LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

LOS QUE HACEMOS DE ESTE BLOG UNA CASA DE LOCOS

MORGANA

JOTAELE

AGÜELO COCINILLAS

Oficialmente, profesora

Escritora

Casada y madre de familia

Me gusta leer, escribir y el rock and roll

Toco la guitarra

Hago dameros

Me gusta Patán

Odio la política y los programas del corazón

Oficialmente, abogado

Seductor

No sabe, no contesta

Me gustan las mujeres

Toco lo que me dejan

Hago el amor

Me gusta Betty Boop

Odio a Belén Esteban y a María Antonia Iglesias

Oficialmente, jubilado

Naturalista

Viudito y disponible

Me gusta observar la naturaleza humana

Ya no toco nada

Hago disecciones

Me gusta doña Urraca

Odio la caza, la pesca y los toros.

LIBROS LEÍDOS INVIERNO 2013

J.K. ROWLING: Una vacante imprevista
NOELIA AMARILLO: "¿Suave como la seda?
LENA VALENTI: "Amos y mazmorras"

lunes, 26 de septiembre de 2011

COMIENDO POR SANTIAGO: VAOVÁ GASTRO ****


CLASIFICACIÓN:

*****Pásate todo el mes ahorrando para ir
****  Espera a que te invite tu churri
***    No está mal, pero cocina mejor tu madre
**     Píllate algo en el kebab de debajo de casa
*       Coge fama y échate a dormir: aprende a cocinar, coño


A veces soy un poco sibarita, qué carajo. ¿O es que sólo los ricos se han de permitir lujos? Este fin de semana me he perdido por Santiago de Compostela. Suelo ir con cierta frecuencia, pero esta vez lo hice con premeditación, alevosía y nocturnidad: conocer el Vaova gastro, el recién inaugurado hermano mayor de la  exitosa coctelería Vaova Bar.

Vaová gastro responde a un nuevo concepto de maridaje: tapas de alta cocina+cócteles. Para los que ya estamos un poco hartos de tanta vinoteca es una idea estupenda. Situado en el casco antiguo de Santiago, en la rúa Nova, dispone de cuatro ambientes bien diferenciados: el bar, nada más entrar. Al fondo y bajando la escalera, el comedor, dispuesto en mesas altas con taburetes. Más allá, un lounge para tomar una copa sentado tranquilamente, presidido por una original vidriera, y lo mejor: la zona Premium, arriba, una especie de bar inglés con una preciosa decoración donde sirven los cócteles más deliciosos. En realidad, los cócteles los sirven en todo el local. La decoración y el iluminado del local son muy agradables y relajantes.

Para una fanática de la ginebra como yo, imagínense: maridé mi cena con un Tom Collins al aroma de jengibre exquisito. La comida acompañaba. Tomamos provolone servido sobre oblea, muy rico. Minihamburguesas de ternera deliciosas: el pan que las acompañaba eran arepas, una idea de lo más original. Langostinos en tempura, buenos ejemplares, nada de gambilla disfrazada con mucho rebozado, también muy ricos. La carta no es muy extensa, pero sí original e imaginativa.
zona Premium del Vaova Gastro

Estupendas las salsas de acompañamiento, sobre todo la de los langostinos. También nos agasajaron con una tapita de caballa marinada con aguacate. Esa es otra, los camareros atentísimos y todo el tiempo pendientes de nosotros. El local a las diez y media de la noche estaba ya abarrotado. 

Y no pedimos más porque no nos cabía, ni siquiera pudimos llegar al postre. Las raciones son grandes. Tras un café aromático y cargado, nos dirigimos a la zona Premium a disfrutar de un gin-tonic. Disponen de una carta con más de sesenta ginebras, así que lo mejor es dejarse aconsejar por los expertos que, en función de tus gustos (ginebra más o menos aromática, etc) elaborará una copa a tu medida. La coctelería por supuesto dispone de todos los artilugios necesarios para hacer una copa espectacular: maquinita de nitrógeno líquido, picadora de hielo y toda la pesca. Advierto que no es un local para trasegar copas como un cosaco: es para sentarse a charlar tranquilamente mientras sorbes tu bebida con calma, paladeándola, disfrutándola como la obra de arte que es, porque la coctelería es un arte como otro cualquiera.

Como asequible, diré que los cócteles, como en todas las coctelerías, pues baratos no son, caramba. Pero también he de decir que he tomado mojitos y caipiriñas en locales cutrísimos por los que me han cobrado casi lo mismo. Comer sí me pareció que tenía una relación calidad-precio excelente. 

En fin, que le deseo lo mejor a este local recién inaugurado. Estoy segura de que así será. La próxima vez que vaya a Santiago me dejaré caer por allí fijo. Mientras tanto, me entretengo viendo estas fotillos. Hasta la próxima.












jueves, 15 de septiembre de 2011

DOS MESES. TRES KILÓMETROS. UN PREMIO

Estoy monotemática, lo sé. Como todo principiante entusiasta y compulsivo. Mi mente sólo piensa en poner un pie delante de otro y devorar metros. No es la primera vez que me da un ataque de euforia de éstos. Me pasó cuando retomé la guitarra. Me pasó cuando empecé a escribir (sigo haciendo ambas cosas), pero nunca pensé que me pasaría con el rollo del footing, por la sencilla razón, como ya expliqué en la entrada anterior, de que ni en mi mejor o peor sueño se me ocurrió jamás que yo, que siempre he tenido como deportes base la barra fija y otras actividades igual de sanas, me pudiera dedicar a tales menesteres.
Cosas más raras suceden en el mundo, y si no que se lo digan a algún que otro tránsfugo político, otrora de izquierdas y hoy de derechas, y una vez instalado esto del running en mi vida, pues no me queda otra que seguir corriendo, porque después de dos meses no estoy dispuesta a dar marcha atrás y a desandar metafóricamente lo andado. He logrado algunas cosillas y estoy contenta. Han acabado las vacaciones y ya tengo una rutina de salir tres veces por semana, dos de ellas a primerita hora de la mañana, con la fresca. Ya corro treinta minutos, en tres series de diez. ¡Sin asfixiarme! ¡Sin agotarme! Tres kilómetros en total. 
No todo el monte es orégano, por supuesto. Ahora sí tengo agujetas. Cualquiera diría que me están clavando diez mil alfileres en el culo. Y un hambre desaforada, sobre todo de hidratos de carbono. Y después de comer me quedo frita un rato, yo que odio dormir la siesta. Son daños colaterales y se aguantan perfectamente. Como llevo ocho semanas de entrenamiento y aún no me he muerto, ahora tengo menos miedo a que me estalle la patata, y estoy tan enganchada que los días que descanso me pongo de mala leche. Para rematar mi entusiasmo, tampoco he engordado a pesar de que me meto unos desayunos de padre y muy señor mío, tengo la piel como el culo de un bebé de tanto liberar toxinas y no suelo llegar cansada al final del día, como me pasaba antes. Vaya, que por ahora lo bueno supera a lo malo, y como celebración de mis dos meses, me he autorregalado unas zapas nuevas: mis primeras zapatillas de running, específicas para correr, con amortiguación y toda la pesca. Y me hace muuuucha ilusión. Y me gusta compartirlo.

