones. Y lo que es peor, la cumplimos religiosamente. Porque no suelen aparecer tal y como son: imposición por narices, sino que se cuelan en forma admonitoria, como sutil consejo con velada moraleja: puedes no hacerlo, pero si no lo haces... mmmm. ¡Atente a las consecuencias! Y así, un día te ves comiendo fibra por obligación, usando preservativo por obligación, haciendo diez kilómetros de jogging por obligación e incluso teniendo los encuentros sexuales semanales que aconseja la OMS por obligación. ¡Terrible! Hagámoslo extensivo a otros órdenes de la vida: oh, querida gordita culona, puedes comprarte esos pantalones pitillo, sí, pero tu trasero parecerá una plaza de toros. Conclusión: no te los compras. Hay que tomar cinco piezas de fruta todos los días: y tú te embaulas el zumo de cinco frutas que se estaban medio pudriendo en la nevera tapándote la nariz con la otra mano mientras. Lo mejor hoy en día para estar en forma es el taichi, sí, puedes andar media hora si quieres, pero JAMÁS será tan efectivo como el taichi, fíjate bien lo que te digo, y al día siguiente estás de baja por pinzamiento del ciático. Hay que llevar cadenas en el coche, y las tuyas llevan oxidándose diez años en el maletero porque jamás ha nevado. Hay que beber dos litros de agua al día, el primer vaso nada más levantarse, hacer unos estiramientos, acabar la ducha con agua fría, desayunar una mezcla equilibrada de fruta, fibra, proteínas e hidratos, ponerse el cinturón de seguridad, no tomar más de un café durante la mañana, hay que, hay que, HAY QUE... por lo menos lo prohibido tiene el morbo de saltárselo, lo obligatorio no hay manera de hacerlo. Por eso es obligatorio.
¿Has entendido ahora el significado de VERSUS, querida nieta? HAY QUE saber latín.
Hasta pronto, queridos amigos. Tengo que marcharme, en mi residencia HAY QUE estar antes de las seis y ESTÁ PROHIBIDO tocar el trombón después de las ocho.

lunes, 22 de noviembre de 2010

MIGUEL RÍOS: COLISEO DE A CORUÑA. 20-11-2010****




PUES NO, NUNCA MUEREN


CLASIFICACIÓN

****Vete a primera fila y al acabar secuestra a la banda y llévatela a tu casa.
*** Vete a primera fila y al día siguiente compra todos los conciertos en DVD.
** Quédate por el medio y al acabar descarga algún vídeo de los conciertos.
* Clávate en la barra del bar del concierto y mázate a copas




El sábado fui a mi cuarto y, me temo, último concierto de Miguel Ríos. Es el artista que más veces he visto en directo y siempre en la misma ciudad. Desde aquel Rock and Ríos de octubre de 1982 ha pasado mucha agua debajo del molino, y no siempre limpia. Dada mi tendencia a las estructuras circulares no podía faltar al evento. Poderosas razones de índole sentimental me empujaban a hacerlo también. No me arrepiento.
Miguel Ríos tiene 66 años excelentemente bien llevados. Salió al escenario con diez minutos de retraso sobre el horario previsto enteramente vestido de negro, con muchas ganas de hacer mover el culo al respetable y durante casi tres horas deleitó a los 7.000 viejos rockeros que querían acompañarlo en el único concierto en Galicia de su gira de despedida.
Abrió el espectáculo con el tema principal de su último disco: "Memorias de la carretera", para continuar con "Bienvenidos" y "Generación límite". Muchísima marcha. Excelente de voz, fuerte, sin necesidad de bajar el tono a ningún tema. Muy buena la banda acompañante, sobre todo guitarra y piano, aunque en un par de canciones se comieron compases. Enrolladísimo con el público, habló del tiempo (ese día había en La Coruña un temporal de los buenos, de hecho la que suscribe se puso como un pingo desde el coche hasta el recinto del concierto), de los percebes y del maravillosos público que había ido a verle desafiando los elementos. Mi primer momento de delirio llegó cuando tocaron "Nueva Ola". Ya saben, la mano luminosa de neón de color rosa. Nunca la había oído en directo. Y fue capaz de cantarla sin despeinarse... Después vino una retahíla de medios tempos, lógicamente. El rockero tiene ya casi setenta tacos y no puede estar pegando saltos continuamente. Entre ellas, muchas de mis favoritas: "No estás sola", "El río", "Santa Lucía" y el maravilloso "Blues del autobús". Ahí ya entré en trance directamente. He seguido la carrera de Miguel los últimos años un poco ya a trancas y barrancas, lo suficiente para darme cuenta del giro que ha ido dando hacia el blues en detrimento del puro rock, cosa que me parece bien, por cierto, pero le agradezco enormemente que casi todos los temas del concierto fueran de su época más rockera, cuando me sabía todas y cada una de las letras. Me gustó su ramalazo reivindicativo con "Antinuclear", su capacidad de emocionar con un maravilloso "Todo a pulmón" y las marchosas "El sueño espacial", "Año 2000", "Un caballo llamado muerte", "Maneras de vivir" y "Sábado a la noche". Quizá sobró "El ruido de fondo". Ya nosotros hacíamos bastante.
Y, como no podía ser de otra manera, terminó con el "Himno a la alegría". Mientras, nosotros conseguíamos por gentileza de la organización el póster de la gira, que a partir de ahora hará juego en nuestro particular Rock' n 'Roll hall of fame junto al de la gira del Rock´n´Ríos. Como está mandao. Porque los viejos rockeros nunca mueren.