lunes, 5 de septiembre de 2011

NUEVAS ADICCIONES, BUENOS PROPÓSITOS

Hola a todos. Espero que hayan pasado un buen verano. Pueden suponer que el mío, dado lo poco que he asomado por aquí, ha estado a tope. Tengo tantas reseñas de restaurantes que hacer que, para cuando me ponga, ya me habré olvidado de lo que he comido en cada uno. Pero las vacaciones se han terminado y hay que volver a la triste realidad.
Una de las señales de que estamos en período de "Renacimiento" y buenos propósitos es la cantidad de colecciones que anuncian por la tele: desde abanicos hasta kazas de la II Guerra Mundial, cursos de inglés, de ganchillo, de macramé, de yoga. Porque en la vida del ser humano del primer mundo hay dos puntos de inflexión anuales que le hacen replantearse todo y autoprometerse que va a estudiar chino, hacer spinning, tocar el clarinete o cualquier otra cosa que exija esfuerzo y dedicación: el mes de septiembre y el mes de enero. Por supuesto, los buenos deseos quedan aparcados tan rápido como llegaron, en cuanto la rutina invernal se vuelve a instalar en nuestras vidas. Y yo, como soy animalito de llevar la contraria, pues intento cumplir mis buenos deseos en vacaciones, y así al llegar septiembre ya tengo mi propósito en cuestión instalado en mi rutina y, con suerte, ya estoy enganchada.
Pues eso me ha pasado este año: me he enganchado al running, es decir, a poner un pie delante de otro a cierta velocidad. Si me lo llegan a decir hace dos meses no me lo creo ni jarta vino. ¿Yo correr? Anda ya. Y eso que tengo un buen ejemplo en casa, puesto que el señor que vive conmigo es corredor desde hace un montón de años, y estaba acostumbrada a verlo salir con las calzas y las zapatillas casi todos los días del año, con una mezcla de envidia y pereza. Nunca pensé que algún día sería yo la que saliera de tal guisa, pero así es. Una tarde de mediados de julio estaba tirada al sol (al poco que ha habido) y se me encendió una bombilla. No podía estar todo el verano como una foca sin mover un músculo con la cantidad de energía negativa que había acumulado durante el año. El estrés me estaba matando, la ansiedad me consumía, arrastraba un año muy malo. Y con todo en contra: 45 años, fumadora, sin equipo, sin zapatillas siquiera porque me las había dejado en Pontevedra, me di un par de vueltas por el jardín de casa hasta que empecé a ver enanos verdes.
Al ver que no me moría en el intento (2 minutos corriendo, quizá) pensé que había que hacer un plan de acción y me dirigí a San Google en busca del gurú, me daba igual cuál, sólo necesitaba algo motivador. Y lo encontré. Desde entonces, http://www.elsentidodelavida.net/como-empezar-a-correr ha sido mi guía, sobre todo porque cada vez que leo el post me parto de  risa, eso si las agujetas me lo permiten. Por supuesto, no es la única página que consulto. Tengo varios programas de iniciación que combinan correr y andar y que hacen que esto, lejos de ser un sufrimiento, sea una de las actividades más divertidas a las que me he dedicado en la vida.
Un par de semanas después, y ya con las zapatillas rescatadas, decidí que a lo mejor la cosa iba en serio y que había que dedicar una mañana al equipamiento. Me dirigí a San Decathlon. Si ya me gustaba el sitio antes de hacer deporte, imagínense ahora. Compré cuatro cosillas: un par de camisetas, un par de mallas, calcetines y dos sujes que son un antídoto contra la lujuria pero que cumplen perfectamente su cometido. Completé con un chubasquero de travesía y un brazalete para el ipod, que correr con música es más divertido. Sin embargo, no me hice con lo principal: el pulsómetro. Y créanme que, superada la cuarentena, puede uno correr en pelota picada si quiere, pero no sin pulsómetro. Mi chico me prestó el suyo galantemente y me salvó la vida, porque una vez hecha la famosa ecuación de los 226 no puedo pasar de las 150 ppm sin riesgo de palmarla. Es lo único que me importa: la patata. El resto lo tengo nuevecito, nunca había hecho deporte de impacto así que no arrastro lesiones, salvo mi maldita artrosis de cervicales, pero la patata es primordial, y así, manteniéndome entre las 120 y las 150 pulsaciones, saliendo a correr/andar a días alternos y sumando minutos, han transcurrido las últimas siete semanas de mi vida. Empecé haciendo series de 30 segundos y corriendo dos minutos y medio en total, según rezaba el plan que me había descargado de internet. Hoy he corrido 23 minutos en series de 5 y 6 minutos. A alguien que corra habitualmente le parecerá una mierda, pero para mí es una verdadera proeza.
Lo bueno de alternar carrera con andar e ir subiendo los tiempos que corres es que nunca llegas destrozado a casa. Es más, nunca he tenido agujetas en las extremidades inferiores, como esperaba. El horror ha sido en la parte superior, sobre todo toda la musculatura implicada en la respiración, supongo que por falta de uso. Y en las cervicales, por el movimiento de los hombros al correr. Como contrapartida, diré que, aparte de no haber engordado en todo el verano a pesar de haberme pasado siete pueblos comiendo y bebiendo, ya empiezo a ver definición muscular en la zona abdominal. Y eso que yo no me enganché a esta historia por el tema físico, sino por los beneficios psicológicos. Y sé que, en cuanto lleguen los rigores otoñales, no habrá lluvia o viento que me detengan. Ya verán. Les seguiré contando.

lunes, 27 de junio de 2011

RESTAURANTE "TIRA DO CORDEL": TIRA DA CARTEIRA ****

CLASIFICACIÓN:


*****Pásate todo el mes ahorrando para ir
****  Espera a que te invite tu churri
***    No está mal, pero cocina mejor tu madre
**     Píllate algo en el kebab de debajo de casa
*       Coge fama y échate a dormir: aprende a cocinar, coño


Praia de San Roque
15155 Fisterra
(A Coruña)
PRECIO POR PERSONA: 40 EUROS: Zamburiñas al horno, Lubina a la brasa, postre, pan, vino y café.


http://www.tiradocordel.com/
Siento inaugurar mi sección de Restaurantes de forma tan negativa, pero la vida es así. He comido allí este fin de semana, no era la primera vez que lo hacía, y, por desgracia, veo que su forma de concebir la restauración no ha cambiado en absoluto: trato familiar, abuso de confianza, local cutre e incómodo, pero precios de restaurante de tres tenedores. No puede ser. Si pagas precios de calidad te tienen que dar calidad en todo, no puedes llegar con reserva y que te hagan esperar llamándote por tu nombre como en la lista del médico, entre otras cosas. El "Tira do cordel" es un restaurante familiar, antaño una tasca de playa, que cogió fama por el excelente producto que ofrecía, amplió su local de forma caótica y se subió a la parra con los precios, porque lo que le van a cobrar por ir con su pareja y sin pedir marisco va a rondar los 40-50 euros tranquilamente. Multipliquen por dos y pensarán, como lo hice yo, que para abonar cien napos hay sitios mucho mejores, donde el camarero te cuelga el abrigo y te retira la silla para que te sientes. Donde te dan cubiertos para servirte, por ejemplo. Ya no entraré en detalles, como por ejemplo que estábamos en plena ola de calor a 32 grados y no había ni un miserable ventilador, o que el dueño se paseaba por todas las mesas con los faldones de la camisa por fuera del pantalón. ¡Y que después te cobren 27 euros por una lubina, por muy refresquísima que sea!
Ese es el plato estrella de la casa: la lubina a la brasa, que sirven ya desespinada y bañada en un sofrito de ajos. Está deliciosa y la primera vez se les puede perdonar aunque sólo sea por eso. Sólo lubina: ni una miserable ensalada, ni una triste patata de acompañamiento. Sólo la he tomado así allí, no conozco otro sitio donde la preparen de esa manera. De esta forma preparan también la dorada, pero para mi gusto no está tan rica. Lubina que les servirán con bastante retraso, pues suelen tener el comedor abarrotado y coger más reservas de las que se pueden permitir, de ahí la espera al llegar sin tener en dónde tomarse un miserable vino: fuera está el paseo marítimo y dentro aprovechan todas las mesas, hasta las del bar, para dar comidas. El marisco, aunque no lo pedimos esta vez, correcto. El percebe suele ser bastante bueno. Los postres son caseros y totalmente exentos de sofisticación, además de caros: flan, tarta de queso, tarta de manzana y arroz con leche. La tarta de manzana estaba francamente buena. Lo peor, el servicio. Quince mil camareros pululando a tu alrededor y siempre tienes la desagradable sensación de estar desantendido, ya que el dueño parece no fiarse de nadie y es multitarea: él recibe a los clientes, él los llama y los lleva a la mesa, él coge los pedidos, todo ello acompañado de una pachorra infinita. Y mientras, unos cuantos camareros pasmando o haciendo que hacen. Resumiendo: sí, cocinan bien, pero por lo que clavan hay otros sitios infinitamente mejores. Y no sólo de lubina vive el hombre. Si a usted lo invitan a comer allí, diga que sí, por supuesto, pero no se le ocurra invitar a nadie sin consultar antes otras opciones si lo que quiere es quedar bien con alguien, o por lo menos no lo haga un fin de semana de verano.

viernes, 17 de junio de 2011

INDIGNADO


Ya lo sé, ya lo sé... ustedes esperaban una entrada del venerable Abuelo Cocinillas, pero entre que el viejales se pasa la vida mirando por el microscopio, hasta olvidándose de comer, y que actualidad manda, me ha tocado a mí. Lo siento, amigos. Tendrán que soportarme unos minutos.
Mi mujer se ha marchado de casa, y no, ni se ha liado con ningún efebo (o efeba, ya que, por si no lo saben, otrora le daba a los dos bandos) ni es tampoco porque yo le haya decorado la cabeza. Tampoco me ha abandonado. Mi mujer es bella, sofisticada y diseñadora de modas de éxito. El otro día llegué a casa, agotado tras una larga jornada laboral, y me la encuentro ataviada con unos vaqueros zarrapastrosos, una sudadera gris como con lamparones y unas zapatillas raídas. Llevaba un petate.
-Menos mal que has llegado -me espetó -Me largo. Tendrás que ocuparte de la niña.
Tras unos minutos de perplejidad, logré articular, o, más bien, balbucear:
-Pero... Si esta vez no he hecho nada, Roberta.
-No seas capullín -contestó -Me voy al campamento de los indignados -Y me dio un beso largo de esos que da ella cuando me quiere convencer de algo, cosa inútil, por otro lado, puesto que me convencería igualmente, pero bueno... no pude evitar indignarme yo, de todas formas.
-¿Cuánto tiempo vas a estar fuera? -inquirí.
-El que haga falta -Y salió con su petate al hombro, toda llena de razón.
Supuse que sería un calentón de los suyos y que no aguantaría más de una noche, pero... ¡qué va! El tercer día, viendo que la cosa iba para largo, tuve ya que tirar de padres y suegros para ayudarme con mi hija. Ella siguió yendo a trabajar, venía a casa a ducharse y arreglarse a primera hora de la mañana, adoptando su sofisticado aspecto habitual. A la hora de comer volvía a disfrazarse de zarriosa y se marchaba al campamento.
La vi tan entusiasmada y monotemática, tan imbuida del espíritu de los indignados, que empecé a sentir el aguijonazo de los celos.
-¿Y dónde duermes? -preguntaba yo.
-En una tienda de campaña, claro -contestaba ella con fastidio.
-¿Sola?
-No seas imbécil, José Luis. Es un campamento protesta, no un hotel de cinco estrellas.
Asentí avergonzado. Pero respuesta tan contundente no hizo más que exacerbar mi desconfianza. Así que decidí pasarme por allí para ver por mí mismo si tenía motivos para no estar tranquilo. Allí se reúnen demasiados mozalbetes de buen ver bajo la capa de roña de sus atuendos hippies.
El primer día la excusa para presentarme allí fue llevar a Roberta unos bocadillos para la cena. Aparecí con el uniforme de picapleitos: traje y corbata. No me disgustó comprobar que había varios trajeados entre los indignados. Y algún abuelete. Encontré a mi mujer tocando la guitarra (ni siquiera tenía idea de que sabe hacerlo) y entonando una canción de Aute, mientras una panda de adolescentes la miraban embobados. Interrumpí tan memorable actuación para darle los bocatas, pero ella me dijo:
-Dáselos a Sergio, él se ocupa de la intendencia.
-Pero si son para ti.
-Nones. Aquí lo compartimos todo.
Y siguió tocando y cantando. Me fui para casa bastante preocupado, así que al día siguiente tuve la precaución de vestirme de sport y aparecer con una olla de lentejas estofadas. Afortunadamente, sé cocinar. Ni siquiera me acerqué a Roberta, fui directamente al tal Sergio (25 años, rasta, ojos azules, alto, peligrosísimo) y le hice entrega del condumio.
-Gracias, tío -me dio unas palmaditas en la espalda -Tu mujer está por allá, ayudando a hacer pancartas. Una gran tía Roberta, tienes mucha suerte.
El tercer día, de chándal, llevé una olla de macarrones a la boloñesa. Fue la propia Roberta la que me salió al encuentro.
-Oye, que me dijo Sergio que estuviste ayer, cómo no me avisaste, hombre... hace dos días que no coincidimos en casa.
Estaba tan guapa con el pelo trenzado y la camiseta manchada de pintura que no pude evitar cogerla por la cintura y susurrarle:
-No habrá por ahí alguna tienda de campaña vacía ¿no?
Ella se soltó muy enfadada:
-¿Pero qué te has creído? No se puede frivolizar con estos temas. Un poco de abstinencia no te vendrá mal -Y se alejó, visiblemente mosqueada. Más me mosqueé yo, que la conozco y sé que no aguanta más de dos días sin actualizar sus partes bajas.
Los días siguientes apenas me habló en casa, así que una tarde me personé en el campamento, la cogí por un brazo y la llevé a un rincón, casi contra su voluntad.
-Eh, suéltame -chilló.
-Roberta, sé razonable. Necesito hablar contigo. Esto es ridículo. Vuelve a casa, por favor.
Ella se calmó, encendió un cigarrillo y se quedó pensativa durante unos minutos.
-¿Sabes lo que más me jode de todo esto? -preguntó. Me encogí de hombros, a saber por dónde iba a salir -Que no me has preguntado por qué.
-¿Cómo?
-Te revienta que esté haciendo esto, pero no me has preguntado el motivo.
-Es que no lo entiendo. ¿Qué tienes que protestar tú? Todo te va bien en la vida, tu negocio va de fábula, puesto que se nutre de la gente que no sufre la crisis. Tienes todo lo que deseas. ¿Por qué deberías estar aquí pasando calamidades, protestando por algo que ni te va ni te viene?
Ella se encogió de hombros.
-¿Ves? Sabía que no lo entenderías. Es cierto que llevamos una vida burguesa. Bien: ¿porque nos va bien a nosotros no nos podemos solidarizar con la gente que lo está pasando mal?
No supe qué contestar.
-Hay algo que se llama solidaridad, Jose. Y ya no es sólo por eso. Tenemos una hija. Éste no es el mundo que quiero para ella. Precisamente somos nosotros los que podemos cambiar las cosas, no apoltronarnos en nuestro estatus burgués, mirando para otro lado y fingiendo que no pasa nada. ¿Comprendes? ¿O es que te crees que me apetece mucho dormir con siete personas más sobre un suelo duro?
Me sentí sumamente avergonzado. Mi mujer casi siempre tiene razón, sólo que no es sutil para exponer sus argumentos.
-Tengo que irme, hay que organizar cosas para mañana -Me besó apasionadamente y desapareció en un tenderete lleno de chicas jóvenes.
Bueno, y aquí estoy, haciendo mi petate y el de mi hija. Ella se va a dormir a casa de los abuelos, yo me uno a los indignados. Hemos quedado en turnarnos para estar en el campamento, así podremos estar más tiempo con la niña. Aquí estoy, a mis cincuenta, protestando por un futuro mejor. ¿Quién lo iba a pensar?

Foto por cortesía de periodicosespana.com

jueves, 26 de mayo de 2011

SOY UN MACARRA, SOY UN HORTERA...

... voy a toda hostia por la carretera. Eso decía una canción de los años 80, creo recordar que era del inefable grupo gijonés "Los Ilegales". Bien, ahora ya no se puede ser ni macarra, ni hortera, ni pisarle a toda leche. Miren que juré no decir ni pío sobre la ley del 110, pero últimamente he tenido experiencias tan surrealistas con el tema que no lo puedo remediar. No me disgustaba conducir, ni tampoco soy una loca de la velocidad, pero si el estado de la calzada y del coche me permitían correr, lo hacía. ¿Para qué ir a 120 en un tramo de treinta kilómetros de autopista, completamente sola, una bonita mañana de marzo, si puedo ir a 150? Es mi coche, es mi gasolina, no hago daño a nadie, déjenme en paz, hombre... Entra en vigor lo que yo llamo la ley del caracol y me prometo a mí misma no pasar de 130, pensando en mi bolsillo más que otra cosa. Jamás me han puesto una multa por exceso de velocidad y mantengo todos mis puntos. Para la DGT soy virgen y pienso seguir siéndolo... si me dejan.

A mí que no me vengan con historias: ya lo dije en la entrada anterior... que no me vendan el rollo con la excusa de que es por mi bien, que es por mi seguridad y para ahorrarme combustible. Yo gano mi pasta (cada vez menos)  y me la gasto en lo que me sale de los huevos kinder. Me gusta que llamen a las cosas por su nombre y éste es feo: afán recaudatorio. Este monstruo tiene tres cabezas: el radar fijo, el radar móvil y el coche camuflado. El primero no tiene ciencia, es fácil de esquivar teniendo cuidado porque, como su nombre indica, está siempre en el mismo sitio. El segundo es más jodido, pero yo, que hago mucha autopista, sé de sobra los sitios donde pueden ponerlos sin ser vistos y no son muchos, así que hay que estar atento en ciertos puntos. Y el tercero... ¡ay el tercero! Quién sería el maldito cabrón que lo inventó. Me refiero a ese coche que se pone delante de ti y de repente, como demoníaca discoteca, ilumina su parte de atrás con un letrero de neón que dice "pare" o algo así.

Primera experiencia surrealista: domingo, once de la mañana. Autopista AP-9 dirección La Coruña. Llegando a Santiago, adelantamos a un coche (no conducía yo) a 115 por hora. De repente, la trasera del coche que llevábamos delante se ilumina con el puto "pare". El conductor no sabe qué hacer, pues iba bien... intermitente a la derecha esperando instrucciones, sesos devanándose pensando qué habrá hecho mal, mano de picoleto que sale por la ventanilla y nos indica que lo adelantemos. Adelantamos a 110 justos. La copiloto, o sea, yo, mira el coche y ve en su interior a cuatro picoletos de no más de veinte años, descojonándose de risa. La copiloto, o sea yo, se caga en todos los muertos de los picoletos y en los picoletos también por no haber pillado la matrícula. ¿No es para denunciar? A eso se le llama abuso de poder, como poco.

Segunda experiencia surrealista: viernes, diez de la mañana. Autopista AP-9 dirección La Coruña. Pasado Santiago empieza el glorioso tramo de 30-40 km donde se le puede pisar: es una cuesta muy tendida con apenas tráfico. Conduce quien suscribe. Voy sola, hace buen día y en mi CD suena Highway Star de Deep Purple. Se me va el pie, le piso, disfruto... hasta que en lontananza veo un coche gris circulando anormalmente despacio, completamente solo. Aminoro, me acerco y veo que es un Citroën C5. Guardo la distancia de seguridad, por si las moscas. Cambio el CD por la radio. Examino el coche de delante: conductor y copiloto, pues se ven dos cabezas. Nos pasa un Mercedes, me mosqueo y decido adelantar. Entonces los miro y veo dos inequívocas camisas verdes de manga corta y dos todavía menos inequívocos bigotes. ¿Por qué siempre llevan bigote? Regreso al carril derecho e inmediatamente me adelantan ellos en una maniobra larguísima donde forman una cola de la hostia con otros vehículos que los alcanzan durante el adelantamiento. Regresan al carril derecho metiéndoseme a cuchillo (¿Y la distancia de seguridad?) y obligándome a frenar.

A partir de entonces el viaje se convierte en una pesadilla en la que el Citroën C5, a modo de perro pastor, va haciendo volver al buen camino a toda oveja motorizada que cometa la osadía de descarriarse. Emplea para ello sucios métodos: circula entre los dos carriles alegremente, se pega al vehículo de delante de tal forma que si ellos fueran otros los multarían seguro, adelantan pegándose a todo el mundo y se vuelven al carril forzando la maniobra... todo un ejemplo de conducción segura, vaya. Algunos tardan en darse cuenta de que son ellos, pero al final caen de la burra. Por dos veces  los picoletos están a punto de provocar una colisión múltiple. ¡Y así sesenta kilómetros!

Tercera experiencia surrealista. Datos previos:  a base de contarle a todo dios las dos anteriores, me entero de algunas cosas interesantes a la par que espeluznantes, entre otras, que cualquier coche puede ser un camuflado, incluso un audi o un alfa romeo, puesto que ahora usan los vehículos que la policía confisca a los narcos, y aquí hay mucho narco, ya se sabe. Así que: viernes, nueve de la noche. AP-9 de mis pecados, dirección La Coruña. Agravante: agotada como una burra. Empiezo a emparanoiarme con todo coche que me encuentro por el camino, que va solo y despacio. Uno lleva una pegatina de Bob Esponja en la parte de atrás, pero me da por pensar que a lo mejor los muy hijos de puta se camuflan de honrado padre de familia para despistar. En otro se ven dos melenas rubias, pero pienso que también pueden ser dos picoletas con la regla u ovulando y, por tanto, con muchas ganas de tocar las pelotas al personal. Un tercero lleva tres ocupantes a bordo, pero recuerdo el día de los cuatro picoletos escojonándome y me pienso dos veces el adelantamiento. El cuarto es el colmo de la paranoia: Ford Focus tuneado con cristales tintados completamente solo en el kilómetro 50. Va a 105. No me lo puedo creer. Tras dudar lo adelanto y me veo a un pobre veinteañero, aspirante a macarra y hortera, aferrando el volante como quien hace un esfuerzo muy grande por no correr más de lo debido y tan acojonado como yo. Me mira aviesamente con expresión de terror. Todos tenemos miedo. Todos desconfiamos de todos. Odio conducir.

Conclusiones:
He tenido que dejar de escuchar rock and roll en el coche, pues me incitaba a correr. Ahora escucho a Richard Clayderman y a ese asesino de la música llamado Kenny G.

Tengo una tendinitis perpetua en la pierna derecha. Sí, en la del acelerador.

Cualquier día me doy una hostia intentando adivinar quién va dentro del coche de delante. Mis ojos son como los de un camaleón: antes llevaba uno en la carretera y otro en el cuentakilómetros. Tendré que habilitar un tercero. ¿El del culo, quizá? Sería el más apropiado para la DGT. No se merecen otra cosa.

Me está como dios por tacaña. ¿Por qué no pediría de extra el limitador de velocidad?

Ojalá los cuatro picoletos tengan una enfermedad de transmisión sexual que les haga caer la picha a trozos y se la tengan que amputar. Por ejemplo.

Mamá: a partir de ahora si quieres verme vienes tú, que para eso no conduces. Que le den por saco a la AP-9.



jueves, 19 de mayo de 2011

DEMOCRACIA REAL...YA

Literalmente, DEMOCRACIA significa "gobierno del pueblo", lo cual contesta sí a la pregunta que me llevo haciendo desde hace varios días: ¿qué es exactamente una "democracia real"? ¿significa que ahora no tenemos una democracia? Si nosotros elegimos nuestros representantes en las cámaras, es de suponer que sí tenemos un régimen democrático ¿no es así?

Pero la cosa no es tan sencilla. No entiendo ni jota de política (ni quiero) y siempre me dejo llevar por el sentido común en estos casos. Supongo que no es necesario que les hable del movimiento "Democracia real ya" y de las acciones que está llevando a cabo, a estas alturas hasta las ratas de los alcantarillados saben de qué va la cosa, pero sí me gustaría hacer un poco de hincapié en el nombre que han elegido. ¿Democracia real o democracia ideal? Empiezo a pensar que la democracia es una utopía y que no es en absoluto sinónimo de bienestar o justicia social. Democracia es lo que quiere el pueblo, y si el pueblo quiere (y querrá a este paso) un gobierno de ultraderecha, pues habrá que joderse y acatar su voluntad, en una palabra: ser democrático.

Bien es verdad que uno al votar corre el riesgo de que le crezcan los enanos: los políticos suelen decir diego donde dijeron digo y al final o no cumplen las promesas electorales o les dan una vuelta argumentativa para hacer su santa voluntad a decretazo limpio, por imperativo categórico (lo que más me jode es que me lo disfracen diciendo que es "por nuestro bien". También es verdad que a veces durante una legislatura surgen imprevistos y hay que improvisar sobre la marcha, y que hacer referéndums cada dos por tres para andar consultando lo que se hace cuesta un pastizal. Y por último, no es menos verdad que un partido que tiene la palabra socialista en su nombre se carga todos sus principios, si es que algún día los tuvo, vendiéndose como una puta barata a los bancos, entre otras cosas. Así que entiendo perfectamente que una serie de personas muy cabreadas por no tener trabajo, ni vivienda digna ni lugar donde caerse muertos planten la tienda de campaña por las plazas de España en una manifestación totalmente pacífica. Lo que no entiendo es que intenten prohibirlas ¿Ha vuelto la censura y yo no me he enterado? Ah, sí, dentro de poco los grises estarán en las calles otra vez dando solfa a diestro y siniestro.

Entre las quejas de este movimiento, por lo que he leído, está la polarización política del país: sólo existen el PSOE y el PP y los que no somos ni de uno ni de otro estamos huérfanos de voto. Vivimos en un país de acojonados, ya no me vale el rollo de las dos Españas ni las reminiscencias de la guerra civil ni farrapos de gaita: tenemos miedo a lo nuevo y al cambio. Vivimos en un país de viejos, en su mayoría votantes de la derecha; de pequeños burgueses que no quieren perder su estatus; de trabajadores autónomos hasta las pelotas de pagar impuestos infernales... todo el mundo quiere tener vivienda propia, coche, banda ancha y salir de cena y copas todos los fines de semana. Todos queremos vivir bien sin renunciar a nada. Y eso podrá suceder en una república bananera, pero no en un país que está sumido en la crisis y que va a tener que renunciar a algunas cosas para que se cubran las necesidades mínimas a las que todo ciudadano tiene derecho, para contribuir al bienestar de la mayoría. ¿Creen que los socialistas lo están haciendo mal? Completamente de acuerdo. ¿Creen que Rajoy lo va a hacer mejor? Me meo de risa. A lo mejor tiene suerte y le pasa como a Aznar en la primera legislatura, que la economía mundial mejora y los bancos nos vuelven a poner alfombras rojas en la puerta e irrisiorios tipos de interés. Porque esta no es la primera crisis que pasamos ni será la última, no me quiero ni acordar de los últimos años de la eterna legislatura de Felipe González, pero sí es la primera que se puede postear en las redes sociales y contra eso, afortunadamente, no se puede luchar, que ya nos llega de sobra con el estado policial en que vivimos, que ni que estuviéramos con Franco, coño.
Resumiendo: que yo creo que lo que tiene que ser real, o más bien realista y sobre todo solidario,  es el pueblo, no la democracia. O, por lo menos, sensato. Y que, desde luego, "democracia real" tiene todas mis simpatías, aunque sólo sea por tener los huevos de atreverse a levantar la voz en este país de borregos.
Por cierto, señores del PSOE y del PP: no cuenten con mi voto el domingo... ni nunca.

martes, 29 de marzo de 2011

LA BIBLIOTECA DE LOS MUERTOS *


Clasificación:
***** ¿Qué haces ahí sentado? Corre a comprarlo.
**** Cómpralo, pero no tengas tanta prisa, puedes ir mañana.
*** Pídelo prestado y olvídate de devolverlo.
** Intenta conseguirlo de segunda mano.
* El crucigrama del periódico te está esperando.
Como diría el Doctor House, lo siento mucho muchísimo... crean que a mí no me gusta hacer críticas demoledoras, empezando porque no me gustaría que me las hicieran a mí y ya se sabe... no hagas lo que no quieras que te hagan, pero... ¡No lo puedo remediar! ¡No con este argumento! ¡No con esta historia, que me parece una fantasmada! Porque el señor Glenn Cooper es, con esta novela, digno de codearse con Dan Brown y su "Código da Vinci", precuelas y secuelas, o con Katherine Neville y su ajedrez siniestro. No puedo con las historias irreales, qué le vamos a hacer, por lo menos con este irrealismo, que el realismo mágico del que hacen gala los escritores de allende los mares es otra cosa.  Y como una historia irreal es la columna vertebral de esta novela, pues apaga y vámonos.

Nueva York, 2009. Un asesino en serie despierta de su letargo a un agente del FBI poco ortodoxo que sólo espera el momento de su jubilación. Los asesinatos son desconcertantes, pues no siguen un patrón determinado y sólo tienen en común que la víctima recibe, el día antes de ser asesinada, una postal desde Las Vegas con un ataúd pintado. El bueno del agente, especializado "precisamente" en asesinos en serie, empieza a obsesionarse con éste y no parará hasta descubrir su identidad... sólo que hay unos cuantos siniestros intereses creados en torno al asunto con algunos mandamases que no quieren que todo salga a la luz... No les cuento más porque desvelaría parte de la trama y tampoco es plan.

Si prescindimos del eje central, es decir, de la historia en sí, hay que decir que el señor Cooper no escribe mal (horrorosa traducción aparte). Maneja tres escenarios espacio-temporales al mismo tiempo, lo cual no es fácil: Isla de Wright allá por el año 800, Inglaterra y EE.UU en los años 40 y el eje Nueva York-Las Vegas-Los Ángeles en la actualidad. Sabe cortar cada uno de ellos en el momento adecuado dejando intrigado al lector, pero... aparte de la historia, malísima, los personajes son también bastante penosos. Buenos-buenos y malos-malos, planos, previsibles. Sobre todo, previsibles. Y eso que engancha, pero también enganchaba "El Código da Vinci" y es un truño. En fin, ustedes verán. Yo esta vez aconsejo encarecidamente el crucigrama.

lunes, 21 de marzo de 2011

DÍA DE LA POESÍA



http://semanacultural2010.blogia.com/

En el día de la poesía,
y como celebración,
yo quiero, de corazón,
aportar alguna mía.

El género no me gusta,
no es que me llegue al alma,
pero yo rimo con calma
lejos de ponerme adusta.

No es fácil de dominar
y bien pocos lo cultivan,
en cambio a muchos cautiva
este arte de rimar.

Todos en algún momento
siendo jóvenes y tontos
hemos rimado de pronto
para quedarnos contentos.

Sea ya por desamor
o por el amor soñado;
siempre en lágrimas bañados
para expresar el dolor.

Gracias Lope, Calderón,
Lorca,  Quevedo y Guillén,
por vuestros versos de bien
embargados de emoción.

jueves, 17 de marzo de 2011

HISTORIA DE UNAS FOTOS

No soy muy buena fotógrafa, aunque me gustaría. Sin embargo, me gusta usar mis propias fotos para el blog siempre que puedo. Por eso elegí éstas para diseñar el fondo del blog, entre más de seis mil. Cada una de ellas tiene su historia, alguna divertida incluso. Dedico esta entrada a explicar por qué elegí éstas precisamente.
Ésta es el área recreativa de los molinos de San Martiño de Meis, en Pontevedra. Hay muchísimas por allí. Un paisaje precioso. Son ríos someros y estrechos que discurren entre bosque. La mayoría de los molinos de la zona son rehabilitados por escuelas-taller. Lástima que los vándalos se ocupen de destrozarles el trabajo.
Una seta nevada. Donde tengo mi refugio suele nevar una o dos veces al año. Setas hay desde agosto, es una zona superhúmeda. No las cogemos, nos dan miedo, aunque reconocemos las lepiotas y las amanitas phalloides (por si las moscas) 






Carnavales de 2002. Fui en una comparsa de drag-queens, todo mujeres, aunque la gente no sabía si éramos tíos o tías. Como tenía que ponerme un sobrenombre para la comparsa, elegí el de Morgana. Profético.

La cascada del río Toxá, en el municipio pontevedrés de Silleda. Una de las más bellas y visitadas de Galicia. Ese día no llevaba mucha agua. No había sido un invierno especialmente lluvioso. Una lástima. 
Balneario de Cortegada, en Ourense. Un sitio precioso para perderse unos cuantos días. Yo me pondría de los nervios con tanta tranquilidad, me gusta demasiado la vida social, pero está genial para ir a pasar el día y relajarse con el paisaje. Además, se come muy bien. 








La playa de Riazor, en La Coruña, desde Las Esclavas, mi antiguo colegio. No me sirvió de nada ir a un colegio de monjas. Bueno, sí, para acabar de hacerme de la cáscara amarga, como dice mi madre. El paseo marítimo es la joya de los coruñeses, lo usamos mogollón.

 El mar estaba picado ese día en la Ría de Vigo, cosa rara. Al día siguiente entró un temporal tremendo. La foto está tomada entre Baiona y Oia, justo donde empieza la parte de la ría que más me gusta: se acabaron los chalés de lujo y la explotación de la primera línea de playa. No soporto el urbanismo en la costa ni los sitios turísticos.
 Los árboles reflejados en el agua del río Parga (Lugo). Eran las doce de la mañana de un día buenísimo y, sin embargo, la foto es totalmente tétrica, por eso la tomé. Me servirá de portada para un cuento de terror.
 El palacio episcopal de Astorga (León). Parece un Exín castillos. De niña siempre se lo pedía a los reyes y nunca me lo trajeron. Me fascina Gaudí. No me desagrada Astorga, pero me gusta muchísimo más toda la zona del Bierzo, la llamada quinta provincia gallega.
 Vidrieras de la catedral de Jaén. A pesar de ser abiertamente anticlerical, me encantan las catedrales y sobre todo las vidrieras. ¡Eran listos estos medievales! También me gustan los cementerios porque son lugares muy tranquilos.
 Jaén visto desde el Parador. La catedral renacentista está impresionante entre todas las casas, que parecen liliputienses a su lado. Me gusta muchísimo esta vista: todas las casas reconcentradas y los olivos en lontananza formando hileras.










Córdoba: en el puente sobre el Guadalquivir hay una placa con el soneto que Góngora dedicó a su ciudad. Los poetas del barroco son una pasada. No me gusta la poesía para leer, pero sí para estudiar y analizar. Mi poeta favorito es Federico García Lorca, el único capaz de sacarme las lágrimas.

 Más vidrieras: ésta es de la Mezquita de Córdoba. No entiendo cómo puede haber una catedral cristiana dentro de una mezquita. Tampoco entiendo cómo cobran entrada si vas a ver la mezquita, pero no para ir a misa. ¿Van contigo hasta el banco y te dejan allí sentadito para asegurarse de que no vas a deambular por la mezquita sin pagar?
Estela del ferry Lanzarote-Fuerteventura.  Para un gallego un paisaje tan volcánico como el de estas islas es impactante. También lo es poder ir en la cubierta de un barco sin pelarse de frío. Canarias me llama la atención por la diversidad de paisajes que tiene. Lo malo es que está muy lejos y yo odio el avión.
Mi casita para pájaros. El año pasado fuimos "abuelos" de seis. Además tenemos adoptada una familia de arrendajos simpatiquísimos, ya se van acercando a nosotros pero aún no hemos conseguido darles de comer en la mano.
Celebración del día del Autismo en Vilagarcía (Pontevedra). Luchamos por la integración escolar de los niños afectados. En realidad luchamos contra la administración. Por cada paso adelante que damos, también damos dos para atrás. Pero no podemos rendirnos.
 Pontemaceira, en Santiago. Puente sobre el río Tambre. Es un sitio precioso con un castillo, pero sufre frecuentes inundaciones. Una vez hice el recorrido en canoa, nueve kilómetros remando. Después me detectaron una lesión de cervicales y tuve que dejar la canoa y el rafting. Hay una área recreativa muy curiosa con una playa fluvial.
 El helicóptero antiincendios en el verano de 2005. Estábamos flipados porque tuvimos un incendio enfrente de casa y seguimos todas las tareas de las brigadas como si fuéramos periodistas. Poco podíamos imaginar que al verano siguiente iba a ser muchísimo peor. Los incendios forestales provocados en Galicia son una peste, aprovechan las rachas de viento norte para hacer el fuego, pues saben que durante una semana por lo menos será casi imposible sofocarlo.
 La cascada del río Xallas en Ézaro (Dumbría, A Coruña). Es el único río de Europa que acaba en cascada, hasta que una central hidroeléctrica hizo un embalse y se jorobó el invento. Ahora la abren los domingos para los curiosos y es espectacular.
 En el parque eólico de Carnota (A Coruña). Los parques eólicos me dan pavor, el ruido que hacen las aspas de los molinos pone los pelos de punta. 
 De la cocina, lo que peor se me da es la repostería con diferencia, aunque voy mejorando. Ésta es mi tarta de milhojas de crema y nata. La serví de postre en fin de año y fue un éxito.

 Me encantan los animales, especialmente los gatos. Ésta es Luci, la tuve durante trece años. Desgraciadamente murió en Octubre. Aún sigo esperando que me venga a recibir cuando llego a casa después del trabajo. No me acostumbro a estar sin ella. A veces me gustan más los animales que las personas.



Si uno se da un paseo por la muralla de Lugo se encontrará con este curioso jardín lleno de enanos y de personajes de Disney. Me pareció tan espeluznante que no tuve más remedio que echarle una foto. Me horrorizan los enanos de jardín, nunca me regaléis uno, por favor.
 Este tío estuvo tocando en los Cantones de La Coruña un montón de meses, causaba tal expectación que incluso lo entrevistó el periódico. Tocaba de puta madre, sobre todo blues. Me pregunto qué habrá sido de él...
 Burgos. Qué maravilla de ciudad: tiene monumentos, tiene vino de la Ribera del Duero y un cordero asado de quitar el hipo. Con eso a mí me llega...
La Costa da Morte gallega está llena de rocas metamórficas y antropomórficas. En el parque eólico que hay junto a Camariñas me encontré con esto y tuve que fotografiarlo... ¡es tan real! El tamaño original debe de ser de unos ocho o diez metros. Parece ser que el tamaño sí importa, jajaja.

miércoles, 16 de marzo de 2011

EL LISTO DE LOS COJONES

 Queridos amigos: como siempre, es un placer estar con todos ustedes. Sé que hace algún tiempo que no me prodigo en este pequeño rincón internetero. Háganse cargo de que mi edad es avanzada y mis actividades, numerosas. Por ello es para mí una satisfacción enorme contribuir a su cultura aportándoles un nuevo estudio sobre otro de los muchos especímenes que pueblan nuestra sociedad. Estoy hablando de EL LISTO DE LOS COJONES (con perdón).
El listo de los cojones (me referiré a él en masculino, pero puede pertenecer a cualquiera de los dos sexos), conocido en  el ámbito científico como SAPIENTISSIMUS TESTICULIS, es un tipo frecuente y molesto en el mundo que nos rodea. Sin características físicas exclusivas y relevantes, es difícil reconocerlo antes de que ejerza su ministerio, verbigracia: abrir la boca.
El listo de los cojones se caracteriza principalmente por saber de todo y de nada y demostrar estos ambivalentes conocimientos en toda situación y contexto, le haya sido requerida su opinión o no. No sólo eso: el listo de los cojones tiene dos peculiaridades: una excelente memoria, lo cual le hace recordar constantemente a los demás lo que tienen que hacer de una forma compulsiva e irritante, anticipándose a las acciones ajenas, y una capacidad innata de fijarse en lo que no debe gracias a un poder de observación insufrible. Si usted sale de casa con una mancha en la chaqueta casi imperceptible y renuncia a cambiarse pensando que nadie lo notará, el primero en hacerlo y decírselo, habiendo además otras personas presentes, será el listo de los cojones, no le quepa a usted la menor duda. El listo de los cojones suele fijarse en manchas inoportunas, descosidos imperceptibles, maquillajes mal aplicados, ojeras vergonzantes y cualquier cosa que a usted le pueda abochornar que le señalen en público. Como se puede suponer, el listo de los cojones, gracias a estas habilidades, no suele tener muchos amigos aunque lo desee con ardor. Su impertinentísima habilidad para recordar a todo el mundo lo que tiene que hacer le granjea, asimismo, no pocas antipatías. Recuérdelo siempre: el listo de los cojones se sabe su agenda mejor que usted mismo, aunque no la haya visto jamás.
El listo de los cojones no tiene el menor pudor en ocultar sus múltiples talentos, antes bien, le gustará mostrarlos al mundo abiertamente. Llamará a su timbre repetidamente mientras usted está comiendo, o haciendo aguas mayores, o cumpliendo con el sagrado deber del matrimonio, y cuando abra la puerta, harto de su insistencia, le dirá: "sé que estabas en casa porque te oí llegar perfectamente". Pues la labor de espionaje involuntario es otra de sus múltiples habilidades.
Evidentemente, al listo de los cojones le resulta harto dificultoso alcanzar la madurez sexual, debido principalmente a que, dada su irritante personalidad, no hay muchas personas dispuestas a copular con él.
Como se puede usted figurar, querido lector, el hábitat del listo de los cojones es amplio, variado e imprevisible, lo que hace imposible crear un patrón. Usted se lo podrá encontrar en todas partes, pertenecerá a cualquier clase social, su edad puede ir de los ocho a los ochenta años (hay niños verdaderamente irritantes), desempeña cualquier profesión e incluso puede ser un miembro de su propia familia. No se puede escapar a sus garras. No lo intente, le generará una frustración mayor que la irritación que el propio listo de los cojones pueda causarle.
Evidentemente, la comunidad científica, por unanimidad, no sólo no lo aconseja como mascota sino que propone su total exterminio, lo cual es curioso, pues, como pueden ustedes imaginar, en la comunidad científica hay más de un listo de los cojones.
Hasta la próxima cita, amigos. Ha sido un placer estar con ustedes.












sábado, 12 de marzo de 2011

RUTA DE SENDERISMO GUITIRIZ-PARGA

Foto propiedad de Fata Morgana
El lunes de carnaval,  y en vista del magnífico día que hacía, dediqué la mañana a practicar el único deporte que me gusta: el senderismo. Me gusta porque aúna tres cosas que me agradan mucho: andar, ver paisajes naturales y la fotografía. En este caso la ruta elegida fue un tramo de otra más grande que parte del balneario de Pardiñas pasando por el pueblo de Guitiriz y terminando en el área de San Alberto de Parga. Estoy muy unida a toda esta comarca desde niña, de hecho cuando era pequeña la ruta no existía como tal, había tramos por el río y poco más.
foto cortesía de http://www.turgalicia.es/

La ruta en total tiene 19 km de recorrido fácil, todo en llano y por bellas zonas fluviales. Recibe el nombre de Ruta del agua porque une las tres fuentes más importantes de la comarca, que es famosa por sus aguas sulfurosas (huelen horriblemente mal a huevos podridos, de hecho de pequeña me amenazaban con hacerme beber agua del balneario si me portaba mal). Es una ruta lineal, así que o se agencian un coche escoba al finalizarla o mucho me temo que tendrán que andar otros diecinueve de vuelta. Nosotros hicimos el tramo entre Guitiriz y Parga, que tiene seis kilómetros. Una alma buena nos estaba esperando para recogernos, así que no nos machacamos en absoluto. Partimos de los aledaños del balneario de Guitiriz y seguimos el curso de los ríos Parga y Ladroll durante hora y media de caminata para acabar en la carballeira del pueblo de Parga. Los paisajes son bellísimos, el agua cristalina y pueden verse algunas aves acuáticas. Sólo es necesario llevar buen calzado, puesto que hay tramos del camino que pueden estar embarrados, y una cámara de fotos para inmortalizar paisajes inolvidables. Para reponer fuerzas, hay unos cuantos sitios interesantes para comer tanto en Baamonde como en Guitiriz. Nosotros lo hicimos en éste último, en Casa Gaibor, que no tiene fallo.